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El mayor uso de energía solar y eólica evitaría el 90% del déficit eléctrico en Ecuador, según estudio

La crisis energética de 2023-2024, marcada por apagones de hasta 12 horas, evidenció la extrema vulnerabilidad de un Ecuador que depende en un 70% de la hidroelectricidad.

Sin embargo, una investigación reciente publicada en la revista Nature Water titulada “Las energías renovables variables fortalecen el sistema eléctrico de Ecuador contra las recurrencias de las crisis energéticas provocadas por la sequía”, liderada Luis Eduardo Pineda, coordinador de la maestría en geociencias de la Universidad Yachay Tech y Sebastian Sterl, revela que el país posee los recursos necesarios para que estos escenarios no se repitan.

La sinergia de años extremos

El concepto de sinergia de años extremos propuesto en el estudio rompe el mito de que las energías renovables variables, como la solar y la eólica, son poco fiables durante las crisis. La investigación demuestra que, precisamente cuando los caudales de los ríos fallan debido a sequías extremas (como ocurrió en el río Paute en 2024), los recursos solares y eólicos tienden a mantener o incluso alcanzar sus niveles máximos de potencial..

Esta complementariedad permitiría que, en lugar de vaciar los embalses para generar electricidad, el sistema utilice la energía del sol y el viento para cubrir la demanda. Esto permitiría que las represas se recuperen incluso en épocas secas. De haber contado con una flota robusta de estas energías en 2024, el país habría aprovechado que el sol y el viento estaban en niveles óptimos precisamente cuando el río Paute sufría su peor déficit hídrico.

Resultados que habrían cambiado la historia de 2024

El estudio utilizó modelos de simulación para analizar qué habría pasado si Ecuador ejecutaba una integración masiva de estas energías en 2024. Los resultados son:

  • Reducción del 90% del déficit: la combinación de una flota robusta de energía solar y eólica con una gestión “prudente” de los embalses hubiese evitado el 90% del déficit de generación en noviembre de 2024, el mes más crítico de los apagones.
  • Crédito de capacidad indirecto: el estudio introduce este nuevo concepto para explicar cómo la presencia de renovables reduce la necesidad de plantas térmicas (combustibles fósiles) en un 50% a 65% de la capacidad renovable instalada, al actuar como un resguardo para la hidroelectricidad.
  • Ahorro y soberanía: esta estrategia de diversificación resulta más económica que expandir la flota de motores fósiles o recurrir a medidas de emergencia costosas, como el alquiler de barcazas de generación térmica.

El sacrificio del 2% por un sistema seguro

Para que esta sinergia funcione, el estudio sugiere que Ecuador pase de una “operación regular” a una “operación prudente” de sus embalses, especialmente en el Complejo Hidroeléctrico Paute, que abarca tres centrales en cascada con una capacidad conjunta de 1,757 MW:

  • Mazar (170 MW)
  • Molino (1,100 MW)
  • Sopladora (487 MW).

Esto implica sacrificar deliberadamente apenas un 2% de la generación hidroeléctrica en años normales para mantener niveles de agua más altos. A cambio, el sistema ganaría un 7% de generación extra durante las crisis, permitiendo atravesar las sequías sin recurrir a cortes masivos de energía.

Es decir, la investigación señala que Ecuador no necesita depender únicamente de la suerte climática o de importaciones. Al explotar la sinergia de años extremos mediante la hibridación de sus hidroeléctricas con sol y viento, el país puede transformar su actual debilidad climática en una fortaleza.

Radio Pichincha

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