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¿Luz azul o redes sociales? Esto es lo que realmente afecta tu sueño

Durante años, la luz azul de celulares, tabletas y computadoras ha sido señalada como la principal culpable de los trastornos del sueño. Sin embargo, investigaciones recientes indican que su impacto real es mucho menor de lo que se cree. Un extenso reportaje de la BBC recoge evidencias científicas que ponen en perspectiva el verdadero enemigo del descanso nocturno.

De acuerdo con una revisión de once estudios independientes, publicada en ScienceDirect, la exposición a la luz de las pantallas apenas retrasa el inicio del sueño en un promedio de nueve minutos. Esta cifra se considera irrelevante frente a las fluctuaciones naturales del ciclo circadiano.

Incluso más revelador es que, según investigaciones comparativas, la cantidad de luz azul que una persona recibe durante 24 horas de uso continuo de dispositivos digitales equivale a menos de un minuto de exposición directa a la luz solar. La diferencia es abismal: mientras un día nublado al aire libre alcanza 10.000 lux y uno soleado llega a 100.000 lux, los teléfonos inteligentes apenas emiten entre 50 y 80 lux.

El origen de la preocupación por la luz azul

La exposición a luz azul de dispositivos digitales en 24 horas equivale a menos de un minuto de luz solar directa (Imagen Ilustrativa Infobae)

El temor a la luz azul se disparó en 2014, cuando un estudio publicado en PNAS demostró que leer en un iPad antes de dormir retrasaba el sueño, reducía la producción de melatonina y generaba mayor somnolencia matutina. Los investigadores atribuyeron estos efectos a las pantallas LED y a la sensibilidad del pigmento melanopsina en el ojo humano.

No obstante, Jamie Zeitzer, profesor de psiquiatría en la Universidad de Stanford, advierte que estos resultados de laboratorio no reflejan la realidad cotidiana. En condiciones controladas, dosis anormales de luz azul pueden alterar el ritmo circadiano, pero en la vida diaria las pantallas rara vez alcanzan la intensidad necesaria para provocar esos cambios.

Zeitzer calificó el impacto de las pantallas como “irrelevante” frente a la exposición lumínica global del día: los dispositivos móviles emiten una intensidad muy inferior a la de la luz ambiental de una casa (100 lux) y una fracción mínima de la luz natural.

Las recomendaciones consensuadas de los expertos apuntan a que el verdadero problema suele ser el uso que se da a los dispositivos antes de dormir, no la luz que emiten
(Imagen Ilustrativa Infobae)

Håvard Kallestad, director del grupo de investigación sobre cronobiología en la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología, coincide: “El verdadero determinante del sueño es la dosis global de luz durante la jornada”. El especialista sugiere maximizar la exposición a la luz natural por la mañana, reducir la iluminación artificial —especialmente la LED— al anochecer y priorizar actividades al aire libre, incluso en días nublados.

Filtros y gafas bloqueadoras: ¿funcionan realmente?

En el mercado han proliferado los filtros electrónicos para pantallas y las gafas bloqueadoras de luz azul, pero la evidencia científica no respalda un beneficio fisiológico significativo. Según Kallestad, los recubrimientos transparentes para lentes “probablemente no hacen mucho”, mientras que los modelos verdaderamente efectivos —con lentes anaranjadas o rojas que cubren completamente los ojos— resultan poco prácticos para el uso diario.

El periodista tecnológico Thomas Germain, autor de la columna Keeping Tabs y conductor del pódcast The Interface, realizó un experimento personal: oscureció su apartamento con cortinas opacas y redujo la iluminación nocturna a velas, prácticamente libres de azul. El resultado fue que, aunque su horario de sueño se volvió más constante, el tiempo total de descanso no experimentó cambios significativos.

Germain descubrió que estos cambios actuaban más como señales psicológicas que preparan al cuerpo para dormir. Zeitzer añadió: “Cuando una rutina se integra en el proceso previo a dormir, puede funcionar como un estímulo psicológico muy fuerte”.

Expertos recomiendan priorizar la exposición a luz natural por la mañana y reducir la iluminación artificial, especialmente la luz LED, por la noche (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los filtros automáticos de reducción de azul en los dispositivos comparten este mecanismo conductual, más que fisiológico. Zeitzer sostiene que estos sistemas “no funcionan realmente bien”, pero reconoce que el cambio de color en la pantalla o el uso de gafas pueden actuar como un “condicionamiento pavloviano” que indica al cerebro que es momento de prepararse para descansar.

Contenido y rutinas: el verdadero enemigo del sueño

Los expertos consultados coinciden en que el problema central no es la luz, sino el uso que se da a los dispositivos antes de dormir. La estimulación mental generada por mensajes, noticias o videos puede mantener a la persona en estado de alerta y dificultar la conciliación del sueño, independientemente del tipo de iluminación.

La transición de rutinas previas a la pandemia —con mayor exposición a luz natural en oficinas y espacios abiertos— hacia entornos domésticos con iluminación más constante y tenue podría estar contribuyendo a los trastornos del sueño más que cualquier tecnología de pantalla.

La regulación natural del reloj biológico depende de un marcado contraste entre la intensidad de la luz durante el día y la noche. Cuando esa diferencia se diluye, el ciclo de sueño-vigilia tiende a desajustarse. Zeitzer enfatizó: “La verdadera clave con la exposición a la luz es el contraste”.

Fuente: Infobae

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