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Alejandro Sanz revela a Jordi Évole cómo la depresión le provoca temblores tras los conciertos

La reciente gira por Estados Unidos del cantautor Alejandro Sanz ha sido un punto de inflexión en su vida, marcado por la aceptación de su depresión y una nueva perspectiva. Durante la grabación del cierre de temporada de Lo de Évole, el artista conversó con Jordi Évole y compartió que, aunque el impacto de la depresión aún se siente, ha aprendido a reconocer sus síntomas, manejar su entorno y priorizar las relaciones personales para disfrutar plenamente de su carrera.

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Según relató Sanz, el escenario se ha convertido en su principal refugio emocional. El primer concierto que ofreció tras el diagnóstico de depresión le hizo enfrentar una realidad desconocida: al bajar del escenario y sentir la presencia del público, comenzaba a temblar. A este episodio le siguieron manifestaciones recurrentes de pánico y ansiedad, hasta que Sanz identificó estos signos y decidió modificar radicalmente sus rutinas en las giras, incorporando la compañía de amigos de confianza y eliminando compromisos sociales forzados en el backstage.

A lo largo del recorrido compartido entre Washington y Nueva York, el cantautor profundizó en los efectos de la depresión y en el proceso íntimo para superar situaciones de soledad tras los conciertos. En su diálogo con Évole, recordó que una de las experiencias más negativas para su salud mental era la sensación de aislamiento después de cada actuación: la adrenalina del directo contrastaba con el vacío de regresar solo al hotel, un momento que Sanz identifica como punto de inflexión.

Las claves de Alejandro Sanz para combatir la depresión: rodearse de amistades y vacaciones junto a sus hijos

El testimonio de Alejandro Sanz recoge los momentos más críticos tras el diagnóstico. En su explicación a La Sexta, incidió en que, al principio, solo se sentía seguro estando sobre el escenario, pero al terminar, la reacción emocional se traducía en temblores y una necesidad de evitar el contacto con otras personas. El artista identificó estos episodios como ataques de ansiedad, lo que le llevó a prescindir de invitados por compromiso y a verbalizar su deseo de no ver a nadie si así lo sentía, una decisión que ahora considera esencial para su bienestar durante las giras.

El propio artista describió que las giras anteriores estuvieron marcadas por momentos incómodos, hasta el punto de permanecer en los camerinos hasta que el último asistente abandonaba la sala, solo para no afrontar el aislamiento posterior. Gracias a estos cambios y a la presencia constante de dos amigos durante los desplazamientos, ha comenzado a experimentar lo que califica como la etapa de mayor disfrute profesional de su trayectoria.

Fuera del plano estrictamente musical, Sanz compartió que la gestión del tiempo y el contacto con su familia se han vuelto prioritarios. Actualmente, organiza vacaciones junto a sus hijos para aprovechar cada instante, una posibilidad que no siempre había tenido y que ahora considera imprescindible.

En cuanto a la naturaleza de la enfermedad, el cantante señala que la depresión, en su experiencia, nunca desaparece completamente una vez que ha irrumpido en la vida de una persona. Aunque la intensidad de los episodios disminuye con el tiempo, según relató, la sensación permanece, siempre reconocible y latente. En palabras del propio Alejandro Sanz, la primera vez le resultó devastadora por desconocer el origen del malestar, apoyando la descripción de Joaquín Sabina, quien se refería a la depresión como una “nube negra”.

Las reflexiones sobre este proceso han llevado al artista a una mayor conciencia personal. Los últimos párrafos de su testimonio subrayan un cambio en la forma de afrontar cada día: dedica tiempo a sonreír y expresar gratitud cada mañana, convencido de que “la vida es increíble”. Además, enfatiza la importancia de contribuir al bienestar de los demás como el legado principal que desea dejar a sus cuatro hijos, más allá de cuestiones materiales.

El manejo emocional y la evolución vital de Alejandro Sanz

Durante el recorrido, Alejandro Sanz vinculó su madurez reciente a una gestión emocional más consciente y a una visión del futuro menos enfocada en el éxito profesional. Manifestó que, en los últimos dos años, se siente más capacitado para controlar sus pensamientos y reacciones, lo que atribuye tanto a la experiencia acumulada como a la convivencia con las consecuencias de la depresión.

Cuestionado por Jordi Évole sobre los rasgos de su carácter que preferiría no ver reflejados en sus hijos, Sanz identifica de inmediato la tendencia obsesiva que en ocasiones le ha impedido disfrutar de los pequeños momentos. Para él, el aprendizaje extraído del proceso se resume en evitar aquello que no apetece hacer, sin importar las expectativas ajenas, y en afirmar abiertamente “no quiero ver a nadie” si esa es su necesidad.

La gira actual, según su propio testimonio, significa no solo la superación de etapas oscuras, sino un ejercicio continuo de autoconocimiento y de búsqueda del equilibrio entre la exposición pública y la protección del espacio personal. El artista reiteró que, más allá del escenario, su prioridad reside ahora en preservar la estabilidad emocional y en consolidar su entorno cercano.

Fuente: Infobae

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