En América Latina, el envejecimiento poblacional y la alta prevalencia de enfermedades crónicas están configurando un nuevo desafío para los sistemas de salud.[1] Se estima que la proporción de personas mayores de 65 años casi se duplicará para el 2050, pasando de 9.9% a 18.9% de la población total.[2]
En este contexto, los adultos con comorbilidades —como enfermedades cardiovasculares, diabetes o afecciones pulmonares crónicas— se posicionan como uno de los grupos más vulnerables frente a infecciones respiratorias prevenibles,[3] lo que hace imprescindible fortalecer estrategias de protección a lo largo de la vida.
Edad, comorbilidades e inmunidad: una combinación de riesgo
Con el paso del tiempo, el sistema inmunológico presenta un deterioro progresivo conocido como inmunosenescencia, lo que reduce la capacidad del organismo para responder eficazmente a infecciones.[4]
Este proceso, sumado a la presencia de comorbilidades, incrementa significativamente el riesgo de complicaciones graves, hospitalización y mortalidad ante enfermedades respiratorias.5,6
“En América Latina, donde múltiples factores de riesgo coexisten, la vacunación en adultos con comorbilidades representa una herramienta clave para reducir complicaciones graves y contribuir a la protección colectiva”, señaló el doctor Robinson Cuadros Cuadros, médico geriatra, líder de la Ruta Socio Sanitaria de Personas Mayores en CAFAM y presidente del Comité Latinoamericano y del Caribe, COMLAT – Asociación Internacional de Gerontología y Geriatría.
Mayor edad, mayor riesgo: el impacto de las infecciones respiratorias