Un grupo de especialistas de la UNAM ha intensificado el monitoreo del sargazo, una macroalga que se ha convertido en uno de los desafíos más graves para el ambiente y la economía en las costas de México.
Con el apoyo de tecnología satelital y modelos predictivos, investigadores del Laboratorio Nacional de Observación de la Tierra (LANOT) trabajan para reducir los efectos de este fenómeno, que golpea con fuerza a entidades como Quintana Roo.
Cada año, el sargazo llega de forma masiva al litoral del Caribe mexicano. Para 2024, se prevé la llegada de 40 millones de toneladas métricas de biomasa de sargazo en el Océano Atlántico, una cifra muy superior a las 96 mil toneladas que se recolectaron en Quintana Roo durante el año anterior.
La detección temprana, gracias a estas herramientas avanzadas, permite que las autoridades organicen respuestas rápidas para salvaguardar tanto las playas como la economía local, que depende en gran medida del turismo.

Un problema que no da tregua en el Caribe mexicano
Durante los últimos seis años, el Laboratorio Nacional de Observación de la Tierra y el Instituto de Ciencias del Mar y Limnología han unido esfuerzos para identificar, vigilar y mitigar la llegada de esta macroalga.
La situación se agravó a partir de 2022, cuando comenzaron a llegar volúmenes enormes de algas a la región, impulsados por el calentamiento global y las alteraciones en las corrientes oceánicas.
El sargazo representa un peligro para la salud pública, ya que absorbe metales pesados como arsénico, mercurio y cadmio del mar. Por esta razón, no es apto como alimento para animales y puede contaminar los acuíferos si se deposita en lugares no autorizados.

Adicionalmente, la recolección mecánica retira parte de la arena, lo que afecta aún más los ecosistemas costeros.
Entre las medidas implementadas, las autoridades han colocado barreras de contención en 90 kilómetros del litoral para detener la llegada del sargazo, pero este sistema resulta insuficiente frente a la magnitud del problema.
Cuando el sargazo se descompone, una parte de la biomasa se hunde y cruza por debajo de las barreras, generando el fenómeno conocido como “marea marrón”.
Monitoreo satelital y trabajo de campo
El monitoreo del sargazo se realiza mediante imágenes satelitales gratuitas del Sentinel-2, las cuales se actualizan cada cinco días.
El área de observación abarca la costa de Quintana Roo, así como Belice, Guatemala y zonas cercanas de Honduras, territorios por donde las manchas de sargazo transitan primero antes de llegar a México. Para los periodos sin imágenes, se aplican modelos que toman en cuenta las corrientes oceánicas, el viento y el oleaje, lo que permite anticipar la llegada y ubicación de las acumulaciones flotantes de sargazo.
El trabajo científico se apoya en equipos de campo. La precisión de los datos obtenidos con satélites se verifica usando GPS flotantes y espectroradiómetros, que ayudan a identificar la presencia y características de las algas. Además, el uso de drones facilita la observación directa de la interacción entre el sargazo, los arrecifes y los ecosistemas costeros.
Herramientas, soluciones y mirada al futuro
El equipo de la UNAM ha recopilado un acervo de cuatro mil 700 imágenes de la región, lo que permite realizar análisis retrospectivos y entender la evolución del fenómeno durante los últimos años.
También se difunde información sobre la disposición correcta del sargazo en tierra, con el fin de evitar que la contaminación llegue a los suelos y mantos acuíferos.
En cuanto a las soluciones, los expertos impulsan proyectos para capturar el sargazo en altamar, procesarlo y evitar que permanezca flotando, con el objetivo de proteger los ecosistemas costeros y los destinos turísticos de la región.
Fuente: Infobae