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Alberto Sándel: entre la muerte y la divinidad en 12 relatos

Siete días para estar muerto o ser un dios, del escritor Alberto Sándel, va más allá del cuento convencional para adentrarse en una profunda reflexión sobre la vida actual.

El autor confiesa que los relatos no nacieron como un conjunto planificado, sino que fueron surgiendo casi por revelación en medio de la pandemia, mientras participaba en un taller literario colectivo.

Así, las historias surgieron de consignas de escritura —como palabras clave o géneros determinados— y también de obsesiones personales que el autor ya arrastraba.

Tras varias reescrituras, los textos lograron una unidad que el autor define como honesta. Cuesta afirma:

«era lo más lejos que yo podía llevarlo sin romper la intención original»

, y considera que publicar el libro fue un acto de cerrar un ciclo y soltar.

Doce cuentos que forman un tarot personal

Presentación libro

La contraportada describe el libro como una indagación «lúcida y delirante sobre los límites entre la vida y la renuncia», un territorio donde chocan la creatividad y la rutina que consume. Doce cuentos, pensados como arcanos de un tarot personal, intentan reconciliar opuestos como el arte y el aburrimiento, el terror y el amor, la razón y la magia.

La estructura responde a una intención: Sándel construye el libro sobre los primeros doce arcanos mayores del tarot, no como mera decoración sino como estructura simbólica. Cada cuento conversa con un arquetipo, creando una lectura que algunos han comparado con una novela por la reaparición de personajes y los ciclos narrativos.

Uno de los hilos conductores es Roberto Ezequiel, también llamado Chinguerito Maitú, un personaje que cambia, muere, vuelve y se transforma, representando la idea de vidas múltiples dentro de una misma existencia. Le acompaña Elías Espitia, quien evoca la pérdida de estilos de vida tradicionales y la desaparición de espacios comunitarios. Ambos actúan como guías iniciáticas, con ecos de figuras míticas y literarias.

La búsqueda de lo sagrado en la modernidad

El que cuida el umbral del libro, Siete días para estar muerto o ser un dios (FB)

Más allá de la forma, la obra está marcada por una inquietud central: la relación actual con lo sagrado. Según Cuesta, hoy lo sagrado se ha vuelto superficial, un producto de consumo. No obstante, sobrevive en prácticas marginales como supersticiones, vivencias comunitarias o expresiones culturales que guardan un resto simbólico.

El autor precisa que no es un libro de terror tradicional, sino una mirada al punto donde la rutina se quiebra. Cuesta dice:

«Lo que me interesa es esa zona en la que la vida ordinaria se fisura»

, y recupera influencias de la literatura, la antropología y el pensamiento simbólico.

La contraportada lo resume: «lo cotidiano se fractura con una naturalidad perturbadora», y la muerte, el deseo y la belleza se mezclan en una prosa que va de lo poético a lo filosófico y lo grotesco. Así, el libro se convierte en un espejo sombrío de una generación dividida entre la productividad y la necesidad de significado.

Los cuentos abordan la crisis laboral —la sensación de recorrer una ruta correcta que no lleva a ninguna parte—, la crisis del arte —entre crear, consumir o refugiarse— y el duelo, especialmente en un relato sobre la pérdida de un hijo, de tono muy personal.

El título resume la tensión: los siete días de la semana laboral frente a los siete días de la creación divina. La pregunta clave es si vivimos para repetir un ciclo automático o para edificar algo que vaya más allá de lo práctico.

La obra no da respuestas fáciles; plantea una indagación. No es una trascendencia religiosa convencional ni un optimismo ingenuo, sino la oportunidad —«mínima pero luminosa»— de imaginar otra manera de vivir dentro del hastío.

En suma, Siete días para estar muerto o ser un dios no es solo una colección de cuentos, sino un mapa simbólico donde lo diario converge con lo sagrado. Ser un dios no es omnipotencia, sino la urgencia de no reducir la vida a mera obediencia.

Fuente: Infobae

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