La moda del gris millennial está quedando atrás. Las tendencias actuales en color para interiores apuestan por tonos tierra intensos, verdes azulados profundos y blancos con matices, según la especialista en color Belén Sanz, citada por la revista AD.
Los colores y acabados más demandados para pintar habitaciones se centran ahora en marrones tierra, verdes azulados intensos y blancos que cambian con la luz. Las paredes con textura y acabados mate ganan protagonismo, creando una atmósfera de refugio y autenticidad, mientras el gris neutro pierde su liderazgo.

Durante años, el gris millennial fue el color de referencia por su versatilidad y elegancia, combinando con diversos estilos. Sin embargo, Sanz explica a la revista AD que ahora el público busca opciones “con matices mucho más complejos” y un toque personal en la decoración.
Este giro hacia el color no significa que el maximalismo domine. La experta señala que los consumidores prefieren tonos intensos para detalles específicos, como una pared, el techo o zonas de paso, sin saturar el ambiente. “El color ahora aparece en pequeños gestos… No creo que el mercado general se haya vuelto maximalista, pero sí se percibe menos solemne”, afirma Sanz.
Los nuevos protagonistas: marrones, verdes azulados y blancos

Las opciones más solicitadas incluyen marrones tierra, umber y ocres tostados, con “Mocha Mousse” como el color destacado de 2025. Los verdes azulados intensos también ganan terreno, pese a que antes se consideraban arriesgados.
Estos tonos densos y sofisticados buscan crear ambientes envolventes, reforzando la sensación de refugio y dejando atrás el carácter impersonal de los colores neutros. Según Sanz, el objetivo no es un impacto inmediato, sino espacios acogedores con identidad propia. “Estos tonos nos enraízan”, comenta la experta, destacando el valor de lo duradero frente a las modas pasajeras.

El blanco se renueva: matices que evolucionan con la luz
El blanco matizado sigue vigente, pero lejos del blanco frío tradicional. Sanz indica que la tendencia actual privilegia blancos menos puros y más empolvados, con matices ligeros que ofrecen un efecto etéreo. “Cloud Dancer”, elegido por Pantone para 2026, ejemplifica esta preferencia por blancos que cambian según la luz.
La mutabilidad de estos blancos es clave: un mismo tono puede parecer lino seco por la mañana y acercarse al vainilla al atardecer. Esta cualidad, antes considerada un defecto, ahora es buscada activamente porque permite que los colores acompañen el ciclo natural de luz y potencien el bienestar en el hogar.

Texturas orgánicas: el regreso de las paredes con carácter
Junto al cambio cromático, resurge la tendencia de paredes con textura, impulsada por el deseo de experiencias sensoriales y autenticidad. “En un mundo saturado de pantallas e inteligencia artificial, el hogar se convierte en un refugio analógico”, señala Sanz.

Materiales como la cal, el estuco y los acabados mate ganan popularidad, dejando vetas e irregularidades que evocan la naturaleza. Lejos de buscar superficies lisas, los acabados orgánicos remiten al barro, la piedra o los tejidos, aportando cuerpo y personalidad a cada espacio.
Esta transformación en colores y texturas responde a la búsqueda de ambientes que estimulen los sentidos y ofrezcan una experiencia física del espacio. El color deja de ser un simple fondo para convertirse en parte activa del confort y la identidad del hogar, según concluye la revista AD.
Fuente: Infobae