El debate sobre si la oxitocina, la dopamina y la biología pueden determinar cuánto dura una relación de pareja ha vuelto a la escena científica. En una reciente conversación con la revista alemana Der Spiegel, el profesor titular de psicología biológica Lars Penke, de la Universidad de Göttingen, detalla, con base en estudios, cómo las hormonas influyen en el amor, la fidelidad y la duración de los vínculos humanos.
Los sistemas hormonales como la oxitocina y la dopamina participan en diferentes momentos del amor. No obstante, la fidelidad y la permanencia de la pareja también dependen del compromiso, de factores psicológicos y de la inversión social y emocional. La biología proporciona una base, pero la continuidad del amor requiere una decisión consciente y resiliencia, según sostiene el entrevistado.
Penke identifica tres etapas principales en las relaciones.
“Lo que comúnmente se conoce como amor en realidad comprende tres sistemas distintos que deben diferenciarse en la investigación”, señala al hablar con Der Spiegel.
Las fases hormonales del amor humano

La atracción aparece primero, vinculada a la reacción ante la primera impresión y el interés sexual. El enamoramiento implica una motivación intensa y cierta inseguridad. Finalmente, el apego caracteriza los vínculos estables a largo plazo, marcados por la confianza y la sensación de seguridad en la pareja.
En cada una de estas fases intervienen hormonas específicas:
“Hormonas como la testosterona en los hombres o el estradiol en las mujeres juegan un papel en la atracción inicial”, explica Penke.
Durante el enamoramiento, la química se asemeja a la de una adicción:
“La dopamina está involucrada. Te obsesionas intensamente con alguien y todo lo que esa persona hace es gratificante”.
El enamoramiento conlleva incertidumbre y nerviosismo, sobre todo cuando se espera una respuesta del otro, lo que puede generar estrés.
“Por eso, estar enamorado puede ser la parte más estresante de una relación”, indica Penke, quien agrega que en ese estado el cuerpo libera cortisol para afrontar los retos sociales.
¿Puede la dopamina asegurar la pasión duradera?

Consultado sobre posibles terapias hormonales para mantener la pasión a lo largo del tiempo, Penke aclara:
“La dopamina solo funciona cuando se superan tus expectativas en una situación determinada”.
Al inicio, la novedad de la pareja mantiene altos los niveles de recompensa y motivación. Con el tiempo, la previsibilidad reduce la liberación de dopamina.
“No puedes seguir aumentando los niveles de dopamina indefinidamente”, advierte Penke.
Menciona experimentos con animales donde la búsqueda incesante de estímulos no logra satisfacer la recompensa de manera permanente. Desde la biología, la intensidad del enamoramiento no se mantiene para siempre.
El rol de la oxitocina en la fidelidad
A medida que el vínculo madura, la oxitocina asume un rol central.
“El contacto físico libera oxitocina”, detalla Penke.
Esta sustancia, fundamental en el lazo madre-hijo, apacigua y reduce el cortisol.
“La oxitocina nos permite sentirnos seguros y calmados en pareja”, señala, subrayando que solo se libera cuando el contacto es intencional y deseado, como un abrazo o caricias de alguien cercano; no ocurre con el roce involuntario ni simplemente por convivir con otros.

“La oxitocina es una molécula compleja. No atraviesa la barrera hematoencefálica”.
Penke advierte que intentar modificar este sistema artificialmente puede acarrear riesgos, ya que alterar el equilibrio afecta otras funciones. Aunque facilita el apego y puede favorecer la exclusividad, la oxitocina por sí sola no garantiza la estabilidad de la pareja.
El peso del compromiso en la pareja
La dimensión psicológica resulta decisiva.
“La resiliencia es un factor importante en la personalidad. Resistencia al estrés, estabilidad emocional”, afirma Penke en la conversación con Der Spiegel.
Las personas menos resilientes tienden a afrontar más desacuerdos en pareja.
“Se trata de sentirse obligado a la relación y decir: ‘Voy a llevar esta relación hasta el final, incluso si las cosas no van bien ahora mismo’”.
El compromiso abarca planos sociales y materiales: compartir bienes, tener hijos o mantener un círculo de amistades común, lo que incrementa los costes de separarse. Los rituales matrimoniales existen en todas las culturas y contribuyen a dar solidez a la unión.
¿La monogamia es biológica o cultural?

Der Spiegel pregunta si la biología determina por completo la fidelidad.
“La idea de que uno se enamora una vez y automáticamente permanece así para siempre es una ilusión y una visión demasiado simplista. Mantener una relación es una tarea constante”, responde Penke.
Según el profesor, el amor duradero implica revisar la conexión de pareja, adaptarse a los cambios y resistir las tentaciones.
Sobre el equilibrio entre atracción y compromiso, sostiene:
“Ambas cosas van de la mano. Un matrimonio sin atracción física puede funcionar, pero no parece muy satisfactorio. Y simplemente dejarse llevar por los sentimientos y las hormonas suele llevar a la inestabilidad”.
Penke añade que, aunque los seres humanos logran relaciones largas, la estricta monogamia es una construcción evolutivamente reciente:
“Nuestro sistema de oxitocina nos permite establecer vínculos en la edad adulta. Pero eso no significa que los humanos estemos necesariamente predispuestos a una relación monógama de por vida. Un escenario más natural sería formar un vínculo durante años y luego disolver la relación”.
Fuente: Infobae