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Nutrición infantil: expertos advierten que una alimentación adecuada en los primeros años define la salud futura

La nutrición en los primeros años de vida es determinante para el desarrollo integral de los niños. Durante esta etapa, el cuerpo crece a gran velocidad y el cerebro alcanza hasta el 80%–90% de su tamaño adulto, lo que convierte a la alimentación en un factor clave para el aprendizaje, la memoria y el fortalecimiento del sistema inmunológico.

A partir del primer año, los niños comienzan a integrarse a la alimentación familiar, por lo que es fundamental asegurar una dieta variada, equilibrada y suficiente. En este contexto, especialistas destacan que no existe un solo alimento que contenga todos los nutrientes necesarios; sin embargo, hay grupos que aportan múltiples beneficios en una sola porción, como es el caso de la leche y sus derivados.

Según Ana Altamirano, nutricionista de Vita Alimentos, la leche se posiciona como un aliado clave en la nutrición infantil debido a su alto valor nutricional. Aporta proteínas de alta calidad, fundamentales para la formación de músculos, órganos y tejidos, además de calcio y vitamina D, esenciales para el desarrollo de huesos y dientes fuertes. Un vaso de leche puede cubrir más del 50% de los requerimientos diarios de calcio en la infancia, lo que la convierte en un componente importante dentro de la dieta diaria.

Más allá del crecimiento físico, el desarrollo infantil también está estrechamente ligado al neurodesarrollo. Nutrientes presentes en la leche, como las proteínas, las grasas de buena calidad y la vitamina B12, contribuyen a la formación de neurotransmisores y estructuras neuronales, impactando directamente en la capacidad de aprendizaje, la atención y la memoria.

En este escenario, la leche deslactosada cumple un rol importante al ampliar el acceso a estos beneficios nutricionales. A diferencia de lo que muchas veces se cree, no se trata de un producto distinto, sino de una subclasificación de la leche, al igual que la entera, semidescremada o descremada. Su proceso de elaboración consiste en la adición de lactasa, una enzima que facilita la digestión de la lactosa, sin alterar la estructura proteica, la composición grasa ni su valor nutricional.

Esto permite que personas con intolerancia a la lactosa, niños con sensibilidad digestiva, adultos mayores y otros grupos puedan consumir leche sin restricciones, manteniendo una alimentación equilibrada. De esta manera, la leche deslactosada se convierte en una alternativa inclusiva que conserva todos los nutrientes esenciales, como proteínas, calcio y vitaminas, contribuyendo tanto al crecimiento físico como al desarrollo cognitivo.

Por el contrario, una alimentación que excluye lácteos sin una adecuada sustitución puede generar deficiencias nutricionales importantes, como bajo consumo de calcio, déficit de vitamina D y proteínas de alto valor biológico, afectando el desarrollo en etapas clave.

En este sentido, los especialistas recomiendan que, dentro de una dieta equilibrada, los niños consuman entre 400 ml y 600 ml de leche al día, integrándola como complemento de las comidas principales y no como reemplazo de estas.

Garantizar una adecuada nutrición desde la infancia no solo impacta el presente, sino que define la salud futura. En este contexto, tanto la leche tradicional como su versión deslactosada se posicionan como aliados fundamentales para acompañar el crecimiento y asegurar el bienestar integral de los niños.

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