El saldo fue devastador: 63 muertos, más de 3.000 heridos, entre 7.000 y 12.000 detenidos, 3.100 negocios destrozados o saqueados, más de 7.000 incendios, el barrio coreano casi totalmente destruido y pérdidas económicas superiores a 1.000 millones de dólares. Todo comenzó una hora y cinco minutos después de que un jurado leyera cuatro veces la misma palabra: inocente.
El 29 de abril de 1992, a las 15:20, el sargento Stacey Koon y los agentes Theodore Briseño, Laurence Powell y Timothy Wind quedaron en libertad. Estos cuatro policías, que habían golpeado a Rodney King mientras yacía en el suelo, fueron absueltos de la mayoría de los cargos. Existía un video que mostraba todo, pero no sirvió de nada.
La historia se remonta a catorce meses antes. Rodney King, de 25 años, había bebido y fumado marihuana, y conducía su Hyundai blanco por la autopista de Los Ángeles a más de 170 km/h. Tres meses antes había salido de prisión tras cumplir condena por robar un mercado armado con una barra de hierro. Estaba en libertad condicional y no quería regresar a la celda.

En el auto iban también sus amigos Bryant Allen y Freddie Helms. Cantaban a gritos con las ventanillas bajas. King pisaba el acelerador cada vez más, llegando a rozar los 190 km/h.
Un matrimonio de policías que esperaba al costado de la autopista los vio pasar e inició la persecución. Se sumaron más patrulleros y un helicóptero los siguió desde el aire. King tomó una salida y la fuga continuó por barrios residenciales con una flota de autos policiales detrás.
Finalmente, un patrullero le cerró el paso en Lake View Terrace, en el Valle de San Fernando. Allen y Helms bajaron con las manos en alto y se tiraron al suelo sin problemas. King tardó más. Cuando por fin abrió la puerta, levantó los brazos para saludar burlonamente al helicóptero, se rió a carcajadas y se agarró las nalgas con ambas manos.

Cuatro policías se abalanzaron sobre él. Lo tiraron al suelo y descargaron sobre su cuerpo toda la furia acumulada en la persecución.
George Holliday no podía dormir esa noche. Escuchó las sirenas, el ruido del helicóptero y los gritos. Tomó su cámara de video Sony Handycam, se asomó a la ventana y tardó unos segundos en enfocar. Vio a cuatro policías blancos rodeando a un hombre negro ya en el suelo: lo pateaban, lo golpeaban con sus porras y le aplicaban descargas eléctricas con Taser. El hombre ya no se defendía.
En el video se contaron 56 golpes, y hubo más antes de que la cámara se encendiera.
A las 48 horas, Holliday llamó a la policía para preguntar sobre lo ocurrido. La respuesta fue que no brindaban esa información. Su esposa le sugirió llevar el cassette a KTLA, el canal local. Cuando regresó a casa, el contestador estaba lleno de mensajes. Esa misma noche, el noticiero de KTLA abrió su emisión con el video. La CNN lo replicó de inmediato y en pocas horas casi todo el mundo lo había visto.
El nombre de Rodney King —su primer nombre, el que no usaba, pues sus cercanos lo llamaban Glen— se convirtió en símbolo de la violencia policial y el racismo. Su abogado, Milton Grimes, lo resumió ante CNN en el documental Race and Rage:
“Finalmente, habíamos atrapado al Monstruo del Lago Ness con una videocámara”.
Los informes médicos registraron nueve heridas en la cabeza, fractura de tobillo, costillas rotas, magulladuras en todo el cuerpo, hemorragias internas, daño en la cavidad ocular derecha y posibles lesiones cerebrales. Le colocaron una placa metálica para reconstruir el hueso. Una enfermera del hospital testificó que los policías se burlaban de King en la guardia mientras lo atendían.

Los agentes alegaron que creyeron que King estaba bajo los efectos del PCP, una droga que supuestamente aumenta la fuerza física e insensibiliza al dolor. Los análisis toxicológicos demostraron que no había consumido esa sustancia.
El entonces presidente de Estados Unidos, George H.W. Bush, calificó el comportamiento policial como “indignante”. La indignación se extendió por todo el país. La comunidad negra de Los Ángeles llevaba años denunciando la brutalidad sin que nadie grabara nada. Esta vez había imágenes.
El sargento Koon y los agentes Briseño, Powell y Wind fueron acusados de asalto con arma letal y uso excesivo de la fuerza. La acusación tenía el video de Holliday como prueba central. Aun así, el juicio se trasladó a Simi Valley, una ciudad del condado de Ventura, lejos del centro de Los Ángeles.

El jurado que deliberó no tenía ningún integrante negro. Tardó siete días. El 29 de abril de 1992, a las 15:20, los cuatro policías quedaron absueltos de la mayoría de los cargos. En la puerta del tribunal se habían reunido 300 personas para escuchar la decisión. El alcalde de Los Ángeles anunció una conferencia de prensa para unas horas después, en la que condenaría el fallo.
Los disturbios de Los Ángeles de 1992 estallaron ese mismo día, poco después de conocerse la absolución. El veredicto fue la chispa que encendió décadas de tensión acumulada entre la comunidad negra y la policía. La pobreza, el racismo y la marginación componían un polvorín, y la decisión del tribunal se entendió como un nuevo desprecio. Solo en el primer día murieron doce personas. Fueron los peores disturbios en Los Ángeles desde los de Watts en 1965.
En los días siguientes murieron entre 53 y 63 personas según la fuente, y las pérdidas superaron los USD 1.000 millones. Fueron los mayores disturbios urbanos del siglo XX en una ciudad estadounidense. El polvorín se encendió cuando cinco jóvenes negros entraron a un supermercado coreano, tomaron botellas de vodka y salieron sin pagar. El dueño los detuvo. Uno le partió la botella en la cabeza. Los otros lanzaron el alcohol contra la vidriera, que estalló. “Esto es por Rodney King”, gritó alguien.

En la esquina de Florence Boulevard y Normandie Avenue, otros jóvenes afroamericanos comenzaron a atacar autos con piedras y ladrillos. En minutos, los conductores eran bajados a la fuerza de sus vehículos y golpeados en la calle.
Ese cruce estaba en una de las zonas con mayor concentración de pobreza, desempleo y violencia de pandillas. El historiador Mike Davis publicó el 1 de junio de 1992 en The Nation un ensayo titulado In L.A., Burning All Illusions, donde recogió el testimonio de un joven de la pandilla Inglewood Bloods:
“¿Rodney King? Nada que ver. Mis amigos son golpeados como perros por la policía todos los días. Este disturbio es por todos los vecinos asesinados por la policía, por la hermanita que mataron los coreanos, por veintisiete años de opresión. Rodney King fue solo el detonante”.
Los incendios, saqueos y asaltos se extendieron por toda la ciudad durante cinco días. Las autoridades declararon el estado de emergencia y las fuerzas militares tomaron la ciudad.

El 1 de mayo, dos días después del inicio de las revueltas, Rodney King apareció ante las cámaras conmocionado y pidió que parara la violencia:
“Sólo quiero decir, ¿nos podemos llevar todos bien?”.
La intersección de Florence y Normandie, años después, seguía siendo una de las zonas con mayor reincidencia delictiva de Los Ángeles, según datos policiales. Para 2012, la ciudad había reducido los delitos violentos en un 70% y los homicidios en un 73% desde 1992, pero no en esa esquina.
Un vecino describió: “La comunidad va cada vez mejor, todo está cambiando poco a poco, no va a cambiar de un año para otro, esto toma tiempo”. Un policía añadió: “Hace 20 años eran únicamente palabras, hoy tienen verdadero significado y aplicación”.

En 1993 se celebró un segundo proceso. Esta vez dos de los cuatro agentes fueron condenados: Stacey Koon y Laurence Powell. Los otros dos quedaron libres nuevamente.
En un proceso civil separado, la ciudad de Los Ángeles pagó a Rodney King una indemnización de 3,8 millones de dólares.
King siguió teniendo problemas con el alcohol. Fue detenido varias veces y en 1996 pasó un breve tiempo en prisión. El 17 de junio de 2012 murió en su casa de Rialto, California, ahogado en una piscina tras consumir drogas y alcohol. Tenía 47 años.
En 2012, antes de morir, King publicó su libro The Riot Within y reflexionó sobre las cámaras de video:
“Estoy muy contento de que hubiera una cámara ese día. Mi gente en aquella época estaba recibiendo palizas de los policías”.
Fuente: Infobae