La exploración del Sistema Solar no solo revela mundos lejanos, sino que también aporta claves para descifrar fenómenos de nuestro propio planeta. Un reciente hallazgo sobre los relámpagos de Júpiter, el gigante gaseoso más grande, ha puesto en duda las ideas tradicionales sobre tormentas y descargas eléctricas.
Gracias a los datos de la sonda Juno de la NASA y a un conjunto de análisis pioneros, los astrónomos lograron observar tormentas con una complejidad y potencia inesperadas. Este avance podría redefinir tanto la meteorología planetaria como el estudio del clima terrestre.

Júpiter es famoso por sus tormentas masivas, algunas de las cuales duran siglos y alteran la atmósfera a escalas colosales. Hasta ahora, se creía que los rayos jovianos eran mucho más potentes que los terrestres, pero nuevos resultados muestran una realidad más rica y variada.
El equipo liderado por Michael Wong, del Laboratorio de Ciencias Espaciales de la Universidad de California en Berkeley, utilizó los instrumentos de Juno para analizar el comportamiento de los relámpagos en Júpiter. Los resultados se publicaron en la revista AGU Advances.
Según el estudio,
“hay mucho que desconocemos sobre los rayos en la Tierra”
, y comprender mejor los rayos en otros planetas puede arrojar luz sobre los mecanismos que operan en nuestro mundo.

Los relámpagos de Júpiter ofrecen pistas sobre la convección, el proceso que transporta calor en la atmósfera. Wong explica:
“La convección funciona de forma ligeramente diferente en la Tierra y en Júpiter porque este último tiene una atmósfera dominada por el hidrógeno, por lo que el aire húmedo es más pesado y cuesta más que ascienda”.
En la Tierra, el aire húmedo es más ligero, facilitando tormentas; en Júpiter, el aire húmedo pesa más, requiriendo mucha más energía para elevarse, lo que genera eventos más violentos.
Supertormentas sigilosas y relámpagos colosales

Un gran avance fue aislar por primera vez las llamadas “supertormentas sigilosas” de Júpiter. Estas tormentas, que pueden durar meses, modifican los patrones de nubes sin alcanzar alturas extremas. Entre 2021 y 2022, la actividad de tormentas en el cinturón ecuatorial norte disminuyó, permitiendo observar tormentas individuales sin superposición.
La sonda Juno, con un radiómetro de microondas, sobrevoló estas tormentas en 12 ocasiones y captó señales de rayos en cuatro de esos encuentros. Detectó hasta tres destellos por segundo, y en un solo sobrevuelo identificó 206 pulsos distintos.

En total, el equipo analizó 613 pulsos, encontrando intensidades que variaban desde niveles similares a los terrestres hasta más de 100 veces superiores. La naturaleza de estos rayos es más compleja de lo pensado.
Mediciones anteriores dependían de imágenes del lado nocturno, sugiriendo que la energía óptica de los relámpagos jovianos era comparable solo a los “superrayos” terrestres. Ahora, los datos de microondas permiten ver tanto rayos débiles como intensos.

“Descubrimos que la potencia de los relámpagos en longitudes de onda de radio podría ser similar a la potencia de los relámpagos terrestres. Sin embargo, existe una incertidumbre significativa sobre cuánto duran los pulsos o cómo cambia la potencia, por lo que nuestras mediciones podrían ser hasta un millón de veces más fuertes”,
explican los autores.
El análisis estadístico mostró un histograma con un pico claro, indicando que no solo se observan eventos poderosos, sino también descargas típicas. Esto cambia la idea de que los rayos de Júpiter son siempre “superrayos” y permite comparar directamente fenómenos eléctricos entre planetas.
Cómo los rayos de Júpiter ayudan a entender el clima terrestre

El interés va más allá de la curiosidad. En la Tierra, los rayos son clave en el clima, pero aún hay incógnitas sobre su formación. En la última década se identificaron varios tipos de “eventos luminosos transitorios” (TLE), como sprites, chorros, halos y ELVE, cuya relación con procesos atmosféricos sigue en estudio.
En Júpiter, el estudio de rayos permite observar la convección en una atmósfera dominada por hidrógeno, muy distinta a la terrestre. Según Wong,
“las tormentas necesitan mucha más energía para ascender. Al alcanzar mayores altitudes, liberan esa energía con violencia, produciendo fuertes vientos e intensos relámpagos entre nubes”.

Las tormentas de Júpiter pueden superar los 100 kilómetros de altura, frente a los 10 kilómetros típicos en la Tierra. Esto incrementa la distancia entre regiones de carga eléctrica y podría explicar la potencia de los rayos.
El proceso de formación de relámpagos en Júpiter es probablemente similar al terrestre: vapor de agua que asciende, se condensa en gotitas y cristales de hielo, y se carga eléctricamente. En la Tierra, esto produce granizo; en Júpiter, las partículas de hielo contienen agua y amoníaco, formando “bolas de hielo” que caen como granizo blando.
Un rayo terrestre típico libera 1 gigajulio, suficiente para abastecer 200 hogares durante una hora. En Júpiter, un solo rayo podría liberar entre 500 y 10,000 veces más energía, según Wong. Algunos estudios sugieren potencias un millón de veces superiores, aunque las diferencias en longitudes de onda generan incertidumbre.

El avance más relevante fue separar la potencia de la fuente y su ubicación gracias al estudio de supertormentas sigilosas aisladas. Esto permitió analizar la potencia real de los pulsos y construir una base de datos más precisa sobre la actividad eléctrica en Júpiter.
Sin embargo, quedan muchos misterios. Wong plantea:
“¿Podría ser que la diferencia clave radique en las atmósferas de hidrógeno frente a las de nitrógeno, o podría ser que las tormentas sean más altas en Júpiter y, por lo tanto, impliquen mayores distancias?”
También se pregunta si la mayor energía se debe a la necesidad de acumular más calor antes de que una tormenta se desencadene.

El estudio de los rayos en Júpiter no solo ayuda a comprender el clima de ese planeta, sino que amplía el conocimiento sobre la física de las tormentas en general. Saber cómo se comportan los rayos en atmósferas diferentes aporta claves sobre la formación de tormentas, la distribución de energía y la dinámica atmosférica en la Tierra y otros mundos.
Los próximos pasos apuntan a reducir la incertidumbre sobre la duración y potencia de los pulsos, y a entender cómo la estructura y composición de la atmósfera de Júpiter influye en la generación de rayos. Cada avance acerca a la ciencia a una visión integral de los procesos climáticos en el sistema solar y en nuestro planeta.
Fuente: Infobae