En el mundo del deporte, pocos rituales cuentan con una aceptación tan masiva como el masaje posterior al esfuerzo físico. Esta es una práctica plenamente consolidada tanto en el alto rendimiento como entre los aficionados que acuden a gimnasios. No obstante, diversas investigaciones científicas sugieren que, aunque estas sesiones se vinculan directamente con la relajación, sus efectos reales y objetivos sobre la musculatura son bastante limitados.
Las evidencias acumuladas indican que, si bien el masaje es una experiencia sumamente placentera, su impacto a nivel fisiológico es modesto en lo que respecta a la reparación del tejido muscular tras el ejercicio. Un exhaustivo meta-análisis que incluyó 29 investigaciones y la participación de 1.012 sujetos determinó que existen leves mejorías en la flexibilidad y en la forma en que se percibe el dolor, pero no se hallaron avances significativos en la reducción de la fatiga o en el incremento del rendimiento físico posterior.
De esta manera, el mayor provecho de esta técnica parece estar estrictamente relacionado con el bienestar emocional y la disminución de los niveles de estrés, dejando en un segundo plano cualquier mejora cuantificable en la funcionalidad de los músculos.
Para la investigadora Shona Halson, especialista en ciencias del ejercicio vinculada a la Australian Catholic University, el punto fuerte del masaje es la sensación de bienestar personal inmediata que genera. Esta es la razón por la cual su presencia es constante en eventos de gran magnitud como maratones, así como en centros de entrenamiento de élite que cuentan con plantillas de terapeutas dedicados exclusivamente a esta labor.
Análisis del impacto real en la musculatura

Existe una creencia muy arraigada de que el masaje estimula la circulación de la sangre y ayuda a evacuar el ácido láctico, elemento al que históricamente se le ha atribuido el dolor tras entrenamientos intensos. Sin embargo, la experta Shona Halson es tajante al señalar que
“la evidencia simplemente no existe”
para respaldar tales afirmaciones sobre la eliminación de sustancias de desecho.
Actualmente, los científicos han descartado que el ácido láctico sea el responsable de las molestias que aparecen tras el ejercicio, puesto que el propio organismo se encarga de metabolizarlo y eliminarlo de manera natural sin necesidad de presiones externas.
La profesora sostiene que en personas que se ejercitan de forma habitual, el flujo sanguíneo ya es óptimo por naturaleza, por lo que la intervención manual tiene un reflejo fisiológico mínimo. Por su parte, el doctor Martin D. Hoffman, investigador que formó parte de la Universidad de California, Davis, puntualiza que el masaje no tiene la capacidad de retirar productos de desecho del músculo, ya que dichos procesos dependen de mecanismos bioquímicos internos que no se ven alterados por la presión de las manos.
Por otro lado, el cardiólogo de la Universidad de Sheffield, Timothy Chico, quien lideró el meta-análisis de 2020, fue claro en sus conclusiones al afirmar:
“No hallamos mucha evidencia de que el masaje sea útil”
.
A pesar de que algunos profesionales del área consideran que ciertos efectos positivos son complejos de cuantificar, lo cierto es que la sensación de alivio que experimenta el deportista no suele verse respaldada por datos concretos en pruebas de laboratorio.
El papel de la psicología y la percepción del dolor
Varios especialistas coinciden en que el impacto más significativo del masaje ocurre en la mente del individuo. En el año 2015, Martin D. Hoffman encabezó un estudio con 72 corredores que participaron en la Western States Endurance Run. En este ensayo se comparó la efectividad del masaje tradicional frente a las botas de compresión neumática. Los resultados demostraron que ambos sistemas proporcionaban un alivio momentáneo del dolor y el cansancio, aunque dicha percepción solo se mantuvo durante unas pocas horas.

Otras revisiones académicas sobre el masaje deportivo han llegado a un punto común: no se detecta un beneficio fisiológico que sea claro y perdurable, aunque sí se confirma una sensación de alivio temporal. Algunos trabajos sugieren que estímulos como la vibración en la piel, generada por las modernas pistolas de masaje, podrían reducir la sensación de dolor mediante mecanismos controlados por el sistema nervioso central.
Los expertos destacan que el masaje es una herramienta valiosa para disipar tensiones y mitigar el estrés acumulado por la rutina diaria y el esfuerzo físico, siendo su mayor fortaleza la capacidad de restaurar la energía desde un enfoque emocional.
Ciencia frente a cultura deportiva
El consenso científico actual establece que los masajes no deben verse como una solución mágica para la recuperación de los tejidos. Tim Roberts, vicepresidente de innovación en la firma Therabody, declara de forma contundente:
“El masaje no es magia”
.
Roberts añade que no existen secretos ocultos para acelerar la recuperación mediante el uso de pistolas de masaje, ya que estas herramientas simplemente actúan como un soporte para los procesos biológicos que el cuerpo ya realiza por su cuenta.

La gran mayoría de las técnicas aplicadas tras el entrenamiento sirven, sobre todo, para fomentar un estado de relajación mientras el cuerpo activa sus propios sistemas de reparación. Para el deportista, entender estos detalles es fundamental para ajustar sus expectativas y comprender que el valor del masaje reside en la satisfacción personal y el bienestar integral, incluso si los datos físicos no muestran cambios drásticos.
Pese a las limitaciones que señala la ciencia, el masaje sigue siendo un pilar fundamental en la cultura del atletismo. Shona Halson recalca que para muchos competidores, estos minutos de atención individualizada representan un espacio de desahogo mental que fortalece la motivación, un factor determinante para mantener la disciplina a largo plazo.
El hecho de sentirse más ligero, optimista y menos tensionado tras una sesión es razón suficiente para que miles de atletas lo mantengan en su agenda. Aunque la ciencia no valide teorías como la «eliminación de toxinas», el aporte al equilibrio emocional es una ventaja que difícilmente se logra con otros procedimientos.
En conclusión, el valor real de esta práctica reside en su capacidad para dar sentido y disfrute a la etapa de recuperación. La percepción subjetiva de mejoría puede ser tan valiosa para un deportista como cualquier cifra medida en un entorno clínico, lo que mantiene al masaje como una estrategia vigente y legítima en el mundo del deporte.
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