El constante desgaste de los neumáticos se ha posicionado como uno de los factores determinantes en la presencia de microplásticos dentro del aire de las grandes metrópolis. Según investigaciones recientes, la fricción producida por el contacto de las ruedas con el pavimento genera una contaminación masiva que supera a otras fuentes tradicionales en entornos urbanos.
Un detallado análisis realizado por expertos en ciencias ambientales de Alemania concluyó que el 65% de estas partículas plásticas detectadas en ciudades tienen su origen en la degradación de las cubiertas vehiculares. Aunque estas partículas resultan imperceptibles al ojo humano, su presencia es constante en la atmósfera citadina.
Un desafío regulatorio pendiente
Históricamente, las leyes se enfocaron en reducir las emisiones de escape. Sin embargo, los residuos plásticos que no provienen del motor, como el polvo de frenos y llantas, han carecido de supervisión legal en casi todo el planeta. Esta situación cambiará a partir de noviembre de 2026, cuando la Unión Europea implemente la normativa Euro 7, el primer marco legal que establece límites globales para emisiones no relacionadas con el tubo de escape.

La evolución tecnológica en los motores ha sido notable. En regiones como Estados Unidos, las emisiones de monóxido de carbono, óxidos de nitrógeno e hidrocarburos cayeron más de un 99% entre 1957 y 2020. No obstante, esta mejora no se reflejó en el desgaste de frenos y neumáticos. Actualmente, estas partículas ya representan la mayor proporción de la contaminación atmosférica derivada de la movilidad en las urbes.
La ciencia detrás de la fricción
El proceso físico ocurre cuando los neumáticos desarrollan grietas microscópicas durante su funcionamiento. Estas fisuras se expanden hasta liberar fragmentos diminutos, clasificados mayoritariamente como PM10, que terminan dispersos por el viento. Los expertos advierten que la generación de estos residuos se intensifica con el uso de vehículos pesados o al conducir a velocidades elevadas.

Por otro lado, el roce de los frenos también contribuye significativamente, aportando entre el 8% y el 27% de las emisiones totales del tráfico por peso, cargando el aire con una mezcla de resinas y partículas metálicas.
Evidencia científica en centros urbanos
En Canadá, investigadores de la Universidad de Toronto recolectaron muestras de aire durante un año en diversos puntos, incluyendo la autopista 401, reconocida como la ruta más transitada de Norteamérica. Los resultados fueron contundentes: se hallaron benzotiazoles (compuestos químicos de los neumáticos) en el 94% de las mediciones efectuadas.
Paralelamente, un estudio conjunto de científicos de Italia y Canadá utilizó líquenes como indicadores biológicos. En las proximidades de una autopista, detectaron más de 17.500 partículas por gramo de liquen a solo cinco metros de la vía. A una distancia de 150 metros, la cifra bajaba a 1.500 partículas, demostrando que la mayor concentración se sitúa cerca del flujo vehicular.

En Estocolmo, Suecia, las proyecciones indican que el centro de la ciudad recibe cerca de 960 toneladas anuales de partículas de neumáticos, una cifra alarmante comparada con las apenas 51 toneladas de PM10 que expulsan los escapes de los vehículos en la misma zona.
Consecuencias críticas para la salud
La inhalación de estos componentes representa un peligro latente. El departamento de toxicología ambiental de la Universidad de Leipzig, Alemania, estima que una persona puede inhalar hasta 2,1 microgramos de plástico al día. Muchas de estas son partículas PM2,5, que tienen la capacidad de penetrar profundamente en el sistema respiratorio humano.
La comunidad científica coincide en que esta exposición prolongada eleva las probabilidades de padecer afecciones cardiovasculares y pulmonares. Una revisión académica de junio de 2025 publicada en Environmental Health Perspectives señaló que un habitante urbano inhala, en promedio, 3.200 partículas de neumáticos diariamente.

- La exposición a estas partículas finas está vinculada a un incremento de entre el 18% y el 25% en casos de asma en zonas de alto tráfico.
- Se estima un aumento del 12% en el riesgo de mortalidad cardiovascular por cada 10 microgramos adicionales de partículas por metro cúbico en el ambiente.
Impacto de la industria y la movilidad eléctrica
Ante la llegada de la normativa Euro 7, los fabricantes están rediseñando sus productos. Se están probando nuevos compuestos químicos más resistentes a la abrasión y sistemas de frenado que capturen el polvo antes de que se disperse. En el mercado de la Unión Europea, las llantas contarán con etiquetas informativas sobre su grado de desgaste por fricción.
Un punto crítico es el auge de los vehículos eléctricos. Al ser más pesados por el peso de sus baterías, tienden a incrementar la abrasión de los neumáticos. Un modelo aplicado en Estocolmo sugiere que si todo el parque automotor fuera eléctrico, la cantidad de partículas de neumáticos subiría un 13%, aunque el frenado regenerativo ayudaría a reducir las partículas de los frenos.

Recomendaciones para la población
Para mitigar la exposición y la generación de estos microplásticos, los especialistas sugieren:
- Mantener la presión correcta en las llantas para reducir el desgaste.
- Evitar la sobrecarga del vehículo y practicar una conducción suave, sin frenazos bruscos.
- Para quienes caminan o usan bicicleta, es preferible mantener distancia de las vías principales.
- El uso de mascarillas FFP2 bien ajustadas es una medida efectiva para filtrar estas partículas en áreas altamente congestionadas.
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