La trayectoria judicial y social de Toti, popularmente identificado como “el chimpancé de mirada triste”, ha marcado un precedente fundamental en el ámbito de los derechos de los animales y la protección de grandes simios dentro del territorio argentino. Tras un prolongado periodo de disputas legales, activismo ciudadano y análisis de especialistas, una sentencia emitida por el fuero de Familia de General Roca ha dictaminado su traslado definitivo desde el establecimiento de la Fundación Bubalcó, situado en la provincia de Río Negro, hacia el Monkey World Ape Rescue Centre, un prestigioso santuario ubicado en Inglaterra.
Es importante destacar que Toti representa uno de los dos últimos ejemplares de su especie que permanecían en cautiverio en la nación. No obstante, a raíz del reciente fallecimiento de Tomy en el zoológico de La Plata, Toti se ha convertido oficialmente en el último chimpancé que vive bajo estas condiciones restrictivas en el país.

La biografía de este primate simboliza las profundas deudas éticas que la sociedad mantiene con los grandes homínidos. Su vida comenzó en cautiverio a principios de la década de los 90, específicamente en el zoológico de Jorge Cutini en la localidad de Ezeiza. A lo largo de los años, transitó por diversas instituciones hasta su arribo a Bubalcó, propiedad del exministro Julio Rajneri. En este sitio ha permanecido los últimos 13 años en un estado de aislamiento, con interacciones sociales mínimas y en un entorno que no satisface las complejas necesidades biológicas de su especie.
“Los chimpancés son seres extremadamente sociales. Para Toti, estar solo, sin nadie a quien acicalar o simplemente pasar el rato, es una forma de tortura. Ningún chimpancé debe estar confinado solo. Toti debe ser enviado a un centro especializado para la rehabilitación de grandes simios, donde pueda integrarse gradualmente a un grupo. Me preocupa mucho que continúe aislado, en un entorno tan árido. Espero que al menos se le proporcione mucho enriquecimiento”
Estas palabras fueron expresadas por la reconocida primatóloga Jane Goodall, máxima autoridad global en la defensa de los simios, previo a su deceso ocurrido en el año 2025.

El proceso judicial y técnico detrás del traslado
La orden de reubicación para Toti no es un evento aislado, sino la culminación de un engranaje complejo donde convergieron la justicia, la ciencia y diversas organizaciones civiles. El Ministerio Público de la Defensa de Río Negro desempeñó un papel determinante, impulsando un recurso de habeas corpus reparador en conjunto con la Asociación de Funcionarios y Abogados por los Derechos de los Animales (Afada). El objetivo primordial era finalizar la privación ilegítima de su libertad y asegurar su llegada a un santuario especializado.
Este proceso legal incluyó exhaustivas inspecciones oculares, reportes de carácter técnico y evaluaciones pormenorizadas sobre su estado de salud, dieta y las infraestructuras de alojamiento. En febrero de 2023, una sentencia de primera instancia ordenó inicialmente el traslado, decisión que fue ratificada posteriormente por el Superior Tribunal de Justicia de Río Negro y que alcanzó firmeza absoluta tras la participación de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Según confirmaron fuentes oficiales, la resolución judicial ha adquirido carácter de definitividad.

Al entrar en la fase de ejecución, se procedió a realizar pericias clínicas y consultas con expertos para verificar el bienestar psicofísico del animal y asegurar que el viaje internacional fuera factible. Durante un periodo superior a un año, especialistas de la Fundación Franz Weber y del Instituto Jane Goodall Argentina coordinaron las evaluaciones preparatorias. Los informes técnicos concluyeron de manera unánime que Toti está en condiciones de enfrentar el traslado bajo “riesgos controlables y bajo supervisión especializada”.
La resolución estipula que ambas fundaciones seguirán liderando la logística técnica y sanitaria, asumiendo además los costos económicos del proceso. Por su parte, el zoológico Bubalcó tiene la obligación de cooperar facilitando la documentación y permitiendo las tareas previas necesarias. Un pilar de este fallo es el reconocimiento de Toti como un “sujeto de derecho no humano en condición de vulnerabilidad”, una figura clave en la jurisprudencia moderna sobre bienestar animal.
El desafío de preservar a los grandes simios y el rol de los santuarios

La selección del Monkey World Ape Rescue Centre en el Reino Unido como nuevo hogar para Toti se basa en su historial de éxitos y en la recomendación directa de Jane Goodall. En dicho centro ya habitan Sasha y Kangoo, dos chimpancés que fueron enviados en 2022 desde el Ecoparque de la ciudad de Buenos Aires y que hoy se encuentran plenamente integrados a la vida social, lejos del aislamiento.
Este santuario ofrece un entorno natural diseñado para individuos que no pueden ser reintroducidos totalmente a la libertad, pero que requieren compañía de sus congéneres y un hábitat acorde a su biología. La situación crítica de Toti resalta la amenaza global que sufren estas especies. Desde la Fundación Goodall se advirtió: “Si no hacemos un cambio significativo en nuestra conducta con respecto a la naturaleza y los animales, en diez años habrán desaparecido las poblaciones de grandes simios”.

Entre las causas principales de esta crisis se encuentran la deforestación de selvas tropicales, el comercio ilícito y la reducción de sus hábitats naturales. En cuanto a la salud de Toti, los análisis de laboratorio más recientes confirman su aptitud para el vuelo internacional. Si bien los expertos admiten que existen factores de estrés por el ruido y los cambios de presión, se considera que la oportunidad de una vida digna y social prevalece sobre el mantenimiento del aislamiento actual.

La ejecución de esta medida judicial demanda una coordinación minuciosa de chequeos veterinarios y entrenamiento específico para que Toti logre una rehabilitación completa. El fin último es que pueda convivir en un ambiente donde se respeten sus necesidades psicofisiológicas y su comportamiento natural. El caso de Toti es, en última instancia, un llamado a reformular el modelo de exhibición en cautiverio y priorizar la integridad de los seres sintientes.
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