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Abejas prefieren alimento con virus: estudio revela inesperada conducta

Un reciente estudio ha revelado que las abejas melíferas poseen la capacidad de detectar la presencia de virus en sus fuentes de alimento, aunque esto no siempre las lleva a rechazarlo. Según informó el portal científico Phys.org, la investigación, realizada por el USDA-ARS Honey Bee Breeding Genetics and Physiology Laboratory en Estados Unidos, descubrió que, bajo ciertas condiciones, estos insectos eligen alimentarse de soluciones contaminadas, un hallazgo que contradice el conocimiento previo sobre su comportamiento social y los riesgos de contagio viral.

El comportamiento alimenticio de las abejas no es uniforme; varía según el tipo de trabajadora y la estación del año. El estudio, publicado en la revista científica Biology Letters, detalla que las abejas nodrizas —obreras jóvenes encargadas de alimentar a las crías y a la reina— muestran tendencia a evitar los alimentos con virus durante el verano, pero en otoño incrementan su consumo si estos están contaminados con tres tipos distintos de virus.

Por otro lado, las abejas forrajeras —aquellas que recolectan néctar y polen fuera de la colmena— manifestaron una predilección constante por alimentos con altas concentraciones del virus de las alas deformes (DWV, por sus siglas en inglés). Este patógeno es uno de los más extendidos y dañinos para las colonias, según los resultados obtenidos tanto en pruebas de campo como de laboratorio.

El comportamiento alimenticio de las abejas varia según el tipo de obrera y la estación del año

Metodología: laboratorio y campo combinados

Mike Simone-Finstrom, investigador del USDA-ARS Honey Bee Breeding Genetics and Physiology Laboratory y autor principal del estudio, explicó que la investigación surgió de una pregunta concreta: si las abejas podían reconocer virus presentes en flores y sitios de alimentación, y si modificaban su consumo en consecuencia. Para responderla, el equipo combinó experimentos en laboratorio con observaciones en campo. En laboratorio, las abejas eligieron entre jarabe de azúcar limpio y soluciones mezcladas con diferentes virus específicos de Apis mellifera; los investigadores midieron la cantidad ingerida de cada solución para determinar preferencia o rechazo.

En las pruebas de campo, los científicos dispusieron bebederos con diversas soluciones —con virus, con agua o sin virus— y contabilizaron visitas y consumo en cada caso. Los resultados mostraron que las abejas no solo detectaron la presencia viral, sino que en ocasiones eligieron de forma recurrente las soluciones contaminadas. La atracción o el rechazo, según comprobaron los investigadores bajo distintas condiciones y con pruebas repetidas, se modifica según el contexto ecológico y el papel de la abeja dentro del enjambre.

“No sospechábamos inicialmente que las abejas fueran capaces de hacerlo, mucho menos que pudieran sentirse atraídas por la presencia de virus en la solución alimenticia”, señaló Simone-Finstrom.

El experimento del USDA-ARS demostró que las abejas reconocen la presencia de virus y adaptan su consumo según el contexto

Implicaciones para la salud de las colmenas

Elizabeth Walsh, científica de USDA-ARS y coautora del estudio, indicó que existe una extensa bibliografía que demuestra la capacidad de las abejas para identificar individuos enfermos, pero generalmente a partir de síntomas, no por detección directa del patógeno. La novedad del experimento radica en que las abejas identifican la presencia de agentes virales en el entorno externo sin contacto físico con individuos ya infectados.

La investigación tiene consecuencias concretas para el manejo sanitario en apicultura. Si abejas de roles distintos responden de manera opuesta a los virus presentes en los alimentos, el uso de la “alimentación abierta” —un mismo recipiente de jarabe de azúcar para toda la colonia— podría facilitar la transmisión viral entre miembros y, potencialmente, entre colmenas.

Próximas investigaciones analizarán el mecanismo fisiológico mediante el cual las abejas detectan los virus y el riesgo real de transmisión durante la alimentación compartida. “Las implicancias de estos resultados son grandes tanto para la ciencia básica como para aplicaciones: podrían ayudar a establecer mejores prácticas de gestión para la conservación en ecosistemas donde los insectos comparten fuentes de néctar o alimento”, advirtió Walsh.

El trabajo también plantea preguntas sobre las bases evolutivas y ecológicas que influyen en la preferencia alimenticia frente a patógenos, y señala la necesidad de profundizar en los riesgos que enfrentan las colonias al compartir recursos, en particular en sistemas de apicultura intensiva.

Fuente: Infobae

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