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Saros: la nueva joya de Housemarque que reina en PS5

Tras una larga espera, Saros llegó por fin a PlayStation 5 y se ha convertido en uno de los estrenos más comentados del año. No solo por ser una exclusiva de la consola de Sony, sino también porque viene del mismo estudio que dio vida al aclamado Returnal en 2021. Housemarque vuelve a la carga con una propuesta más amigable, aunque sin perder un ápice de su característica jugabilidad soberbia. Sin duda, Saros se perfila como uno de los grandes títulos del género en lo que va de 2025.

Para quien esto escribe, Saros era uno de los lanzamientos más aguardados. Returnal sigue siendo, hasta hoy, una de las experiencias que mejor supo mostrar el salto generacional de la PlayStation 5. Su jugabilidad, su potencia gráfica y el uso del DualSense —con vibración y gatillos adaptativos— marcaron un antes y un después desde los primeros meses de la consola.

Saros, de Housemarque.

Después de jugar y disfrutar ambas entregas, debo decir que no considero a Saros un sucesor directo de Returnal. Aunque comparten mecánicas y una base jugable similar, las diferencias en la propuesta final saltan a la vista. Returnal era un roguelike en toda regla; Saros, en cambio, se siente más como un juego de acción convencional en su narrativa y sistemas, al que se suman elementos propios de los roguelites.

En esta aventura encarnamos a Arjun Devraj, un agente de Soltari, una de las corporaciones más poderosas del planeta, dedicada a la exploración y explotación espacial. La trama nos lleva hasta el planeta Carcosa, un mundo misterioso repleto de lucenita, un mineral de altísimo valor por su potencial para cambiar el futuro energético de la humanidad.

Saros, de Housemarque.

Nuestro objetivo es descubrir qué ocurrió en Carcosa: se perdió el contacto con la colonia que allí habitaba y también con las expediciones posteriores. Así, nos enfrentamos a oleadas de enemigos y a los enigmas de un planeta donde el tiempo fluye de forma distinta. Cuando ocurre un eclipse, el escenario y los adversarios se transforman por completo.

La narrativa resulta interesante y está bien hilada. A lo largo de la historia vamos conociendo más sobre el planeta, el trasfondo del protagonista y sus compañeros. Aunque se cuenta de manera más tradicional que en Returnal, logra mantener el misterio y lo enigmático de su mundo y personajes hasta el desenlace.

Saros, de Housemarque.

Donde Saros verdaderamente brilla es en su jugabilidad. Estamos ante uno de los mejores exponentes de acción frenética en tercera persona. Cada combate se siente único, y la precisión en movimientos, disparos y esquivas es digna de un juego de plataformas: nada está librado al azar. Si derrotamos a un enemigo o recibimos daño, es exclusivamente por nuestra propia habilidad.

La mecánica central consiste en avanzar de un escenario a otro, eliminando oleadas de enemigos hasta llegar al jefe de cada sección. Durante el camino recolectamos lucenita, que sirve para obtener mejoras permanentes tras morir, y encontramos nuevas armas y artefactos que otorgan habilidades pasivas aleatorias en cada partida. Más allá de disparar, lo que realmente hace grande a Saros es la necesidad de esquivar proyectiles que vienen desde todas direcciones.

Saros, de Housemarque.

Una de las diferencias más marcadas respecto a Returnal es la inclusión de un escudo. Esta herramienta permite realizar un ataque potente y también mitigar daño. Una vez que nos acostumbramos a usarlo, la experiencia cambia por completo y nuestras estrategias de combate se transforman.

El escudo se recarga absorbiendo proyectiles azules y se desgasta al recibir proyectiles amarillos. Sin embargo, los proyectiles rojos nos hieren sin importar si tenemos escudo o no. Este sistema, aparentemente simple, marca el ritmo de cada enfrentamiento: define cuándo esquivar, cuándo absorber y hacia dónde movernos en cada instante.

Saros, de Housemarque.

Las mejoras del personaje también se han simplificado respecto a la entrega anterior, una decisión que me parece acertada porque hace el juego más accesible y fácil de entender. Podemos aumentar nuestra vida, nuestro escudo y la obtención de lucenita, pero no hay un desarrollo más profundo de estadísticas.

En resumen, Saros ofrece una historia interesante y cautiva al jugador con acción vertiginosa y un gameplay sólido. Vale aclarar que, aunque tenga elementos simplificados, no es un juego sencillo. La dificultad escala de forma notable conforme avanzamos. Con el paso de las horas, Saros impone su propio desafío y obliga a mejorar: no importa cuántas mejoras permanentes tengamos, si no aprendemos, perderemos igual.

Saros, de Housemarque.

Otro punto donde noté grandes diferencias con Returnal es la mecánica de la muerte y el reinicio. Morir en Returnal significaba conocer más de la historia, aprender nuevas funciones del mapa y descubrir cosas en la siguiente partida. En Saros, las partidas carecen de esa sensación de aprendizaje progresivo del camino; morir es más bien una excusa para mejorar al protagonista y afinar el desempeño.

Eso no implica que no haya elementos desbloqueables al morir. Al reiniciar podemos encontrar nuevos archivos de texto, audios y conversaciones con personajes que aportan más contexto a la historia. Pero no se percibe esa esencia tan característica de los roguelike, donde volver a empezar es una forma de redefinir nuestros pasos.

Saros, de Housemarque.

Dependiendo del tipo de jugador, esto puede verse como algo negativo o positivo. Sin duda, vuelve la experiencia de Saros más accesible, aunque no deja de ser desafiante. Estas diferencias no son casuales: son decisiones conscientes de Housemarque, que ofrece dos experiencias bastante distintas pese a compartir muchas mecánicas y una jugabilidad similar.

Disfruté muchísimo mi tiempo con Saros y no tengo dudas de que será uno de los mejores lanzamientos del año. Es un título que exhibe el poderío de la PlayStation 5 con un diseño artístico hermoso, un combate frenético y una jugabilidad precisa con un rendimiento impecable. El resultado es una entrega verdaderamente memorable.

Fuente: Infobae

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