Expertos desmienten la existencia de razas de perros peligrosas

A lo largo del último periodo anual, cerca de 4,5 millones de personas en Estados Unidos fueron víctimas de mordeduras de canes, de acuerdo con los registros proporcionados por la Asociación Médica Veterinaria Estadounidense (AVMA). Dentro de esta estadística, los niños emergen como el sector poblacional más vulnerable, sufriendo lesiones que oscilan desde rasguños leves hasta traumas severos que demandan cuidados médicos de urgencia.

La magnitud del problema también posee una dimensión financiera considerable. Tan solo en el año 2023, las empresas aseguradoras destinaron un total de USD 1.120 millones para cubrir indemnizaciones relacionadas con estos sucesos. Esta alta incidencia en hogares y espacios públicos recalca la importancia de profundizar en el comportamiento canino y adoptar las recomendaciones de seguridad dictadas por profesionales de la salud animal.

El médico veterinario Michael Q. Bailey, quien desempeña el cargo de presidente de la AVMA, ha aportado luz sobre las causas subyacentes de estos incidentes y las estrategias para mitigar riesgos, especialmente cuando se trata de la interacción con menores de edad.

Los factores que detonan la agresión

Contrario a la creencia popular, la AVMA sostiene que los canes no poseen una inclinación biológica hacia la violencia. El especialista Bailey aclaró que

“los perros tienen emociones, necesidades y sufren estrés”

. Por lo general, un ataque ocurre cuando el espécimen se ve inmerso en contextos que interpreta como amenazantes, dolorosos o incómodos.

La AVMA subraya que todas las razas de perros pueden morder si se sienten amenazadas o estresadas, sin existir razas exclusivamente peligrosas (Imagen Ilustrativa Infobae)

Entre los detonantes específicos identificados por la organización veterinaria se encuentran los sustos imprevistos, el dolor físico y la protección de recursos, como pueden ser sus alimentos o juguetes predilectos. Asimismo, las alteraciones en su hábitat, los ruidos de alta intensidad o el contacto con individuos extraños pueden generar una respuesta defensiva.

“No se deben a que sean malos, sino a que se encuentran en una situación difícil”

, enfatizó el experto.

Un punto clave del informe es que cualquier tipo de perro o cruce racial tiene el potencial de morder si recibe el estímulo equivocado. Bailey fue enfático al señalar que

“esas razas grandes de las que tanto se habla no son más propensas a morder que cualquier otro perro”

. Las evidencias de la AVMA ratifican que no se puede etiquetar a ninguna raza como exclusivamente peligrosa por naturaleza.

Estrategias de detección y medidas preventivas

La capacidad de leer el lenguaje corporal de la mascota es una herramienta preventiva fundamental. La AVMA recomienda observar atentamente señales de advertencia como el pelo erizado en la zona de la columna, la mirada fija o esquiva, y el acto de mostrar la dentadura. Dichos comportamientos suelen ser el reflejo de sensaciones de miedo, estrés o una excitación excesiva durante las sesiones de juego.

Durante juegos de fuerza como tirar la soga, el perro puede sobreestimularse y aumentar el riesgo de mordidas accidentales (Imagen Ilustrativa Infobae)

Se aconseja prescindir de juegos que fomenten la competencia de fuerza, como tirar de objetos con la boca, pues existe el riesgo de que el perro atrape un dedo por accidente. Por otro lado, la llegada de visitas o las celebraciones sociales pueden romper la calma del animal y elevar su ansiedad. Los profesionales sugieren establecer un área de refugio segura, como una colchoneta o almohada específica, donde el can pueda descansar sin ser perturbado.

Además, se hace hincapié en que los perros no deben ser interrumpidos mientras se alimentan, duermen o protegen a su camada. Respetar estos momentos es vital para evitar situaciones de tensión que culminen en agresiones físicas.

Importancia de la crianza y la supervisión adulta

El rol de los cuidadores es crucial, particularmente en viviendas con infantes. El especialista Michael Q. Bailey recomendó que

“ningún menor permanezca solo con una mascota”

. Es deber de los adultos instruir a los más pequeños para que siempre pidan autorización antes de acercarse a un can desconocido. Al hacerlo, deben presentar su mano con los dedos encogidos, evitando extenderlos por completo para que el animal no perciba el movimiento como un ataque.

Extender la mano con los dedos curvados ayuda a reducir el riesgo de que el perro interprete el gesto como una amenaza (Imagen Ilustrativa Infobae)

En sus intervenciones, Bailey advirtió que

“si la mascota muerde y tienen los dedos extendidos, se los va a morder”

. Paralelamente, el uso de técnicas de entrenamiento positivo (premios con comida) y una socialización temprana con diferentes entornos y seres vivos son esenciales para disminuir la probabilidad de comportamientos erráticos.

Consecuencias médicas y el estigma social

Las mordeduras no solo representan un desafío médico y económico, sino que también tienen un trasfondo social. Los problemas de conducta no gestionados son una de las razones primordiales por las cuales los animales terminan en centros de acogida o son abandonados. Bailey concluyó que, en muchas ocasiones,

“muchas veces estos resentimientos son causados por nosotros, pero son ellos quienes sufren las consecuencias”

.

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