Los meteorólogos advierten que un potente patrón meteorológico de El Niño podría formarse a finales de este año, con posibilidades de convertirse en uno de los más fuertes de las últimas tres décadas. Los vientos sobre el Pacífico están cambiando, el océano libera calor acumulado y se prevé una cascada de efectos sobre lluvias, sequías e incendios forestales.
La Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) estima un 60 % de probabilidades de que El Niño se desarrolle entre mayo y julio. Esta es una de las razones clave por las que los científicos anticipan que el próximo año podría superar a 2024 como el año más cálido del planeta desde que comenzaron los registros modernos a mediados del siglo XIX.
El Niño y La Niña son las fases opuestas de un ciclo climático natural activo en el Pacífico durante miles de años. Aparecen de forma irregular, y nunca hay dos fenómenos iguales. Sin embargo, el calentamiento constante de la Tierra debido a la quema de combustibles fósiles está influyendo en cómo estos episodios modelan el clima global.
“Ahora tenemos un punto de referencia climático diferente”, afirmó Clara Deser, científica del Centro Nacional de Investigación Atmosférica en Boulder, Colorado. Esto significa que El Niño del pasado no necesariamente predice cómo será El Niño del futuro, explicó Deser.
Impactos en Sudamérica
En Sudamérica, El Niño ha estado entrelazado con la vida durante siglos, especialmente por la acumulación de aguas cálidas frente a Perú y Ecuador. Los fenómenos más fuertes han causado graves inundaciones en el sur de Brasil en 1982-1983, sequía en Colombia que afectó cosechas de café en 1997-1998, y lluvias por debajo de lo normal e incendios forestales en la Amazonía en 2015-2016.
Aunque el El Niño más reciente (2023-2024) no fue técnicamente tan fuerte como sus predecesores, sus efectos fueron más catastróficos. La escasez de lluvias llevó a ríos de la cuenca del Amazonas a sus niveles más bajos en 120 años. Los incendios arrasaron el Pantanal, el mayor humedal tropical del mundo, y las lluvias sin precedentes en el estado brasileño de Rio Grande do Sul desplazaron a medio millón de personas.
Los científicos señalan que el calentamiento inducido por el hombre fue un factor amplificador. Los efectos siguieron el patrón previsto para El Niño, pero fueron “mucho peores debido al cambio climático, porque ahora este impacto se produce en una atmósfera más cálida”, dijo Regina Rodrigues, profesora de oceanografía física de la Universidad Federal de Santa Catarina, Brasil. El calor adicional aumentó la evaporación, intensificando la sequía en la Amazonía, y también fortaleció las lluvias en el sur de Brasil, ya que el aire más caliente retiene más humedad.
Consecuencias en Norteamérica
En Norteamérica, El Niño suele provocar condiciones más húmedas en el sur de Estados Unidos y más cálidas y secas en el norte. En 1997, un El Niño muy fuerte trajo semanas de tormentas invernales en California y récords de calor en el Medio Oeste y el Noreste. La actividad de huracanes atlánticos fue inferior a lo normal, otro efecto típico.
Sin embargo, los dos siguientes fenómenos fuertes de El Niño fueron relativamente moderados en Norteamérica. En 2023-24, un patrón de calor inusual en los océanos Índico y Atlántico tropicales contrarrestó los efectos de El Niño. Este patrón probablemente se debió tanto al calentamiento por emisiones de gases de efecto invernadero como a variaciones climáticas naturales a largo plazo que los científicos aún intentan descifrar.
“Un fenómeno de El Niño más fuerte solo puede hacer más probables ciertos resultados, pero no los asegura”, afirmó Michelle L’Heureux, meteoróloga que coordina las actualizaciones de la NOAA sobre El Niño y La Niña.
Impactos en Asia y África
En Asia, El Niño aporta más calor y sequedad al sur y sureste del continente. Pero para China, lo que ocurre después suele ser más relevante. Tras el fortísimo El Niño de 1997-1998, el país sufrió sus peores inundaciones en casi cinco décadas. El río Yangtsé y sus afluentes se vieron azotados por dos meses de lluvias torrenciales, causando la muerte de unas 3000 personas.
La razón fue el rápido cambio en 1998 de un fuerte El Niño a un fuerte La Niña, según Wenju Cai, científico del clima de la Universidad Oceánica de China. El cambio brusco hizo que un sistema de alta presión sobre el Pacífico occidental canalizara aire cálido y húmedo de los trópicos hacia China. Los científicos esperan que fenómenos fuertes tanto de El Niño como de La Niña sean más frecuentes con el calentamiento global, lo que también aumentaría las oscilaciones bruscas entre ambos.
En África, El Niño tiende a secar las estaciones lluviosas del Sahel (julio a septiembre) y del sur de África (noviembre a marzo). También suele coincidir con vientos que llevan aire cálido y húmedo hacia África oriental, provocando inundaciones, deslaves y brotes de paludismo. Las consecuencias humanas pueden ser enormes: El Niño de 2015-2016 provocó pérdidas de cosechas en el sur de África, reduciendo la producción de alimentos en dos tercios en algunos países. El calentamiento por gases de efecto invernadero está empeorando muchos diluvios y sequías en África, independientemente de El Niño, dijo Cai: “Tanto los extremos secos como los extremos húmedos aumentan”.
Oceanía y el futuro
En Oceanía, El Niño suele provocar lluvias inferiores a las promedio. Indonesia se prepara para incendios forestales y sus vecinos para el humo. El calentamiento global está modificando dónde y cómo se calientan los mares de la región, lo que puede modular la cantidad de lluvia que producen El Niño y La Niña, según Andréa Taschetto, climatóloga de la Universidad de Nueva Gales del Sur en Sídney, Australia.
A pesar de las incertidumbres, El Niño y La Niña siguen siendo señales útiles del tiempo futuro. Para agricultores, administradores de tierras, agencias de desastres, compañías de seguros y otros, no hay indicación más fiable de cómo podría ser el mundo unas cuantas estaciones más adelante. “Es lo mejor que tenemos”, concluyó Taschetto.
Fuente: Infobae