El fenómeno de la caída de meteoritos sobre la Tierra ocurre con mucha más frecuencia de lo que la mayoría imagina, aunque casi siempre pasa inadvertido. Una investigación conjunta de la Universidad de Manchester y el Imperial College de Londres, divulgada en la revista científica Geology, calcula que aproximadamente 17.000 meteoritos golpean la superficie terrestre cada año. La gran mayoría son de tamaño reducido y están compuestos principalmente por rocas o metales. Estas cifras provienen de trabajos de campo realizados en la Antártida, desde donde se extrapolaron los datos al resto del mundo, permitiendo entender mejor el flujo de material espacial que ingresa a nuestro planeta.
El equipo liderado por el profesor Geoffrey Evatt, de la Universidad de Manchester, señala que la mayoría de los meteoritos recuperados pesan entre 50 gramos y 10 kilogramos, mientras que los fragmentos de mayor tamaño son poco frecuentes. El modelo matemático desarrollado en colaboración con el Centro de Estudios de Objetos Cercanos a la Tierra de la NASA (CNEOS) también reveló que la zona del ecuador recibe un número significativamente mayor de impactos en comparación con las regiones polares, y que los riesgos asociados a meteoritos de gran tamaño varían según la latitud.
En cuanto a la frecuencia de eventos catastróficos, tanto la NASA como otras agencias especializadas coinciden en que no existe una amenaza inminente de impacto por parte de meteoritos o asteroides de gran tamaño en los próximos años. Según los registros del CNEOS, hasta abril de 2026 se han identificado más de 2.500 asteroides potencialmente peligrosos, pero ninguno representa un peligro concreto para la Tierra en el corto plazo. Los objetos lo suficientemente grandes como para causar efectos globales impactan el planeta en escalas de tiempo de millones de años.
¿Cómo se calculan los 17.000 meteoritos anuales?
La estimación de 17.000 meteoritos por año se basa en exhaustivas campañas de búsqueda en la Antártida, donde el contraste con el hielo y la nieve facilita enormemente la localización de estos fragmentos. A partir de esos hallazgos, los investigadores extrapolaron los datos al resto del mundo. Los resultados indican que el número de impactos en los polos equivale apenas al 65 % de los que ocurren en el ecuador, lo que evidencia una distribución geográfica desigual. Los métodos empleados incluyen redes de monitoreo de bolas de fuego y búsquedas sistemáticas en terrenos accesibles.

La mayoría de estos meteoritos se desintegran al atravesar la atmósfera, reduciéndose a polvo, razón por la cual pasan inadvertidos para la población general. Un dato llamativo es que los meteoritos metálicos, pese a representar solo el 5,7 % del total de caídas, constituyen el 89,3 % de la masa total recuperada, gracias a su alta densidad y resistencia durante el ingreso atmosférico.
Vigilancia espacial y capacidad de respuesta
El Centro de Estudios de Objetos Cercanos a la Tierra de la NASA, junto con sistemas como ATLAS en Hawái, mantienen una vigilancia permanente sobre asteroides y meteoritos. Hasta abril de 2026, se han catalogado 2.533 asteroides como potencialmente peligrosos, de los cuales 153 superan el kilómetro de diámetro. A pesar de estas cifras, los especialistas sostienen que el riesgo de un impacto significativo durante el próximo siglo es extremadamente bajo.
La misión Double Asteroid Redirection Test (DART), llevada a cabo por la NASA, demostró recientemente que es posible desviar la trayectoria de un asteroide mediante una colisión controlada, lo que abre nuevas posibilidades para la defensa planetaria. La revista Science ha publicado análisis de expertos internacionales que, si bien reconocen la controversia sobre la frecuencia histórica de grandes impactos, coinciden en la necesidad de mantener actualizados los sistemas de monitoreo.
Clasificación de meteoritos y hallazgos notables
Los meteoritos se clasifican según su composición: las condritas y acondritas son los tipos rocosos más comunes, mientras que los metálicos y mixtos, aunque menos frecuentes, concentran la mayor parte de la masa total caída. Entre los hallazgos más relevantes se encuentran el meteorito Ahnighito (más de 30 toneladas, descubierto en Groenlandia), el Gancedo (encontrado en 2016 en el noroeste de Argentina) y el Bacubirito (México, con 21 toneladas).
La vigilancia internacional y los avances tecnológicos permiten identificar de forma temprana tanto el flujo habitual de material espacial como posibles riesgos de impacto. Hasta el momento, no se ha detectado ninguna amenaza significativa para la seguridad global en el corto plazo, aunque la comunidad científica insiste en la importancia de continuar con el monitoreo constante y la investigación interdisciplinaria.
Fuente: Infobae