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Psicólogo revela los 3 pilares de una crianza que muchos padres ignoran

La mayoría de los progenitores se esfuerzan por dar lo mejor a sus hijos, pero incluso aquellos que son cariñosos y dedicados pueden descuidar aspectos fundamentales para el desarrollo infantil. El reconocido psicólogo Jeffrey Bernstein, con más de 30 años de experiencia clínica y 40.000 horas de consulta familiar, publicó un artículo en Psychology Today donde detalla las tres áreas que a menudo se pasan por alto en la crianza moderna, no por falta de interés, sino por desconocimiento o desafíos emocionales propios de la paternidad.

Según Bernstein, una infancia saludable no requiere perfección, sino la presencia constante de tres pilares fundamentales. Estos aspectos marcan la diferencia en la capacidad de los niños para manejar el estrés, las relaciones y la formación del carácter. El especialista advierte que muchos padres, aunque atentos, pueden criar hijos ansiosos, apáticos o emocionalmente inestables si omiten estos elementos. No se trata de una falla, sino de una oportunidad de mejora concreta para cualquier familia.

El artículo invita a los padres a revisar sus hábitos y expectativas, dejando de lado la presión por un ideal inalcanzable. “Brindar seguridad emocional, contención y un camino hacia la autonomía es lo que realmente define una infancia sana”, afirma Bernstein. Estas tres claves, aunque simples en apariencia, requieren constancia y reflexión en la vida cotidiana.

Seguridad emocional: el primer pilar

El primer aspecto que resalta Bernstein es la seguridad emocional. Según su experiencia, los niños necesitan un espacio donde se sientan libres para expresar tanto sus alegrías como sus miedos, celos y pensamientos difíciles. “Todos tus sentimientos son bienvenidos, pero tu comportamiento sigue siendo importante”, sintetiza el psicólogo, subrayando que la seguridad emocional no implica eliminar límites ni andar con pies de plomo, sino validar las emociones y mantener estructura.

Cuando los niños no se sienten emocionalmente seguros, tienden a reprimir sus sentimientos, estallar de forma imprevisible u obsesionarse con los problemas. Bernstein describe casos típicos de su consulta: un niño de siete años que explota al llegar de la escuela, un adolescente de catorce con episodios de retraimiento y arrebatos, o un joven adulto que evita conversaciones difíciles. Estos no son simples problemas de conducta, sino indicios de que falta seguridad emocional en el hogar.

El psicólogo advierte que, sin este pilar, los hijos pueden desarrollar estrategias de evasión o dependencia emocional. La clave está en escuchar sin juzgar, validar las emociones y enseñar que los sentimientos no excusan cualquier comportamiento, pero merecen ser reconocidos y nombrados.

Límites claros: la contención necesaria

El segundo elemento esencial es la contención, entendida como la presencia de límites claros y estables. Bernstein observa que muchos padres bienintencionados ofrecen empatía, pero dudan a la hora de mantener la estructura. “Si los límites se derrumban cuando las emociones se desbordan, los niños no se sienten más libres, sino a la deriva”, explica. Los límites firmes brindan seguridad y enseñan que no todos los sentimientos requieren una solución inmediata, especialmente en niños ansiosos o propensos al exceso de pensamiento.

Poner límites en las relaciones con los hijos. (Porque Quiero Estar Bien)

Camino hacia la autonomía emocional

La tercera clave es el camino hacia la autonomía emocional. No basta con proteger y poner límites: los niños necesitan herramientas para gestionar su mundo interior. Bernstein propone un método de cuatro pasos: pausar para frenar la reacción, reconocer y nombrar pensamientos o sentimientos, contener recordando que no todo debe resolverse ya, y animar a dar un paso pequeño, aunque imperfecto, hacia la acción.

Con el tiempo, este enfoque permite que los niños digan: “Tengo ansiedad, pero aún así puedo actuar”. Bernstein insiste en que la meta no es criar hijos perfectos, sino constantes en la búsqueda de un entorno seguro, con límites claros y recursos reales para enfrentar los desafíos. La combinación de estos tres elementos, según el artículo de Psychology Today, es la clave para una infancia realmente saludable.

Fuente: Infobae

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