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Comercio de fauna salvaje eleva el riesgo de nuevas pandemias humanas

La comercialización de especímenes silvestres, ya sea destinada al consumo alimentario, como mascotas o para diversos fines, representa una amenaza directa para la salud pública al incrementar las posibilidades de transmisión de patógenos a los seres humanos, según ha revelado una investigación reciente.

Tras un exhaustivo análisis de datos que abarca más de 40 años sobre el mercado mundial de fauna y miles de tipos de mamíferos, expertos determinaron que las criaturas insertadas en estos circuitos comerciales poseen un 50% más de probabilidades de albergar gérmenes con capacidad de infectar a las personas.

«No hay un intercambio seguro», dijo el autor del estudio Jérôme Gippet, ecólogo de la Universidad de Friburgo en Suiza. «Mientras sigamos comerciando especies, nos expondremos a este problema.»

Magnitud del mercado y hallazgos científicos

El reporte, que fue difundido el 9 de abril a través de la prestigiosa revista Science, identificó la transacción de más de 2.000 especies de mamíferos. Esta cifra equivale aproximadamente a una cuarta parte de la totalidad de mamíferos que habitan el planeta Tierra.

  • El 41% de las especies que forman parte del comercio portaban al menos un patógeno con historial de infección en humanos.
  • En contraste, solo el 6% de los animales que no son objeto de comercio compartían virus o bacterias con la población humana.

La duración de la presencia de una especie en el mercado también es un factor crítico. Los investigadores establecieron que, por cada 10 años que un animal aparece registrado en las bitácoras comerciales, este compartía un patógeno adicional con nuestra especie.

Vínculos con crisis sanitarias conocidas

Entre los patógenos zoonóticos identificados en estos procesos se encuentran el ébola, la viruela símica (mpox) y la salmonella. Históricamente, varios brotes infecciosos han estado ligados al tráfico de fauna. De hecho, un sector de la comunidad científica sostiene que el virus SARS-CoV-2, detonante de la pandemia de COVID-19, pudo haber saltado inicialmente a los humanos en un mercado de animales vivos.

«Cuantas más especies se comercien, más oportunidades tendrán para transmitir patógenos a los humanos», explicó Gippet.

Los entornos de venta de especímenes vivos y el tráfico ilegal intensifican este peligro, pues facilitan que los patógenos crucen las fronteras entre distintas especies. Colin Carlson, biólogo del cambio global en la Universidad de Yale y coautor del estudio, advierte sobre la dinámica en estos sitios:

«Lo que obtienes son peldaños, donde los virus están evolucionando en estos mercados. Quizá sean capaces de adaptarse a los humanos por primera vez.»

La importancia de los ecosistemas preservados

Por su parte, Ann Linder, subdirectora del programa de derecho y política animal de la Facultad de Derecho de Harvard, analizó las conclusiones del trabajo. Linder puntualizó que el aprovechamiento humano de la vida silvestre es el motor del riesgo:

«Los autores del estudio demuestran a través de datos lo que llevamos tiempo sospechando que era cierto: que el uso y explotación de la fauna por parte de los humanos en realidad aumenta los riesgos de desbordamiento», afirmó.

La experta destacó que los animales que permanecen en hábitats naturales intactos y alejados de la intervención humana presentan un riesgo mínimo de generar desbordamientos zoonóticos. No obstante, hizo un llamado a la cautela y a la obtención de mayor evidencia científica.

«Realmente no podemos hablar con ninguna certeza sobre el tamaño y la escala del comercio en sí», dijo Linder. «Necesitamos más estudios como este, pero, quizás más fundamentalmente, necesitamos más y mejores datos para siquiera empezar a entender nuestro propio riesgo.»

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