Con el dolor aún fresco, la actriz Marcela Kloosterboer compartió en sus cuentas de redes sociales una despedida que tocó el corazón de sus seguidores. Su compañera de cuatro patas había fallecido y sintió la necesidad de hacer público su sentir, quizás para aliviar en algo la pena. “Perri de mi vida, me duele el corazón de tener que despedirte”, expresó la artista, y con esas palabras abrió una publicación que recorrió una década de vivencias compartidas.
El origen de Perri se remonta a la Panamericana, durante una jornada de lluvia intensa. Una perra atemorizada corría por la carretera cuando Kloosterboer y su familia pasaban en el vehículo. No necesitó pensarlo dos veces: “Te subiste al auto corriendo y te trajimos a casa”, relató Marcela. El apelativo surgió de manera natural. Le pusieron Perri, y así se quedó para siempre.


Las imágenes que acompañaron el texto muestran una existencia completa junto a su compañero Fernando Sieling y los hijos Juana y Otto: Perri en el jardín bajo el sol con Marcela y los pequeños, recostados sobre el pasto como en tantas tardes idénticas. Perri con Fernando y Otto, amontonados en una reposera al lado de la piscina. Perri asomada por la ventanilla del coche, con Marcela reflejada en el espejo retrovisor. Perri sola en medio del pasto, ya con el hocico gris de la edad observando a la cámara con mirada de artista. Imágenes de una perra que no era un simple animal, sino una presencia constante en cada instante de esa familia.
A los 5 años, Perri comenzó a cruzar la calle sin compañía. La casa de enfrente, la de sus vecinos Martina e Iván, se volvió su segundo hogar. “Allá era la mimada de la casa, hamburguesas a la parrilla para ella y dormir en medio de ellos en la cama”, escribió Marcela. La custodia se volvió compartida de manera natural, sin documentos ni contratos formales: Perri iba y regresaba cuando lo deseaba.

Además, poseía una habilidad particular: anticipaba las tormentas antes de que se aproximaran. Y contaba con su propio ritual de prevención: “Se daba cuenta 10 minutos antes, venía para casa y empezaba a rascar el piso”, contó la actriz. Durante esas noches, dormía del lado de Fernando. Y así transcurrieron los años, con Perri como protectora del hogar, “en todos los momentos de mis hijos, acompañándolos siempre de cerca”.
La última velada salieron a pasear juntos: Juana, Otto, Perri y Tofu, otra mascota. Nadie imaginaba que era una partida. Perri durmió un rato en el cuarto de Otto y otro en el de Juana. “Mi gorda te extrañamos en cada lugar de la casa”, concluyó Marcela. “Ojalá pronto podamos recordarte con una sonrisa”.


Los comentarios de colegas y amigos del ámbito artístico llegaron de inmediato. Celeste Cid le escribió: “Perri, seguramente se fue muy feliz de todo lo que la cuidaban. Te abrazo, Negrita”. Paula Chaves agregó: “¡Ay, Negra! De paseo eterno con Morito”, haciendo referencia a su propia historia personal, aquella que también mostró en redes tiempo atrás. Pachu Peña dejó un breve pero firme “Fuerza” y Mery del Cerro acompañó con emojis de corazón. Algunas estampas de una partida íntima que se volvió masiva desde la empatía y la ternura que solo brindan los animales de compañía.
De esta forma, con imágenes, palabras y recuerdos, Marcela Kloosterboer hizo eterno su lazo con Perri. Una corazonada, un impulso al borde de la autopista que transformó su vida y la de su familia de manera definitiva. Un acto de compasión que superó los límites del afecto y que a partir de hoy ocupa un lugar reservado para siempre.
Fuente: Infobae