El ferrocarril panorámico Centovalli, que serpentea entre Italia y Suiza, se ha convertido en una joya escondida del turismo europeo. Este histórico trazado ferroviario, de unos 50 kilómetros de longitud, une las localidades de Domodossola (Italia) y Locarno (Suiza), atravesando valles alpinos, aldeas remotas y estaciones de antaño. Según documentó Travel + Leisure, esta ruta ofrece una experiencia que transforma un viaje común en un recuerdo imborrable.

El trayecto cuenta con 33 estaciones intermedias que permiten a los pasajeros subir y bajar con total libertad. A bordo de los trenes, que en su mayoría circulan a una velocidad promedio de 27 km/h, es posible admirar los Alpes Lepontinos, viñedos, casas de piedra y la vida cotidiana de pueblos apartados. Este ritmo pausado es ideal para los amantes del slow travel, una filosofía que invita a disfrutar del viaje sin prisas.
La línea, inaugurada oficialmente como ferrocarril Vigezzina-Centovalli hace casi un siglo, fue conmemorada en 2023 con la puesta en marcha de una unidad restaurada especialmente para el centenario, según la misma fuente. Los viajeros pueden encontrar desde convoyes modernos con grandes ventanales y espacio para bicicletas hasta vagones antiguos que datan de 1959, cuyos tapizados evocan épocas pasadas. El característico sonido metálico de los trenes acompaña el recorrido, mientras se cruzan 31 túneles y numerosos puentes de acero que salvan ríos y desfiladeros.
Una de las paradas más emblemáticas es Santa Maria Maggiore, el punto más alto de la línea, ubicado a 836 metros sobre el nivel del mar. Allí, las fachadas de las casas lucen huellas negras que rinden homenaje a la fiesta de los deshollinadores, una tradición local que recuerda la antigua profesión de muchos niños del valle, quienes emigraban para limpiar chimeneas por toda Europa. El museo dedicado a este oficio ofrece un vistazo a esta dura realidad del pasado.
El siguiente tramo lleva a Malesco, una localidad famosa por sus tejados tradicionales de piedra. El recorrido sigue el curso del río Melezza, el principal enlace natural entre los valles italiano y suizo. Las laderas abruptas que flanquean el lecho del río albergan refugios de pastores que aún se conectan mediante cables y poleas para el transporte de provisiones.

Al llegar al pequeño poblado de Camedo, el tren cruza la frontera. El único cambio perceptible es el color de los edificios de la estación. Más adelante, en Verdasio, una telecabina conduce a la aldea de Rasa, un pintoresco pueblo situado a casi 915 metros de altitud que se caracteriza por ser una comunidad sin coches. El acceso a Rasa solo es posible mediante funicular, y la localidad conserva tradiciones como el horno comunal, senderos arbolados y una tranquilidad que solo rompen las campanas de la iglesia. Según Travel + Leisure, llegar a Rasa es como viajar en el tiempo.
El Centovalli no solo ofrece paisajes, sino también un retrato fiel de la vida alpina y sus costumbres. En los senderos, es común encontrarse con recolectores de setas que muestran boletus dorados de gran tamaño. Caminar desde Rasa exige esfuerzo, pues los caminos, originalmente hechos para pastores y mulas, son escarpados. Si llueve, la travesía se vuelve aún más auténtica y refuerza la sensación de aventura, detalla la publicación.

El viaje ofrece también pausas culinarias. En Intragna, un pueblo situado en la confluencia de dos ríos, con un viaducto de 80 metros y una iglesia que presume de la torre más alta del cantón de Tesino, se encuentra el Ristorante della Stazione, justo frente a la estación. Allí, los visitantes pueden degustar especialidades locales como carne de venado, quesos alpinos, pescado de lago y setas frescas. El restaurante también alberga un pequeño hotel para quienes deseen pasar la noche.
Al finalizar la línea en Locarno, el ambiente cambia drásticamente. La estación subterránea da paso a una ciudad animada, bañada por el clima benigno del lago Mayor. Palmeras bordean el paseo marítimo y los helados bajo el sol se convierten en parte esencial de la experiencia, cerrando con broche de oro este recorrido por una de las rutas menos conocidas de Europa.
Fuente: Infobae