La comunidad astrofísica se encuentra en un intenso debate tras la difusión de un estudio internacional que plantea que el universo podría colapsar mucho antes de lo que se pensaba. El trabajo, publicado en el repositorio científico arXiv, desafía las teorías previas sobre una expansión cósmica eterna y propone un nuevo escenario: el Big Crunch.
Según los cálculos de este equipo de científicos, liderados por investigadores surcoreanos, la vida útil del universo se reduciría a tan solo 33 mil millones de años, una cifra que en la escala cósmica representa un período relativamente breve. Hasta ahora, las predicciones más aceptadas sugerían un final lejano, como la muerte térmica (Big Freeze) o incluso un desgarramiento (Big Rip), pero no un colapso total.

El nuevo modelo, denominado energía oscura de axiones (aDE), introduce una combinación novedosa: un campo de axiones (materia oscura ultraligera) junto a una constante cosmológica. La interacción entre ambos elementos, según simulaciones numéricas, alteraría el destino del cosmos. Si la constante adquiere un valor negativo, la expansión se frenaría y eventualmente se revertiría, desencadenando un Big Crunch.
El concepto de Big Crunch no es nuevo, pero había sido relegado tras el descubrimiento de la expansión acelerada en 1998. Sin embargo, los datos más recientes de los proyectos DES (Sondeo de Energía Oscura) y DESI (Instrumento Espectroscópico de Energía Oscura) han permitido cartografiar la distribución de cientos de millones de galaxias con una precisión sin precedentes. Estos instrumentos, instalados en observatorios de primer nivel, recopilaron información clave sobre la velocidad y aceleración de la expansión cósmica, así como sobre la naturaleza de la energía oscura.

La energía oscura representa uno de los mayores misterios de la física moderna. Se trata de una fuerza invisible que impulsa la aceleración del universo y compone cerca del 68% de su contenido total. Tradicionalmente se asumía que la energía oscura se comportaba como una constante cosmológica, es decir, de intensidad invariable. No obstante, el nuevo estudio desafía esa premisa.
Según los autores, las mediciones más recientes indican que la ecuación de estado de la energía oscura, que vincula presión y densidad, no es fija, sino que varía conforme evoluciona el universo. Esta conclusión se basa en el análisis combinado de los datos de DES y DESI.

El equipo responsable del análisis advierte que su propuesta requiere validación adicional. En una declaración citada por el portal arXiv, afirman:
“Las observaciones de DES y DESI que sugieren que la constante cosmológica no es estática son intrigantes, pero aún necesitan verificación. Este modelo depende de muchas variables, y varias combinaciones diferentes de ellas podrían explicar las observaciones, aunque una constante cosmológica negativa —y el consiguiente Big Crunch— sigue siendo la opción más probable”.
El debate se intensificó a partir de los resultados de DESI, instalado en un telescopio en el desierto de Arizona. Este instrumento fue diseñado para investigar la naturaleza de la energía oscura mediante el seguimiento detallado de la aceleración de millones de galaxias. Los datos obtenidos por DESI sorprendieron a la comunidad científica, abriendo nuevas preguntas sobre el comportamiento a largo plazo del universo.

Hasta 1998, la teoría dominante suponía que la expansión cósmica, iniciada con el Big Bang hace unos 13.800 millones de años, se ralentizaría por la gravedad. Sin embargo, el estudio de supernovas demostró que las galaxias más distantes se alejan con velocidad creciente, consolidando la hipótesis de la energía oscura como fuerza dominante.
Diversas teorías buscaron explicar el destino final: el Big Freeze (muerte térmica), el Big Rip (desgarramiento), y el Big Crunch (colapso). Este último parecía improbable hasta la publicación de los nuevos datos.

El proceso del Big Crunch implicaría que la energía oscura pierde influencia, permitiendo a la gravedad revertir la expansión. Las galaxias, estrellas y estructuras cósmicas se acercarían hasta fusionarse, incrementando la temperatura hasta destruir toda la materia conocida. Eventualmente, el universo se reduciría a una singularidad, donde las leyes físicas actuales dejan de aplicarse.
Algunas variantes teóricas sugieren que tras ese colapso podría generarse un nuevo ciclo, conocido como Big Bounce. Esta hipótesis cíclica, aunque atractiva, carece de pruebas observacionales directas.

El modelo aDE aporta una herramienta matemática para describir la evolución de la energía oscura a lo largo del tiempo. Los autores ejecutaron simulaciones que, al ajustarse a los valores de mejor concordancia con las observaciones, predicen que el colapso cósmico se produciría dentro de 33.300 millones de años. Esta cifra contrasta con las estimaciones anteriores, que situaban la vida útil del universo en un billón de años o más.
La ciencia avanza sobre terreno incierto, y cada hallazgo abre nuevas preguntas. Se necesitan más datos para poner a prueba este modelo con rigor. El cosmos mantiene su misterio, y el debate sobre la naturaleza de la energía oscura y el destino último del universo sigue abierto, con cada avance aportando nuevas piezas a un enigma que desafía los límites del conocimiento humano.

Fuente: Infobae