Es una escena que se repite a diario: un amigo, nuestra madre o un colega nos relata los detalles de un sueño extravagante. Inmediatamente, tratamos de recordar qué hemos soñado nosotros, pero en muchas ocasiones fallamos en el intento. Mientras existen individuos que conservan recuerdos nítidos de sus noches, otros aseguran no haber soñado nada, aunque la ciencia contradice esta percepción.
Muchas personas viven bajo la premisa de que sus noches son un espacio en blanco, libre de cualquier actividad onírica. Sin embargo, la realidad biológica es otra: “Todos soñamos, cada noche, varias veces”, puntualiza Alfredo Rodríguez-Muñoz, psicólogo y especialista en medicina del sueño, en su reciente publicación titulada Dormir para vivir. La ciencia del descanso en la era del cansancio (Kailas, 2026).
Los ciclos del sueño y la fase REM
De acuerdo con las investigaciones del experto, los seres humanos soñamos entre tres y seis veces por noche, distribuidas en ciclos que duran aproximadamente 90 minutos. Estas representaciones mentales ocurren principalmente durante la fase REM, un periodo donde las neuronas trabajan intensamente para gestionar la información almacenada.
“Soñar es la forma en que el cerebro limpia, archiva y recicla la experiencia”
En este proceso, el cerebro se encarga de reorganizar recuerdos, practicar emociones y entrelazar vivencias del presente con fragmentos de nuestra historia personal. No obstante, a pesar de este esfuerzo neuronal, el 90 % de estos sueños se olvidan apenas pasan los primeros dos minutos de haber despertado.
La arquitectura del olvido
Para Rodríguez-Muñoz, la razón de este olvido masivo se encuentra en la configuración biológica del cerebro. Durante el periodo REM, el hipocampo se mantiene activo, pero su enlace con el córtex prefrontal —la zona encargada de la coherencia y el almacenamiento de datos a largo plazo— se debilita considerablemente. El psicólogo lo compara con el acto de grabar un video sin tener una tarjeta de memoria insertada.
Además, al momento de despertar, entra en escena la noradrenalina. Esta molécula, responsable del estado de alerta, actúa borrando sistemáticamente aquello que el cerebro identifica como información no relevante para la vigilia.
¿Por qué algunas personas recuerdan más que otras?
El hecho de recordar los sueños no implica necesariamente tener una capacidad memorística superior, sino lo que el especialista define como “despertares estratégicos”. El recuerdo depende de la sincronización del despertar: si ocurre durante o al finalizar la fase REM, el contenido está fresco; si sucede fuera de este tiempo, el olvido es casi seguro.
Asimismo, quienes tienen mayor facilidad para recordar presentan una actividad más elevada en el córtex temporoparietal, región vinculada con la introspección. Esto sugiere que su cerebro está más atento a su propio mundo interior y posee una mayor disposición para registrar lo que sucede internamente durante el descanso.
Un mecanismo de supervivencia mental
El olvido también cumple una función de protección psicológica. Si fuéramos capaces de retener cada sueño, la distinción entre la realidad y la ficción onírica se volvería extremadamente difusa, afectando nuestra cordura.
“La frontera entre lo vivido y lo imaginado sería insoportable”
Finalmente, el experto sostiene que los sueños no recordados no se pierden por completo. Estos pueden influir en el estado de ánimo, fomentar la creatividad o modificar sutilmente nuestra forma de razonar. Rodríguez-Muñoz concluye que buena parte de lo que conocemos como intuición podría ser, en realidad, el vestigio de pensamientos nocturnos que se han disuelto pero han dejado una huella en nuestra psique.
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