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Misterioso orbe dorado en Alaska era residuo de anémona de mar profundo

El descubrimiento de un misterioso orbe dorado en las profundidades marinas frente a las costas de Alaska generó gran expectativa entre los científicos y el público.

En el marco de una misión del buque Okeanos Explorer, los especialistas se toparon con este elemento poco común a gran profundidad, en un área de difícil acceso por las duras condiciones del océano. El objeto, de apariencia brillante y superficie lisa, estaba adherido a una roca, lo que complicó su recuperación y aumentó el misterio sobre su procedencia.

Los investigadores documentaron el hallazgo y recolectaron la muestra para analizarla en un laboratorio, dando inicio a una investigación que mantuvo en vilo a la comunidad científica. La noticia se propagó con rapidez, generando interrogantes sobre si se trataba de una nueva especie o de algo completamente desconocido, según reportes iniciales de la NOAA Ocean Exploration.

El enigma del orbe dorado

Las primeras hipótesis sobre el orbe dorado incluyeron la posibilidad de que fuera un huevo marino, restos de esponja o un biofilm desconocido (YouTube: NOAA Ocean Exploration)

Desde el principio, el orbe generó dudas: ni las imágenes del vehículo submarino ni los análisis visuales iniciales permitieron una identificación clara. Las hipótesis variaron desde un huevo marino hasta restos de esponja o un biofilm desconocido, alimentadas por la falta de antecedentes. En las expediciones de aguas profundas, es común hallar organismos no clasificables de inmediato, pero este caso resaltó porque, pese a la tecnología avanzada, el misterio perduró hasta que las muestras llegaron a centros especializados.

Análisis científico revela su verdadera naturaleza

El análisis en laboratorio descartó teorías iniciales y determinó que el orbe consistía en células muertas de una anémona de mar profunda 
(credito Eilat Gil Koplovitch)

Para resolver el acertijo, el objeto fue examinado minuciosamente en el Museo Nacional de Historia Natural del Smithsonian. Un análisis publicado en abril de 2026, basado en ADN y morfología celular, ofreció la respuesta definitiva. Steven Auscavitch, líder del estudio, explicó que la muestra se obtuvo con un muestreador de succión, herramienta clave para extraer especímenes frágiles del lecho marino sin dañarlos. El informe concluyó que el orbe no era un huevo, esponja ni biofilm, sino un conglomerado de células muertas de una anémona de mar profundo. Esta conclusión despejó las dudas iniciales y reveló que se trataba de residuos orgánicos, no de un ser vivo.

Identifican la especie responsable

Las tecnologías avanzadas de recolección y observación resultaron esenciales para preservar el orbe dorado para estudios detallados (YouTube: NOAA Ocean Exploration)

Los resultados indicaron que el orbe correspondía a restos orgánicos de la Relicanthus daphneae, una anémona gigante poco frecuente que vive en las profundidades abisales. Los científicos lo describieron como una “cutícula biológica”, un cúmulo de células muertas que estas criaturas segregan para anclarse a las rocas. La identificación de esta especie cerró el caso de manera definitiva y destacó la asombrosa biodiversidad del fondo marino. La validación, realizada por el Laboratorio Nacional de Sistemática de la NOAA, se basó en técnicas moleculares. Las expediciones del Okeanos Explorer suelen revelar hallazgos sorprendentes, pero este orbe dorado sirve como recordatorio de que los objetos más extraños del océano pueden ser simplemente vestigios de vida conocida que se manifiesta de formas inesperadas.

Fuente: Infobae

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