Óscar Rosas Ramírez, chef especializado en cocina mediterránea y oriundo de Bucaramanga, pasó de la fama internacional a vivir una pesadilla en el corazón de Bogotá. A principios de la década del 2000, fue obligado a cocinar y degustar carne humana en una de las zonas más peligrosas de la capital colombiana.
El cocinero narró que los hechos ocurrieron en el antiguo sector conocido como El Bronx, un lugar que lo sumergió aún más en su adicción a la heroína, causándole la pérdida de su familia, sus bienes y su reputación.
Banquetes clandestinos con carne humana
En entrevista con el medio Vanguardia, el chef reveló que la práctica caníbal no era un hecho aislado en el sector durante los años 2000 y 2001. Según su testimonio, “dos o tres personas perdían la vida y esa carne no se desaprovechaba” a diario.
Además, aseguró que las víctimas eran cocinadas y servidas en banquetes ocultos para delincuentes y extranjeros atraídos por lo macabro de estos rituales. La exclusividad de estas experiencias se reflejaba en precios exorbitantes, que según el testimonio, atraían comensales de otros países, conformando una red clandestina de consumo de carne humana.

La caída en El Bronx
Óscar Rosas Ramírez llegó a Bogotá con una trayectoria que incluía trabajos en reconocidos establecimientos como el hotel Chilton Center de Roma. Había ganado prestigio internacional, pero regresó a Colombia con una fuerte dependencia de la heroína.
“Llegué de Nueva York con una adicción de heroína tremenda. Me costaba 410 dólares el gramo, no un dólar. Volví lleno de mentiras a Colombia. Me preguntaban si había hecho dinero. Nunca hice dinero para ahorrar. No, lo hice para consumir, eran 410 dólares cada dos días. Traté de tener una imagen sin dinero. Me di cuenta que en Colombia sin dinero no se puede vivir”, declaró al medio.
Sin familia, recursos ni salud, el chef terminó en el barrio Santa Fe, donde vivió de la caridad de mujeres trans y realizó trabajos humillantes a cambio de bazuco y alojamiento.

El testimonio de Vanguardia destapó cómo Rosas fue introducido al círculo de los Sayayines, una organización delictiva que controlaba El Bronx. Le encomendaron, bajo amenaza y encierro, la preparación de una cena especial: al abrir la bolsa le quedó claro por el olor y la textura que la carne no era de animal sino de humano: “Me obligaron a prepararla y a probarla”.
Le pagaron con drogas, le dieron acceso a la celebración y le prohibieron salir hasta cumplir la tarea. Terminó probando la carne humana que él mismo cocinó.
“Me proponen que les haga una mesa, una decoración y que les cocine para una ceremonia, solo los duros. Eso fue todo lo que me dijeron, preparé una mesa que valía $32 millones hace 10 años. Aquello era como un sótano, como las alcantarillas, debajo de la tierra. Entré por un roto que habían hecho. Abajo me advirtieron que ni por el putas iba a salir de allí. Me dijeron: le damos marihuana, bazuco, lo que usted quiera, pero no sale y cocine eso que está ahí en esa bolsa”, puntualizó.

En su diálogo con el medio, el chef confesó que intentó escapar en múltiples ocasiones, incluso llegando a cortarse el cuello con un vidrio. Fue entonces cuando abandonaron su cuerpo en la calle, sin saber que allí sería rescatado. Considera que ahí la vida le dio una segunda oportunidad.
Según su propio relato, la oración y la fe religiosa fueron determinantes para iniciar su proceso de recuperación, tras casi dos décadas sumido en el infierno ubicado en pleno corazón de Bogotá, a escasos metros de la Casa de Nariño. Esto demuestra que la frialdad de la calle no está solo en el clima típico capitalino, sino en aquellos que la habitan y se mueven en estos sectores donde no solo la ruina está presente, sino también cantidades exageradas de dinero y deseos turbios, como el consumo de carne humana.
Fuente: Infobae