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Silvio Báez: Los regímenes que desterran son «enemigos de la paz»

Desde una parroquia en Estados Unidos, el obispo auxiliar de la arquidiócesis de Managua, Silvio Báez, pronunció este domingo una homilía en la que entrelazó la espiritualidad pascual con una fuerte denuncia sociopolítica. El líder religioso dirigió sus palabras contra las estructuras de poder que utilizan la coacción para dominar a la ciudadanía, señalando que los sistemas que se sostienen mediante el terror y la privación de la libertad son, esencialmente, «enemigos de la paz».

El jerarca católico vive fuera de su país desde abril de 2019, luego de que el difunto papa Francisco le solicitara abandonar Nicaragua por el riesgo inminente contra su integridad física. Durante su intervención, Báez enfatizó que la paz real no puede ser confundida con un balance de fuerzas militares ni con lo que denominó la «tranquilidad de los cementerios», desestimando así el discurso oficialista de Daniel Ortega y Rosario Murillo que intenta proyectar una imagen de estabilidad en la nación centroamericana.

Críticas a la represión y el control estatal

El obispo fue enfático al advertir sobre los peligros de aceptar el statu quo impuesto por el autoritarismo.

“No debemos acostumbrarnos a la falsa paz y a la engañosa normalidad que los dictadores quieren imponer con el miedo y las armas para conservar sus privilegios”

, declaró de forma contundente. Asimismo, Báez expuso las tácticas de hostigamiento que el régimen emplea contra los expatriados, tales como el espionaje, la suspensión de servicios en consulados y la negativa a renovar pasaportes, lo que deja a miles de ciudadanos en una condición de apatridia de hecho.

Esta denuncia se produce en un contexto de desplazamiento forzado sin precedentes. Informes del Colectivo de Derechos Humanos para la Memoria Histórica de Nicaragua revelan que, entre abril de 2018 y noviembre de 2025, al menos 800.000 ciudadanos (equivalentes al 11,6% de la población total) han buscado refugio en el extranjero o han sido expulsados de su tierra natal.

La situación jurídica del obispo también es crítica; en febrero de 2023, la administración sandinista le retiró su nacionalidad mediante un decreto administrativo. Esta medida fue posteriormente blindada por una reforma constitucional en 2025, la cual establece la pérdida de la ciudadanía para todo aquel que el Estado considere una amenaza contra la denominada «soberanía nacional».

Una Iglesia bajo asedio constante

El hostigamiento hacia las instituciones religiosas ha sido documentado exhaustivamente por investigadores como Martha Patricia Molina. Según su informe Nicaragua: Una Iglesia perseguida, se han registrado los siguientes datos alarmantes:

  • Más de 1.010 ataques directos contra la Iglesia católica desde 2018.
  • Prohibición de más de 16.500 actividades de carácter religioso.
  • Expulsión del país de más de 300 miembros del clero, incluyendo a cuatro obispos.

El dictador Daniel Ortega inició una feroz persecución contra la Iglesia nicaragüense

Debido a esta situación, el Grupo de Expertos en Derechos Humanos de las Naciones Unidas ha calificado estas acciones como crímenes de lesa humanidad. Por su parte, la organización Ayuda a la Iglesia Necesitada, en su reporte de 2025, ha incluido a Nicaragua como el único país de América Latina en el nivel máximo de alerta por persecución religiosa, equiparándolo con naciones como Afganistán o Corea del Norte.

Origen del conflicto y esperanza de reconciliación

La ruptura social en el país se agudizó en abril de 2018, tras una serie de protestas civiles contra reformas a la seguridad social que terminaron en una violenta represión estatal, dejando un saldo de más de 300 fallecidos según la ONU. Durante esos eventos, las iglesias sirvieron de refugio para los manifestantes, lo que provocó que Daniel Ortega —en el poder de forma ininterrumpida desde 2007— viera al clero como un opositor político con gran capacidad de convocatoria.

Silvio Báez, quien mantuvo un encuentro privado con el papa León XIV en agosto de 2025 en la Santa Sede, finalizó su mensaje instando a sus compatriotas a no perder la esperanza. El obispo exhortó a trabajar por una

“paz verdadera, que brota de la justicia, se vive en la libertad y da como fruto la reconciliación”

. No obstante, para los cientos de miles de nicaragüenses en el exilio, la posibilidad de un retorno seguro aún parece lejana en el horizonte político de la región.

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