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Amaranto: el grano ancestral con más proteína que la avena y la quinua

El amaranto de origen mexicano es reconocido como uno de los recursos agrícolas más valiosos para la nutrición y la identidad cultural. Gracias a su trayectoria milenaria y su robusto perfil nutricional, este grano se mantiene como un pilar fundamental en las estrategias que buscan optimizar la alimentación y enfrentar desafíos contemporáneos de salud y sostenibilidad.

Dentro del territorio mexicano, el amaranto sobresale por aportar una densidad de proteínas, minerales y vitaminas que supera notablemente a la de diversos cereales de consumo masivo. Según reportes de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural, esta semilla provee el doble de proteína que el arroz o el maíz, y posee entre un 60% y 80% más proteína en comparación con el trigo.

Aunado a esto, se destaca como una fuente vital de aminoácidos esenciales, particularmente de lisina, un componente que suele ser escaso en otros tipos de granos. Debido a estas características, la comunidad científica lo califica como una herramienta indispensable para erradicar la desnutrición y promover sistemas de agricultura sustentable.

Bondades nutricionales y el resurgimiento del amaranto

El amaranto mexicano es considerado uno de los cultivos más valiosos para la alimentación y la cultura del país. (Imagen ilustrativa Infobae)

En el año 1975, la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos otorgó a este cultivo el título de “el mejor alimento de origen vegetal para consumo humano”. Una de sus mayores virtudes es que es completamente libre de gluten, lo que permite su consumo seguro por parte de personas con celiaquía.

Su composición química incluye vitaminas A, B y C, además de minerales esenciales como hierro, calcio y fósforo. Estos elementos lo convierten en un suplemento ideal para proteger a las poblaciones más vulnerables nutricionalmente. Investigaciones actuales han ratificado que la ingesta constante de amaranto favorece la reducción del colesterol, mejora el perfil lipídico y ayuda en la prevención de patologías cardiovasculares, además de asistir en el control de la glucosa en sangre y la presión arterial.

En cuanto a su producción, se observa una clara etapa de recuperación en México: durante el 2023 se alcanzó una cifra de 5.996 toneladas. Los estados con mayor actividad productiva fueron Puebla, seguido por Morelos, Tlaxcala, Oaxaca y la Ciudad de México.

La relevancia del amaranto se fundamenta en los siguientes puntos:

  • Ofrece un suministro de proteína de alta calidad biológica.
  • Es apto para dietas especiales al carecer de gluten.
  • Fomenta la diversidad en los regímenes alimenticios saludables.
  • Posee una alta adaptabilidad a climas áridos y terrenos de poca calidad.
  • Su producción dinamiza la economía en zonas rurales y fortalece la seguridad alimentaria.

Investigación científica y respaldo institucional

El amaranto tiene mayores beneficios para la salud.

La Dra. Cristina Mapes Sánchez, encargada de la colección etnobotánica en el Jardín Botánico de la UNAM, destaca que tanto el grano como las hojas —conocidas como quintoniles— poseen concentraciones de hierro, calcio y proteína que se equiparan con las de la espinaca. Según información compartida por Ciencia UNAM, la experta afirmó: “Hemos observado que hay procesos de selección y domesticación de las hojas de amaranto para obtener mejores características”.

Por su parte, la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural ha señalado que los agricultores que operan bajo sistemas de milpa y chinampa aprovechan la resiliencia del amaranto. La institución subraya que este alimento “tiene el potencial de contribuir significativamente a la seguridad alimentaria de México y del mundo”. Asimismo, existen indicios sobre su capacidad medicinal para enfrentar infecciones, virus y afecciones neurodegenerativas.

Raíces históricas y usos gastronómicos

El amaranto es parte de la cultura gastronómica mexicana. - (Imagen Ilustrativa Infobae)

El amaranto se clasifica como un seudocereal. Sus diminutas semillas, de tamaño similar a las de mostaza, son parte esencial de la cocina tradicional, utilizándose en las famosas alegrías (dulces de semilla tostada con miel), tamales, atoles y diversos guisos con sus hojas frescas o quelites.

Datos históricos revelan que el pueblo azteca cultivaba anualmente entre 15.000 y 20.000 toneladas, empleándolo tanto en su dieta diaria como en actos rituales, antes de que su uso fuera restringido tras la colonización española. En la actualidad, su aplicación se ha extendido a la industria cosmética y de innovación alimentaria. El aceite y los extractos de amaranto son valorados por su alto contenido de escualeno y propiedades antioxidantes, utilizándose en protectores solares, cremas cutáneas y cereales enriquecidos.

Desafíos para el futuro del cultivo estratégico

Esta semilla suele combinarse con distintos postres - (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los especialistas indican que el reto más apremiante es el incremento de la producción para democratizar el acceso al producto, dado que el costo elevado del aceite de amaranto aún limita su uso masivo. Sin embargo, el respaldo científico y el fomento de su siembra posicionan a este grano como un eje central de la nutrición global.

De esta manera, el amaranto se consolida como un alimento ancestral que se adapta a las necesidades del siglo XXI, integrando la herencia tradicional con el rigor científico para alimentar al mundo de forma resiliente.

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