La administración nacional no logra superar el conflicto en torno al jefe de Gabinete, y el presidente Javier Milei ha optado por profundizar la controversia en lugar de apaciguarla. Su respaldo público e «incondicional» a Guillermo Adorni, lejos de calmar las aguas, ha terminado por agravar la situación.
Desde que estalló el caso, Milei respaldó a su funcionario en cada paso: lo acompañó y aplaudió en el Congreso, declaró su fe en la supuesta “honestidad” de Adorni, evitó dar explicaciones sobre un incremento patrimonial que, como mínimo, resulta sospechoso, y desestimó las críticas tildándolas de maniobras mediáticas. Sin embargo, en las últimas horas dio un paso más al proyectar la peligrosa idea de que, como rezaba el eslogan electoral, “Adorni es Milei”.
Lejos de ser un alivio, este respaldo a un jefe de Gabinete cada vez más comprometido enreda al Presidente en señales contradictorias. Estas amplifican el malestar ciudadano, avivan las disputas internas y generan otras nuevas, al tiempo que secuestran la agenda pública justo cuando el Gobierno necesita mostrar avances económicos. El resultado es un desgaste adicional sobre la imagen presidencial, que ya se refleja en los niveles de desaprobación de la gestión.
Una investigación judicial en marcha
Conforme salen a la luz nuevas “desprolijidades” financieras de Adorni, quien ya es investigado formalmente por enriquecimiento ilícito, el Presidente insiste en minimizar los hechos como parte de un supuesto encarnizamiento mediático. Esto ha llevado al Gobierno a una virtual y peligrosa parálisis.
Aunque Milei aparente estar desconectado de la realidad, es innegable que el caso Adorni acapara la atención mediática y la agenda oficialista desde hace 60 días. Logros que el oficialismo podría haber capitalizado, como la baja de la inflación tras 10 meses consecutivos de subas, la caída del riesgo país, la mejora en calificaciones crediticias que impulsaron títulos y acciones, la confirmación judicial de la reforma laboral, el avance de algunos indicadores macroeconómicos, la calma cambiaria, la sanción de la ley de glaciares y el anuncio del denominado Super RIGI, han quedado eclipsados por las revelaciones sobre los desmanejos del jefe de Gabinete.
Las fisuras internas se hacen visibles
Todo esto ocurre a pesar de la manifiesta debilidad de la oposición, que no ha logrado capitalizar el descontento ni crecer frente al escándalo. Por eso no sorprende que las principales fricciones hayan surgido dentro del propio oficialismo. La más audaz ha sido la de Patricia Bullrich, quien presionó públicamente, sin éxito, para que Adorni adelantara su declaración jurada.
La jugada de Bullrich, una de las pocas dirigentes del ecosistema oficialista con peso electoral propio, mejor imagen que el propio Presidente en las encuestas y claras aspiraciones para 2027, no cayó bien en el círculo rojo presidencial que lidera la empoderada Karina Milei.
No obstante, pese al gesto de la senadora, que muestra su disposición a desafiar el verticalismo que intenta imponer la hermana del Presidente, la rebelión no ha escalado. En un contexto donde el oficialismo no puede permitirse perder más socios o aliados, menos aún en un Congreso donde esperan tratamiento iniciativas clave como una reforma electoral que podría eliminar las PASO y dificultar la confluencia opositora en un frente anti-Milei.
Así las cosas, es poco probable que el caso Adorni se desvanezca a corto o mediano plazo, incluso con el Mundial de fútbol en el horizonte. Milei se encuentra en una encerrona incomprensible, más aún si la economía no termina de repuntar en el bolsillo de los ciudadanos. Con un panorama cada vez más complejo en materia de ingresos y salarios, el incierto proceso electoral de 2027 comenzará a perfilarse ya en el segundo semestre de este año.
Fuente: Infobae