No data was found

Calentamiento global aumenta intensidad y alcance de huracanes

La vinculación directa entre el calentamiento global y la evolución de los ciclones tropicales en el Atlántico Norte se ha convertido en un punto crítico de la investigación climática actual. El efecto de las elevadas temperaturas en los océanos sobre la conformación y el comportamiento de estos fenómenos no solo altera el riesgo de lluvias extremas, sino que impone nuevos retos para la gestión de desastres en las áreas costeras con alta densidad poblacional.

Las transformaciones registradas en la intensidad, la duración y el reparto de las precipitaciones ligadas a los huracanes demuestran de qué manera un océano con mayor temperatura rompe los patrones históricos de las tormentas. Este escenario se detalla en una reciente investigación publicada por npj Climate and Atmospheric Science. Mediante el uso de observaciones satelitales y estrategias analíticas de vanguardia, el estudio explica los procesos que conectan el alza térmica marina con el desarrollo de ciclones y sus lluvias torrenciales.

El impacto del calor oceánico en las precipitaciones

Cifras de la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) indican que las masas de agua del planeta retienen cerca del 91% del exceso de calor provocado por el efecto invernadero. Durante el periodo comprendido entre 1993 y 2024, los océanos capturaron energía térmica a un ritmo de entre 0,66 y 0,74 vatios por metro cuadrado, acumulando cada vez más calor. Este fenómeno no solo eleva el nivel del mar y causa el blanqueamiento de corales o el deshielo de glaciares, sino que garantiza un calentamiento prolongado en el futuro debido a la energía guardada en las profundidades.

De acuerdo con el estudio científico, el incremento de la temperatura del aire y la humedad superficial provoca que los ciclones en el Atlántico Norte generen lluvias notablemente más potentes. Los expertos determinaron que, por cada grado centígrado de aumento térmico en el entorno de formación, el volumen de lluvia extrema puede elevarse, en promedio, un 21%.

Un océano más cálido altera la intensidad y distribución de las lluvias de los huracanes (Imagen Ilustrativa Infobae)

Asimismo, el área de afectación de estas lluvias se expande, creciendo hasta un 12,5% por cada grado de calentamiento global. Esto implica que, bajo condiciones atmosféricas y marinas más cálidas, los huracanes descargan mayor cantidad de agua en intervalos cortos y sobre superficies más extensas, disparando el peligro de inundaciones.

Haider Ali, investigador principal de la Universidad de Newcastle, destacó en un informe oficial que:

“los resultados muestran que el calentamiento global está incrementando tanto la intensidad como el área de lluvias asociadas a los ciclones tropicales, especialmente en regiones cálidas y de baja latitud”

.

El reporte también subraya que, si bien el tamaño general de un ciclón suele contraerse al subir la temperatura, este efecto desaparece e incluso se invierte cuando las temperaturas superficiales del mar son extremadamente altas, como sucede en el Caribe. En estos contextos, las tormentas pueden alcanzar dimensiones superiores y tener mayor duración, lo que eleva el caudal de lluvia en puntos específicos y el riesgo de inundaciones severas.

Por otro lado, cuando estos sistemas dejan de ser tropicales y se dirigen hacia Europa, su naturaleza se transforma. Estos denominados ciclones post-tropicales tienden a expandirse y su fuerza ya no depende estrictamente de la temperatura. En esta fase, la lluvia intensa se mueve hacia el noreste del ojo de la tormenta y se distribuye en zonas amplias al interactuar con sistemas climáticos de latitudes templadas que alteran su velocidad y forma.

Nuevas metodologías para entender los huracanes

El calentamiento global incrementa la intensidad y el área de lluvias de los ciclones tropicales, especialmente en regiones cálidas de baja latitud (Imagen Ilustrativa Infobae)

Esta investigación sobresale por aplicar una técnica innovadora para calcular la magnitud de los fenómenos: el radio dinámico basado en el viento. En lugar de aplicar medidas estandarizadas, este sistema monitorea el comportamiento de los vientos en torno al núcleo, logrando una descripción fiel del tamaño de cada sistema en tiempo real. Gracias a esto, la comunidad científica puede contrastar con precisión la evolución de diferentes tormentas.

El análisis se fundamentó en registros globales de trayectorias y datos de precipitación satelital de tormentas ocurridas entre los años 2001 y 2024. En total, se evaluaron 404 ciclones, de los cuales 147 atravesaron una transición hacia la fase post-tropical.

Los científicos hallaron que, en su etapa tropical, los sistemas suelen concentrar la lluvia fuerte cerca del centro cuando sube la temperatura. No obstante, ante mares excepcionalmente calientes, especialmente en la región del Caribe, los ciclones pueden volverse más masivos y persistentes, lo que incrementa la probabilidad de precipitaciones extremas de larga duración.

Además, el estudio evidencia que, a mayor calor, la lluvia intensa se organiza de forma más compacta alrededor del ojo del huracán. Al pasar a la fase post-tropical, esta dependencia de la temperatura se reduce debido a que otros factores climáticos predominan en la distribución del agua.

Preparación ante inundaciones en el nuevo clima

En el Caribe, los ciclones pueden adquirir mayores dimensiones y durar más tiempo, aumentando el potencial de inundaciones graves (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los hallazgos son un llamado de atención para las autoridades y las poblaciones costeras para optimizar la gestión del riesgo. Hayley Fowler, coautora del estudio y docente en la Universidad de Newcastle, expresó:

“Los ciclones tropicales están provocando daños crecientes por inundaciones extensas asociadas a lluvias extremas y persistentes, como ocurrió con el huracán Helene. Nuestro estudio muestra que este aumento en las lluvias extremas se vincula directamente al calentamiento global, derivado del uso continuado de combustibles fósiles”

.

A futuro, los expertos sugieren implementar modelos integrados que combinen la dinámica de la atmósfera con la respuesta hidrológica de las cuencas. El fin es determinar qué tormentas representan un riesgo real de inundación en tierra firme, evaluando no solo la fuerza de la lluvia, sino también su ubicación y la capacidad de absorción previa de los suelos.

Finalmente, el estudio recalca que los sistemas de predicción y monitoreo deben integrar estos descubrimientos para optimizar la planificación de infraestructuras resilientes. Las bases de datos utilizadas están respaldadas por organismos como la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) y la NASA.

Fuente: Fuente

COMPARTIR ESTA NOTICIA

Facebook
Twitter

FACEBOOK

TWITTER