La carrera diplomática para definir al sucesor de António Guterres al frente de la Secretaría General de la ONU ha ingresado en una etapa determinante. Por segunda ocasión en la historia de este organismo multilateral, se han inaugurado audiencias públicas. En estas sesiones, los aspirantes exponen sus planes de trabajo y se someten a los cuestionamientos de los 193 Estados miembro, así como de diversos actores de la sociedad civil internacional.
Este procedimiento representa un avance significativo hacia la transparencia institucional, en un sistema que tradicionalmente ha estado dominado por las negociaciones de alto nivel y los acuerdos reservados entre las grandes potencias globales.
¿Cómo se define la titularidad de la Secretaría General?
Aunque la Secretaría General de la ONU es considerada una de las posiciones de mayor peso en la geopolítica mundial, su método de elección no se basa exclusivamente en un concurso de méritos. De acuerdo con las normas establecidas desde 1945, el nombramiento debe contar con el aval de la Asamblea General, pero el filtro determinante reside en el Consejo de Seguridad.
Este consejo está integrado por quince naciones, resaltando la importancia de los cinco miembros permanentes con poder de veto: Estados Unidos, China, Rusia, el Reino Unido y Francia. En la práctica, si cualquiera de estos cinco países decide vetar a un postulante, este queda automáticamente fuera del proceso. Únicamente quienes logren el respaldo unánime o mayoritario sin vetos en el Consejo pasan a la votación definitiva en la Asamblea.

Esta estructura explica por qué la designación suele ser el resultado de un intrincado equilibrio geopolítico. Si bien se fomentan las entrevistas públicas para dar legitimidad, las determinaciones fundamentales suelen ocurrir en las reuniones privadas sostenidas por los embajadores de las potencias dominantes.
Requisitos, votación y alternancia geográfica
Formalmente, no existen restricciones de género, nacionalidad o trayectoria específica para postularse. No obstante, rige una tradición de rotación geográfica no escrita, que busca que la dirección de la organización alterne entre las distintas regiones del planeta. En este contexto, cabe destacar que América Latina solo ha ocupado este cargo una vez en más de ocho décadas, bajo el liderazgo del peruano Javier Pérez de Cuéllar entre 1982 y 1991.
El cronograma formal incluye la oficialización de candidaturas, las presentaciones ante la comunidad internacional y las deliberaciones secretas en el Consejo de Seguridad. La Asamblea General, donde cada nación posee un voto, tiene la función de ratificar al seleccionado, aunque carece de potestad para anular un veto previo del Consejo. Se espera que el nombre del ganador se dé a conocer meses antes del cierre del periodo actual para asegurar una transición eficiente hacia el 1 de enero de 2027, fecha en que el nuevo secretario asumirá sus funciones.
Análisis de los candidatos en disputa
Michelle Bachelet (Chile)

Con 74 años de edad, Michelle Bachelet cuenta con el hito de haber sido presidenta de Chile en dos periodos (2006-2010 y 2014-2018). Médica de profesión y sobreviviente de la dictadura de Pinochet, posee un currículum internacional robusto: fue la primera directora ejecutiva de ONU Mujeres y se desempeñó como Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos.
Durante su gestión en derechos humanos, la publicación de un informe sobre la situación de la minoría uigur provocó roces diplomáticos con China. Bachelet se ha manifestado
“convencida”
de que su experiencia es la adecuada para enfrentar un panorama de
“desafíos de magnitud, urgencia y complejidad sin precedentes”
. Actualmente cuenta con el respaldo de México y Brasil, aunque el actual gobierno de Chile le ha retirado su apoyo oficial.
Rafael Grossi (Argentina)

El diplomático argentino Rafael Grossi, de 65 años, lidera desde el año 2019 el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). Su gestión se ha caracterizado por la mediación en crisis de alta sensibilidad nuclear, incluyendo las tensiones por el programa atómico de Irán y la seguridad en la central de Zaporizhzhia, en territorio ucraniano bajo control ruso.
La visión de Grossi se fundamenta en retomar el objetivo primordial de las Naciones Unidas:
“Salvar a la humanidad del flagelo de la guerra”
. Es reconocido como un estratega pragmático con capacidad de interlocución directa con los actores clave del Consejo de Seguridad.
Rebeca Grynspan (Costa Rica)

Economista de 70 años y ex vicepresidenta de Costa Rica, Rebeca Grynspan encabeza actualmente la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD). Como hija de sobrevivientes del Holocausto, tuvo un papel crucial en la mediación de la Iniciativa del Mar Negro entre Rusia y Ucrania para el transporte de granos durante el conflicto bélico.
Grynspan es una firme defensora de la “Carta de la ONU” como herramienta esencial frente a la desconfianza global. Su perfil técnico y su conocimiento profundo de los organismos multilaterales la sitúan como una fuerte candidata de consenso.
Macky Sall (Senegal)

El exmandatario senegalés Macky Sall, de 64 años, se presenta como el único representante del continente africano en esta etapa. Tras gobernar Senegal entre 2012 y 2024, propone que la estabilidad mundial depende de combatir la pobreza, las brechas de desigualdad y la crisis climática.
Aunque cuenta con el espaldarazo de Burundi, actual presidente de la Unión Africana, Sall enfrenta el reto de no poseer el apoyo de su propio país ni de su bloque regional inmediato. Asimismo, las críticas recibidas por la represión a protestas políticas durante su presidencia podrían influir negativamente en su evaluación ante el Consejo.
El futuro de la diplomacia global
Una vez concluidas las fases de exposición, el Consejo de Seguridad iniciará sus consultas a puerta cerrada para descartar a los candidatos que enfrenten vetos. Este proceso de decantación podría extenderse por varias semanas hasta alcanzar el consenso necesario. La designación final, que se formalizará ante la Asamblea General a finales de año, marcará el inicio de la gestión el 1 de enero de 2027.
Lo que está en juego es la capacidad de la ONU para modernizarse y recuperar la confianza en un mundo fragmentado. El perfil del elegido será determinante para navegar un escenario internacional cada vez más imprevisible y complejo.
Fuente: Fuente