Los aceites de cocina son indispensables en la alimentación diaria de hogares y restaurantes. Se usan para freír, saltear, aderezar y dar sabor y textura a las comidas. Existen variedades vegetales como oliva, girasol, maíz, soja y canola, y animales, aunque estos últimos son menos comunes.
La elección del aceite depende de preferencias personales, necesidades nutricionales y método de cocción. Algunos soportan altas temperaturas, mientras que otros aportan ácidos grasos insaturados y antioxidantes.
La composición química influye en la salud, por lo que expertos y organismos sanitarios dan recomendaciones. La investigación ha revelado el papel de los aceites en la dieta y la prevención de enfermedades crónicas.

Mitos sobre los aceites para cocinar
Cocinar con aceite de oliva es perjudicial
Se cree que el aceite de oliva virgen extra no debe calentarse por su bajo punto de humo, pues generaría sustancias nocivas relacionadas con enfermedades cardíacas y cáncer. No obstante, un estudio de 2022 refuta esta idea: el aceite posee fenoles que lo protegen durante la cocción y, además, reducen la inflamación. Los expertos indican que el humo no indica descomposición dañina y que cocinar a temperaturas moderadas es seguro. Incluso, ayuda a absorber nutrientes como antioxidantes y carotenoides.

Los aceites de semillas y vegetales son dañinos
Expertos de Harvard y Portland Clinic aclaran que estos aceites contienen principalmente grasas insaturadas, que reducen el riesgo cardiovascular. El de canola, por ejemplo, aporta omega-3 vegetal y fitoesteroles que disminuyen el colesterol. El temor a residuos de hexano es infundado: las cantidades en productos comerciales son mínimas y seguras. El verdadero riesgo es reutilizarlos a altas temperaturas en restaurantes o industria, lo que genera compuestos dañinos. En uso doméstico moderado, son saludables.

Mientras más caro, mejor para la salud
Se piensa que los aceites caros, como el oliva virgen extra, son de mayor calidad. Sin embargo, el precio no garantiza pureza ni valor nutricional. Según Time Magazine, lo clave es la frescura, autenticidad y origen. Productores con controles estrictos ofrecen calidad. Lo mejor es fijarse en la fecha de cosecha y el sabor, no en el costo.
El aceite de coco es más saludable que otros
Se promociona como superior, pero Harvard y Portland Clinic advierten que contiene entre 80% y 90% de grasas saturadas, superando lo recomendado por la Asociación Americana del Corazón. Una cucharada cubre la ingesta diaria de grasa saturada. Su uso frecuente eleva el colesterol LDL y los triglicéridos, sin beneficios cardiovasculares frente al aceite de oliva o canola.

Otros usos del aceite
El interés por los aceites abarca el cuidado personal: hidratación del cabello y la piel, y salud bucal.
Uso del aceite de coco en el pelo
El aceite de coco se promueve como tratamiento hidratante para el cabello, especialmente dañado por tintes. El dermatólogo Joshua Zeichner explica que forma una barrera protectora que repara y retiene humedad. Sin embargo, la dermatóloga Michele Green advierte que su uso excesivo puede ser contraproducente y, en casos de caspa, favorecer hongos. Además, no hay evidencia de que el aceite de oliva virgen extra mejore el cabello, y el de romero solo muestra efectos en estudios limitados.
Aceites para el cuidado de la piel y el acné
Se usan aceites naturales en la piel. El ácido láurico del coco tiene propiedades antimicrobianas que podrían reducir bacterias del acné, pero su carácter comedogénico puede obstruir poros y empeorar el problema. Otros como oliva, marula, linaza y zanahoria también taponan poros. Los dermatólogos recomiendan cremas hidratantes no comedogénicas. Aceites como jojoba, argán y almendras pueden ser útiles en ciertos casos, con precaución ante alergias.
Fuente: Infobae