JUEVES, 7 de mayo de 2026 (HealthDay News) — Los fuertes golpes que reciben los jugadores de fútbol americano no solo afectan su cerebro, sino también su intestino, según una nueva investigación.
Un estudio publicado el 6 de mayo en la revista PLOS One indica que los impactos en la cabeza alteran el microbioma intestinal de los deportistas. Este ecosistema de bacterias y microorganismos en el tracto digestivo regula procesos como la inflamación, la digestión y otras funciones corporales esenciales.
Incluso los golpes que no provocan síntomas de conmoción cerebral generan cambios en la flora intestinal de los jugadores, señalan los investigadores.
«Nuestros resultados aportan evidencia de que incluso los impactos en la cabeza que no provocan una conmoción cerebral u otros síntomas reportados pueden influir en los microbios presentes en el intestino, tanto a corto como a largo plazo», afirmó Ken Belanger, investigador principal y profesor de biología en la Universidad Colgate, en Hamilton, Nueva York.
«Determinar qué causa estos cambios y si tienen una influencia positiva o negativa en la recuperación tras una lesión en la cabeza requerirá una investigación más profunda», agregó Belanger.
Investigaciones previas ya habían demostrado que las conmociones cerebrales completas afectan el microbioma intestinal. Sin embargo, este nuevo estudio se enfoca en impactos que no llegan a provocar conmoción, siguiendo a jugadores de fútbol americano de la NCAA División I durante una temporada.
Metodología del estudio
Desde el entrenamiento de pretemporada, los investigadores monitorearon la actividad de los atletas en el campo mediante unidades GPS y sensores en los cascos para registrar los impactos en la cabeza. Los jugadores proporcionaron 226 muestras fecales para analizar su microbioma.
Los resultados revelaron que los microbios intestinales cambiaban entre dos y tres días después de un impacto significativo. En particular, ciertas bacterias como el orden Coriobacteriales, la familia Prevotellaceae y el género Prevotella tendían a disminuir en abundancia, mientras que los niveles del género Ruminococcus aumentaban.
Estudios anteriores han vinculado estos cambios con lesiones cerebrales e inflamación, según los investigadores.
Efectos acumulativos
Además, los microbiomas de los jugadores variaron significativamente a lo largo de la temporada, lo que sugiere un efecto acumulativo de los impactos no conmocionados en la salud intestinal. Este hallazgo se mantuvo incluso después de considerar factores como dieta, ejercicio, sueño y estrés.
«Hasta donde sabemos, este es el primer estudio que examina las conexiones entre los impactos en la cabeza y la composición del microbioma intestinal», destacó Belanger.
«Nuestra investigación resalta la importancia de pensar de forma integrativa sobre las interacciones entre el intestino y el cerebro. Apenas estamos empezando a arañar la superficie en nuestra comprensión de cómo estos órganos y sistemas se comunican y afectan mutuamente», añadió.
Los autores reconocen limitaciones, como el tamaño pequeño de la muestra y la ausencia de un grupo control. Por ello, serán necesarios estudios futuros con más jugadores para confirmar estos hallazgos.
Para más información sobre la conexión cerebro-intestino, se puede consultar a Houston Methodist.
Fuente: Infobae