Durante una sesión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, el Gobierno de Rusia aclaró que el cese de hostilidades recientemente finalizado con motivo de la Pascua ortodoxa no representa bajo ningún concepto un «preludio» para alcanzar un pacto de paz permanente. Al mismo tiempo, la delegación rusa lanzó duras críticas contra Ucrania y la Unión Europea, a quienes responsabiliza de extender la duración del conflicto armado.
El representante permanente de la Federación Rusa ante el organismo, Vasili Nebenzia, no escatimó en descalificaciones al describir la reunión como un «espectáculo barato y de segunda categoría». En su intervención, el diplomático enfatizó que la pausa por la festividad religiosa «no puede considerarse bajo ninguna circunstancia un preludio de un alto el fuego de larga data».
Nebenzia manifestó un rechazo contundente a cualquier interrupción de los combates, similar a las peticiones realizadas por Kiev y diversas naciones europeas. Según su argumentación, este tipo de treguas serían aprovechadas por el bando ucraniano para el reagrupamiento y la acumulación de recursos militares. Para el embajador ruso, «eso es precisamente a lo que se refieren cuando hablan de un alto el fuego».
Tensiones diplomáticas y acusaciones cruzadas
En el marco de su discurso, el delegado del Kremlin señaló a los mandatarios de Europa por enviar al frente de batalla a ciudadanos ucranianos «de a pie», quienes, según su visión, no tendrían interés en combatir en favor de una administración que calificó de «corrupta».
Por su parte, el embajador de Ucrania, Andri Melnik, respondió enérgicamente denunciando lo que llamó «tácticas de pseudonegociación» por parte de Moscú. El diplomático ucraniano criticó la exigencia rusa de retirar tropas de regiones específicas como paso previo al diálogo. Basándose en la postura del presidente Volodimir Zelenski, Melnik afirmó tajantemente:
«jamás abandonaremos ni un solo milímetro cuadrado de nuestro territorio, ni a ninguno de nuestros conciudadanos»
.
El enviado de Kiev hizo un llamado urgente a los integrantes del Consejo de Seguridad, con especial énfasis en los países europeos, para promover una resolución que decrete un alto el fuego de carácter inmediato y sin condiciones. Además, propuso realizar un intercambio masivo de prisioneros de guerra bajo la modalidad de «todos por todos».
Análisis del conflicto en el terreno
Respecto a la situación militar, Andri Melnik sostuvo que Rusia está destinada a perder el enfrentamiento. Citó reportes de inteligencia que indican una cifra de 254 bajas militares rusas «por cada kilómetro cuadrado de territorio ucraniano que aún logra ocupar». El embajador estimó que, ante este escenario, el Ejército ruso requeriría el despliegue de al menos 1,5 millones de soldados adicionales para tomar el control total del Donbás.
Melnik añadió que, incluso para un líder como Vladimir Putin, para quien supuestamente el valor de la vida de sus tropas es insignificante, una pérdida humana de tal magnitud resultaría «catastrófica».
En la misma jornada, la Unión Europea reiteró su compromiso con el Estado ucraniano para establecer «garantías de seguridad sólidas y creíbles». Nicola Clase, embajadora de Suecia (en representación de Dinamarca, Finlandia, Islandia y Noruega), exigió que se rindan cuentas, argumentando que el desprecio al Derecho Internacional incita a nuevas agresiones. De igual forma, el embajador de Reino Unido, James Kariuki, advirtió sobre el riesgo de permitir que las fronteras se modifiquen mediante la fuerza bruta.
Finalmente, la sesión incluyó tensiones entre las potencias mundiales. Tammy Bruce, embajadora adjunta de Estados Unidos, solicitó a China, Corea del Norte e Irán que detengan el envío de suministros militares a Rusia. Esta acusación fue rebatida por el embajador adjunto de China, Sun Lei, quien afirmó que es la nación estadounidense la que ha provisto de armamento al campo de batalla durante largo tiempo.
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