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Innovación permite convertir CO2 en combustible sin químicos tóxicos

Un innovador descubrimiento en la transformación de dióxido de carbono hacia combustibles de origen sintético surge como una respuesta estratégica ante la fragilidad del panorama energético internacional. Motivados por las interrupciones de suministro en el Estrecho de Ormuz, que afectaron aproximadamente a una quinta parte del flujo global de crudo y recordaron la crisis petrolera de 1970, la comunidad científica ha intensificado la búsqueda de alternativas a los hidrocarburos tradicionales.

Expertos de la National University of Singapore han conseguido perfeccionar la sostenibilidad y el rendimiento de la técnica electroquímica que procesa el CO₂ para obtener etanol y etileno. Estas sustancias son fundamentales para diversas cadenas industriales y su obtención limpia representa un hito en la ingeniería química actual.

En una investigación difundida por la prestigiosa revista Nature Energy, el equipo liderado por el profesor Andrew Barnabas Wong reveló que el secreto reside en recubrir catalizadores de cobre con capas biopoliméricas extremadamente delgadas. Estos materiales se extraen de fuentes naturales como conchas de crustáceos, madera y otros residuos orgánicos. Bajo este esquema, se obtuvo una selectividad del 90% hacia productos multicarbonados con una densidad de 1,6 amperios por centímetro cuadrado (A/cm²), alcanzando un notable 83% incluso al subir la potencia a 2,2 A/cm².

Dichos parámetros se sitúan entre los más eficientes registrados hasta ahora en la literatura científica para la conversión de CO₂ con tecnología basada en cobre. Un punto crucial es que estos biopolímeros desplazan el uso de materiales como el Nafion, pertenecientes a la familia de las sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (PFAS), los cuales están bajo estricta regulación internacional por su toxicidad y su permanencia indefinida en el ambiente.

Vista hiperrealista muestra la interacción detallada entre moléculas y una película de biopolímero de 2-5 nanómetros sobre una superficie de cobre (Imagen Ilustrativa Infobae)

Funcionamiento y beneficios de los nuevos recubrimientos

El proceso de conversión electroquímica utiliza la electricidad para romper los enlaces de las moléculas de agua y dióxido de carbono, recombinándolas en compuestos orgánicos industriales. Aunque el cobre es el material predilecto para esta tarea, dirigir la reacción específicamente hacia productos complejos como el etileno requiere un control microscópico de la superficie del catalizador. Históricamente, este control se lograba con PFAS, materiales costosos vinculados a problemas en el sistema inmunológico y riesgos oncológicos.

El estudio demostró que un recubrimiento orgánico de apenas dos a cinco nanómetros de espesor sobre el cobre no solo iguala, sino que mejora estos procesos. Estas capas concentran el gas cerca del catalizador y gestionan el paso de iones y agua de forma óptima. Al respecto, Andrew Barnabas Wong señaló:

“hemos mostrado que los productos químicos perpetuos (PFAS), hasta ahora considerados imprescindibles en estas tecnologías, podrían sustituirse por celulosa, quitina y quitosano —biopolímeros derivados de conchas marinas, exoesqueletos de insectos, madera u hojas muertas—”

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Viabilidad financiera y abandono de los PFAS

La implementación de un sistema tándem, que utiliza nanopartículas de cobre recubiertas y nanopartículas de plata de manera secuencial, permitió que casi la totalidad de la energía eléctrica se aprovechara en la creación de productos de alto valor. La robustez del método es evidente: al emplear quitina, la selectividad llegó al 95%, igualando las capacidades del Nafion pero con una ventaja económica abrumadora.

Mientras que el Nafion tiene un costo prohibitivo, el quitosano de alta pureza se comercializa por aproximadamente USD 50 el kilogramo, lo que representa un ahorro de mil veces en comparación con los materiales sintéticos tradicionales. Esta diferencia convierte a la tecnología en una opción no solo ecológica y biodegradable, sino plenamente competitiva en el mercado global, alineándose con las normativas que buscan erradicar los llamados «químicos eternos».

El paso de corriente eléctrica activa la reacción en la celda electroquímica y permite transformar CO₂ y agua en nuevos compuestos útiles (Imagen Ilustrativa Infobae)

Hacia una nueva era de combustibles industriales

Esta metodología abre una puerta para fabricar precursores químicos y combustibles utilizando energía renovable en lugar de derivados del petróleo. Aunque el desarrollo se encuentra en fases iniciales, el uso de biopolímeros provenientes de desechos permite elevar el rendimiento de los catalizadores sin comprometer la salud del planeta.

Según Wong, “este método simplifica y amplía la posibilidad de mejorar la selectividad de la reducción de CO₂”. El descubrimiento rompe el paradigma de que los PFAS eran componentes insustituibles para generar etanol y etileno de forma eficiente. Las próximas etapas de la investigación pretenden perfeccionar la estabilidad del sistema a largo plazo y balancear la producción de los diferentes compuestos obtenidos para satisfacer la demanda de la industria química moderna.

La infografía ilustra el proceso electroquímico innovador que convierte el dióxido de carbono y el agua en etileno y etanol, utilizando un catalizador de cobre recubierto con biopolímeros (Imagen Ilustrativa Infobae)

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