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Peligro en el océano: grandes peces enfrentan riesgo de sobrecalentamiento

El calentamiento de los océanos se ha convertido en una de las manifestaciones más preocupantes de la crisis climática actual, avanzando a un ritmo que genera alarmas en la comunidad científica. Este fenómeno, derivado directamente de la actividad humana, es el responsable de olas de calor marinas cada vez más severas, la elevación del nivel del mar y el deterioro progresivo de ecosistemas vitales como los arrecifes de coral. En consecuencia, la supervivencia de la biodiversidad que habita estos entornos se encuentra bajo una amenaza constante.

Una reciente investigación publicada en la prestigiosa revista Science, que contó con la colaboración de Ignacio Peralta Maraver, investigador de la Universidad de Granada, resalta que los grandes habitantes del océano están sufriendo las consecuencias del incremento térmico. El estudio advierte que especies emblemáticas podrían enfrentar procesos críticos de sobrecalentamiento corporal.

Entre los animales más vulnerables se encuentran el atún, el tiburón peregrino y el tiburón blanco. Estas especies se clasifican como peces mesotérmicos, lo que significa que poseen la capacidad de generar y conservar parte de su calor interno. Esta característica los diferencia de los ectotermos estrictos, quienes dependen totalmente de la temperatura del agua circundante. No obstante, esta ventaja biológica implica una mayor demanda de energía y una notable dificultad para liberar el calor sobrante.

Ejemplar de tiburón. (Pixabay)

Debido a su fisiología, estos gigantes marinos enfrentan un desajuste metabólico creciente. Conforme los peces mesotérmicos incrementan su tamaño, producen calor de forma mucho más rápida de lo que pueden disiparlo. Este escenario genera una alta demanda energética y eleva el riesgo de que sus organismos alcancen temperaturas insostenibles ante el calentamiento del entorno acuático.

Este fenómeno biológico ayuda a comprender por qué, en la actualidad, muchas de estas especies han optado por desplazarse hacia aguas frías, latitudes más altas o regiones de gran profundidad. En estas zonas, el ambiente les permite compensar el gasto energético y regular su temperatura interna de manera más eficiente.

Para llegar a estas conclusiones, el equipo de investigación implementó una innovadora técnica de estimación metabólica. Este método permite calcular las necesidades energéticas de diversos peces óseos y cartilaginosos basándose en su dimensión corporal y su estrategia térmica.

“Este avance resulta especialmente relevante porque permite estudiar especies cuya tasa metabólica era prácticamente imposible de medir de forma directa en el laboratorio”

, señalaron voceros de la Universidad de Granada en un comunicado oficial.

Ejemplares de tiburón nadando en el océano. (Freepik)

Los científicos han podido constatar que los datos arrojados por su modelo matemático coinciden con los patrones observados en la distribución global de los grandes depredadores marinos en la actualidad.

Lecciones del pasado: La desaparición del megalodón

El estudio no solo analiza el presente, sino que arroja luz sobre la extinción de especies prehistóricas. Un ejemplo clave es el megalodón, el gigantesco depredador que se extinguió hace aproximadamente dos millones de años.

Aunque las razones exactas de su desaparición siguen siendo objeto de debate, los autores de la investigación en Science plantean que, debido a su tamaño y estrategia térmica, animales como el megalodón pudieron ser víctimas de una encrucijada biológica fatal. Según la teoría, quedaron atrapados en una combinación de necesidades energéticas extremas, baja capacidad de enfriamiento y límites térmicos que se volvieron insostenibles cuando el clima oceánico sufrió transformaciones drásticas.

Hacia nuevas políticas de conservación marina

La investigación liderada por expertos, incluyendo a la Universidad de Granada, confirma que la ubicación de los peces en el mapa mundial depende de su tamaño, su metabolismo y el avance del calentamiento global. Estos hallazgos son fundamentales para prever la vulnerabilidad futura de la fauna marina frente al cambio climático.

Gracias a este modelo, será posible estructurar planes de protección basados en mecanismos fisiológicos reales y no solo en avistamientos actuales. Asimismo, el estudio facilita la previsión de migraciones de especies de alto valor ecológico y pesquero hacia zonas más gélidas, un dato crucial para la gestión de los recursos de pesca en el futuro inmediato.

De acuerdo con la Universidad de Granada, este descubrimiento ofrece herramientas vitales para anticiparse a transformaciones radicales en los ecosistemas del mar.

“El trabajo aporta herramientas para anticipar cambios profundos en la estructura de los ecosistemas oceánicos, proteger especies icónicas como el tiburón blanco, los atunes o el tiburón ballena, y reducir riesgos de colapso poblacional frente al calentamiento global”

, concluye el informe científico.

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