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Riesgos de fingir bienestar emocional: lo que la psicología advierte

En la actualidad, el hábito de aparentar estar bien se ha transformado en un comportamiento sumamente común. Sin embargo, diversos especialistas advierten que esta conducta está provocando una peligrosa desconexión con nuestra verdadera interioridad y los sentimientos genuinos.

Desde una perspectiva psicológica, este modo de actuar responde a un proceso de desgaste emocional que ocurre de manera paulatina. En este escenario, la autenticidad del individuo es sustituida por una presentación externa eficiente y aceptada socialmente, buscando encajar en los estándares del entorno.

Este fenómeno ha sido estudiado profundamente por la reconocida psicóloga Arlie Hochschild, quien acuñó el término “surface acting” (actuación superficial) dentro del concepto de trabajo emocional. Esta práctica se define por la acción de mostrar emociones que no se sienten realmente para poder cumplir con las demandas profesionales o sociales del día a día.

El desgaste producido por fingir emociones puede favorecer el desarrollo de burnout, caracterizado por agotamiento, desinterés y pérdida de energía emocional (Imagen Ilustrativa Infobae)

Diversas investigaciones centradas en el impacto de este comportamiento han revelado que el “surface acting” produce un efecto acumulativo negativo. Esto deriva inevitablemente en la falta de autenticidad emocional, el agotamiento crónico y el burnout, ensanchando la brecha entre la verdadera vivencia interna y la imagen que se proyecta hacia los demás.

Al respecto, el psicólogo, escritor y emprendedor australiano Lachlan Brown señala que este descubrimiento psicológico es algo invisible y progresivo. Según explicó en un artículo para VegOut, se trata de una persona que ha fingido satisfacción de forma tan constante y en tantos ámbitos que la representación termina devorando la realidad. Al respecto, Brown sentenció:

“No es una crisis. Es una erosión»

.

Cuando este proceso de desgaste se consolida, la señal emocional original deja de percibirse. El especialista explica que el individuo suele responder con un automático “bien” ante la pregunta de cómo se encuentra, omitiendo por completo cualquier tipo de consulta con su propia experiencia interna.

Lachlan Brown sostiene que la cultura contemporánea incentiva este mecanismo al sobrevalorar la positividad y la gratitud en todas las esferas, desde la laboral y familiar hasta la interacción en redes sociales y entornos digitales.

El vacío emocional puede manifestarse como apatía, tristeza, ansiedad, aislamiento y fatiga, afectando la motivación y la conexión con las propias metas (Imagen Ilustrativa Infobae)

Este problema emocional tiene matices particulares. Según el experto, no se manifiesta como una angustia evidente, sino que genera una sensación de vacío y una percepción de que, aunque la vida parece correcta desde fuera, se percibe apagada en el interior. Quien atraviesa esto suele tener problemas para explicar su malestar, ya que nada parece estar mal en la superficie. “Lo repite constantemente, y casi se lo cree», advirtió Brown.

Por su parte, la licenciada Adriana Waisman, psicóloga experta en trastornos de ansiedad y psicoterapia cognitivo-conductual, señaló en diálogo con medios que el vacío emocional representa una verdadera crisis de identidad. Waisman explicó que muchas personas naturalizan esta sensación por falta de comprensión, lo que deriva en una disociación. Esto genera dificultades en conectar con su deseo y necesidades, llevando al individuo a vivir “más como un observador que como un protagonista” de su propia existencia.

La manifestación de la insatisfacción y el vacío

Estudios señalan que mantener una postura positiva sin sentirla realmente puede generar sensación de vacío y dificultades para identificar lo que se necesita emocionalmente (Imagen Ilustrativa Infobae)

La psicóloga Adriana Waisman, quien también es autora de la obra “Vacío emocional”, indica que este estado se manifiesta a través de síntomas conductuales y psicológicos que pueden clasificarse en tres categorías principales:

  • Apatía: incluye aburrimiento, falta de motivación, desinterés, alienación y desgano.
  • Tristeza: se manifiesta mediante el aislamiento y la melancolía.
  • Frustración: abarca estados de ansiedad, fatiga y hastío.

La especialista enfatiza la necesidad de aceptar este sentimiento y no intentar ocultarlo mediante el exceso de actividades, el consumo de objetos o la creación de vínculos de dependencia. Sugiere tomar este vacío como una alarma preventiva para evitar que progrese hacia cuadros más graves como un trastorno de ansiedad o un síndrome depresivo.

Vivir la satisfacción frente a simplemente actuarla

La presión social y cultural para mantener una imagen positiva fomenta el distanciamiento de las emociones auténticas (Imagen Ilustrativa Infobae)

El psicólogo Lachlan Brown aclara que las emociones positivas auténticas poseen efectos tangibles. Cuando se viven de verdad, estas amplían la percepción y fomentan el pensamiento creativo. Con el paso del tiempo, logran consolidar recursos internos como la resiliencia, los vínculos sociales y la flexibilidad mental.

La distinción crucial entre interpretar la satisfacción y vivirla radica en el impacto sobre el bienestar general. La investigadora Barbara Fredrickson, creadora de la teoría de la ampliación y construcción, defiende que las emociones positivas auténticas permiten ampliar la conciencia y acumular recursos intelectuales y físicos. Sin embargo, destaca que estos beneficios solo ocurren cuando la emoción es real, no cuando se finge su presencia.

Si la alegría no es genuina, el sujeto puede seguir siendo funcional y cumplir con sus obligaciones, pero experimentará un aplanamiento interno. En este estado, las vivencias positivas pierden intensidad y el interés por la vida decae progresivamente.

La falta de alegría genuina genera una sensación interna de aplanamiento, aunque la vida exterior se perciba como funcional y normal (Imagen Ilustrativa Infobae)

Brown describe este estado de forma contundente:

“No es que las cosas malas se sientan peor. Es que las cosas buenas se sienten menos bien, o ni siquiera se perciben como buenas, como si la señal llegara pero el receptor estuviera apagado”

.

Este cuadro se diferencia de la depresión tradicional porque no hay una tristeza evidente ni un deterioro en las relaciones externas. Lo que existe es una uniformidad emocional interna que a menudo pasa desapercibida para los demás, condición que la ciencia denomina anhedonia.

Aceptar el vacío emocional y reconocerlo como una señal permite revisar prioridades y promover cambios que favorecen el bienestar (Imagen Ilustrativa Infobae)

Para cerrar la brecha hacia la autenticidad, no basta con intentar “sentir” alegría a la fuerza. Lachlan Brown propone intervenciones basadas en el comportamiento, tales como retomar actividades que antes generaban interés, disminuir la atención sobre el desempeño social y aprender a tolerar la incomodidad que surge al reconocer la diferencia entre lo que se muestra y lo que realmente se siente.

El camino hacia la recuperación emocional implica detener la actuación lo suficiente como para permitir que la vivencia surja espontáneamente, priorizando la experiencia real por encima de los guiones sociales aprendidos.

Pautas para enfrentar el vacío emocional

La autenticidad emocional se recupera al dejar de priorizar la imagen social y atender las propias experiencias internas (Imagen Ilustrativa Infobae)

Ante la presencia de un vacío emocional, la licenciada Adriana Waisman sugiere las siguientes acciones:

  • Enfrentar los temores: Es vital reconocer las situaciones que provocan angustia y actuar frente a ellas. Al dejar de lado la inacción, los miedos suelen reducir su intensidad.
  • Cuestionamiento de pensamientos: Se debe trabajar en identificar los patrones negativos para no perpetuarlos. Es importante no sacar conclusiones sin datos y evitar la exageración de los problemas.
  • Eliminar el pensamiento dicotómico: Hay que evitar ver la vida en extremos de “todo o nada”. Tampoco se debe cargar con la responsabilidad total de sucesos negativos, para reducir la culpa y la ansiedad.
  • Impulsar la automotivación: Es útil usar el vacío como una señal para evaluar si las metas propias están alineadas con los deseos personales o si solo responden a lo que otros esperan de nosotros.

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