La Comisión Multisectorial encargada del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño (ENFEN), el organismo técnico responsable del seguimiento climático y oceanográfico en la región, ha emitido una advertencia relevante: el Fenómeno El Niño costero podría prolongarse hasta enero de 2027. A través de su comunicado oficial N° 07-2026, difundido el 16 de abril, la entidad ratificó la vigencia del estado de “Alerta de El Niño Costero”, señalando que, si bien el evento mantiene actualmente una magnitud débil, existe una probabilidad latente de que esta pase a ser magnitud moderada durante los meses venideros.
Las proyecciones de la ENFEN sugieren que la intensidad dominante será débil en la mayor parte del tiempo, aunque no se descarta la ocurrencia de fases moderadas durante la temporada del invierno austral. Esta estimación se apoya en diversos modelos climáticos a nivel nacional y global, situando a la región Niño 1+2 como el foco principal de monitoreo. Un detalle fundamental mencionado por los expertos es que este episodio actual se diferencia de los anteriores por presentar una duración sustancialmente mayor a la de otros eventos reportados recientemente en la costa.
Es importante recordar que el Niño costero implica un incremento inusual de la temperatura del mar en el litoral norte y central, lo que deriva en variaciones en los ciclos de precipitaciones, el calor ambiental y el comportamiento de las especies marinas. Debido a esta alerta, se ha instado a las autoridades y a la población civil a fortalecer las medidas de prevención ante posibles desastres hidrometeorológicos y riesgos en las cadenas productivas.

Extensión del fenómeno hasta inicios de 2027
Basándose en los datos técnicos del Comunicado Oficial ENFEN N° 07-2026, el escenario más factible es que El Niño costero se mantenga activo hasta enero de 2027. Aunque la tendencia general es de magnitud débil, se contempla la posibilidad de repuntes moderados, especialmente entre los meses de junio y julio de 2026. Este horizonte temporal marcaría uno de los periodos de afectación más largos registrados para el litoral en la historia reciente.
«[…] es más probable que El Niño costero continúe hasta enero de 2027 con una magnitud débil, pudiendo alcanzar una magnitud moderada entre junio y julio del presente año».

Por otro lado, en el Pacífico central (específicamente en la región Niño 3.4), los análisis climáticos proyectan condiciones neutras entre mayo y junio de 2026. No obstante, a partir de julio, se estima el posible inicio de un nuevo evento de El Niño que llegaría hasta enero de 2027, alcanzando su punto máximo de intensidad entre noviembre y diciembre. Esta fluctuación en el sistema oceánico-atmosférico incrementa la inestabilidad climática en Sudamérica, impactando directamente en las temperaturas y lluvias regionales.
La postura oficial de la ENFEN confirma que el estado de alerta seguirá vigente, con la expectativa de que El Niño costero predomine en niveles débiles, salvo el ya mencionado riesgo de transición a moderado en el invierno de 2026. Mientras tanto, se mantiene una vigilancia estrecha sobre el Pacífico central para coordinar respuestas ante cualquier cambio drástico en el comportamiento del clima.
Previsiones de lluvias para el norte del litoral
El informe estacional para el trimestre abril-junio de 2026 detalla que la costa norte experimentará un régimen de lluvias entre lo normal y lo superior a lo habitual. Se espera que la mayor concentración de precipitaciones ocurra durante abril, tratándose principalmente de eventos aislados dado que la temporada general de lluvias se encamina a su cierre.
En el ámbito de la hidrología, se estima que los niveles de los ríos en la Región Hidrográfica del Pacífico se sitúen en rangos normales. Sin embargo, el organismo advirtió sobre posibles “incrementos puntuales en los ríos de la zona norte”, lo cual podría ocasionar inundaciones o desbordamientos en áreas de alta vulnerabilidad.

Aunado a esto, se proyecta que las temperaturas del aire en toda la franja costera se mantengan por encima de sus promedios históricos. Esto podría generar una evaporación más intensa y diversas problemáticas asociadas a olas de calor, según lo estipulado en el reporte técnico de abril.
Impacto en el sector pesquero: Anchoveta y Bonito
Las anomalías térmicas del Niño costero están alterando nuevamente la ubicación de recursos marinos clave. Según la ENFEN, se espera que la anchoveta (stock norte-centro) se localice “una distribución principalmente dentro de las 48 kilómetros de la costa (30 millas)”. Este cambio de comportamiento respecto a sus patrones tradicionales plantea nuevos retos para la industria pesquera y la pesca artesanal.

En contraste, el recurso bonito mantendrá una presencia constante a lo largo de todo el litoral costero. Esta disponibilidad asegura que las faenas de extracción de esta especie puedan continuar sin mayores contratiempos en el corto plazo, a pesar de las variaciones térmicas en las capas superficiales y profundas del mar.
Riesgos de un posible “Súper Niño” global
Existe la preocupación de que el Fenómeno El Niño pueda intensificarse drásticamente hacia finales de 2026. Según proyecciones del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio (ECMWF), existe el riesgo de un evento de magnitud extraordinaria. Informaciones difundidas detallan que este escenario de “Súper Niño” podría incluso superar la severidad del año 2015, cuando las temperaturas en el Pacífico ecuatorial excedieron los 2,8 °C.
De validarse este pronóstico del ECMWF, el impacto en la región sería severo, con la presencia de lluvias torrenciales, inundaciones de gran magnitud y olas de calor extremas, afectando sobre todo a las zonas andinas y costeras. Este fenómeno es el resultado de un calentamiento persistente del océano que altera los flujos de humedad a nivel global.
Expertos señalan que las consecuencias no se limitarían al continente americano, pues se prevén sequías agudas y crisis agrícolas en zonas de África, Estados Unidos, Europa y el Caribe. Para el entorno local, un evento de tal magnitud representaría una amenaza crítica para la infraestructura, la seguridad alimentaria y la producción agrícola, basándose en las lecciones dejadas por episodios intensos en el pasado.
Fuente: Fuente