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Famesick: Lena Dunham revela crudos roces con famosos en sus memorias

Existe una broma recurrente en las redes sociales que cuestiona a quienes buscan agradar a todo el mundo con el siguiente planteamiento:

“¿Ah, te gusta complacer a los demás? Nombra a tres personas que estén contentas contigo“

.

Resulta inevitable evocar esa reflexión al sumergirse en las páginas de Famesick, la nueva entrega autobiográfica de Lena Dunham, quien publica su segundo libro de memorias antes de alcanzar los 40 años. En esta obra, la autora repasa una década marcada por un vertiginoso ascenso profesional y un deseo compulsivo de satisfacer a los demás, lo que, según su relato, derivó en severas crisis de salud. Dunham admite que estas afecciones se agravaron al intentar ignorarlas con el fin de no defraudar a su entorno.

No obstante, este esfuerzo por complacer parece haber generado un rastro de “amistades heridas, números bloqueados y desbloqueados”. Muchos de estos desencuentros son expuestos con minuciosidad en este volumen editado por una de las cinco corporaciones editoriales más influyentes del mercado, una decisión que irónicamente podría alimentar aún más la atención que la autora afirma haber sufrido.

Fiel a su estilo, Famesick alterna momentos de ligereza y entretenimiento con frases mordaces como:

“Me ha encantado ser mujer, pero he odiado manejar el equipo”

. Además, el libro ofrece datos curiosos sobre la industria del entretenimiento; por ejemplo, revela que la escena final del filme Frances Ha, protagonizado por Greta Gerwig, se filmó en el domicilio privado de Dunham. También se mencionan nombres de estrellas que audicionaron para la serie Girls, tales como Elisabeth Olsen, Dakota Johnson, Cristin Milioti y Amy Schumer. Un pasaje inquietante involucra a Allison Mack (conocida por Smallville y el escándalo de NXIVM), de quien la autora dice que

“no encajaba en ninguno de los papeles, pero me invitó por correo electrónico a su ‘grupo íntimo de mujeres’ todas las semanas durante el año siguiente (por la gracia de Dios no acabé allí)”

.

La autobiografía 'Famesick' de Lena Dunham expone detalles inéditos sobre su salud y el precio de la fama

Más allá de las anécdotas, el texto profundiza en el dolor crónico femenino, un tema históricamente rodeado de prejuicios y silencios. Dunham comparte cómo esta situación la condujo eventualmente a buscar ayuda en rehabilitación por el uso excesivo de medicamentos recetados. En fragmentos cargados de introspección, describe el temor a que su diagnóstico

“contuviera una pizca de duda. … Había percibido esta debilidad en las mujeres y odiaba lo que olía: una elección patética, un intento desesperado por llamar la atención y obtener empatía sin hacer nada para merecerla»

.

La raíz del conflicto personal

El relato se vuelve más complejo cuando la escritora analiza el origen de sus tropiezos personales y laborales. Según explica, desatendió las alarmas de su organismo para priorizar una meta:

“Soy, en la medida en que esto pueda considerarse siquiera una respuesta sana a la vida, una persona que quiere hacer felices a los demás”

, afirma. Su intención, añade, es que las personas

“se sientan vistos, escuchados, comprendidos, quizá incluso animados o como si su propia vida hubiera mejorado al conocerme, leerme o verme”

.

Tras este planteamiento, la autora desglosa los detalles de sus relaciones fracturadas. En el libro aparecen nombres de figuras cercanas como su hermano Cyrus Dunham, su expareja Jack Antonoff, la diseñadora Rachel Antonoff, su exsocia Jenni Konner, el actor Adam Driver y amistades como Audrey Gelman (fundadora de The Wing).

Sobre su hermano Cyrus, sostiene que la dejó plantada en un evento universitario organizado por ella solo para verle. En cuanto a Adam Driver, relata que tras un coqueteo que no se concretó, el actor supuestamente estrelló una silla contra la pared en un arrebato de ira antes de alejarse de su vida. Respecto a Jack Antonoff, Dunham menciona que él pasaba tiempo inusual con una estrella pop juvenil durante su noviazgo y recuerda una ocasión en la que llegó tarde a una cirugía de ella argumentando que

“el autobús de la gira se quedó atascado en el túnel; envié un mensaje para ver si podían esperar”

.

Dunham aborda el dolor crónico femenino y las consecuencias del sexismo y los tabúes que rodean este tema

Uno de los testimonios más dolorosos es el fin de su vínculo con Jenni Konner. Aunque ambas se volvieron inseparables al crear Girls y Dunham luchó por la equidad salarial para Konner ante HBO, la relación terminó abruptamente. En una etapa de reciente sobriedad, Dunham narra haberle enviado un mensaje contundente:

“No me haces sentir segura ni orgullosa, y no puedo hablar contigo hasta que estemos delante de un terapeuta”

.

El cineasta Ti West también es mencionado de forma poco favorable, siendo descrito como alguien que

“se acostaba con todas las chicas que llevaban leggings de American Apparel menos conmigo”

. Otros nombres que surgen en el texto incluyen al hijo de Daniel Day-Lewis, guionistas de Saturday Night Live y una modelo vinculada a Jack Antonoff. Esta tendencia a ventilar conflictos, aunque característica de su trayectoria, contrasta con su autopercepción de víctima en estas situaciones.

Finalmente, Lena Dunham reflexiona sobre su proceso en rehabilitación y el precepto de “reparar el daño de forma activa”. Este concepto implica vivir de manera sobria como una forma de disculpa constante hacia quienes se afectó en el pasado. Sin embargo, resulta paradójico que la autora elija compensar esas pérdidas personales exponiendo públicamente las intimidades y faltas de sus antiguos allegados en un libro de circulación masiva.

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