La película El diablo viste a la moda se ha consolidado como una de las producciones más determinantes en el universo cinematográfico del estilo. Gran parte de este éxito se atribuye a sus locaciones emblemáticas, elementos que han moldeado profundamente tanto el hilo narrativo como la estética visual del filme. Ante la confirmación de una próxima secuela, estos espacios icónicos vuelven a estar bajo los reflectores.
El despliegue geográfico de la historia se concentra principalmente en las ciudades de Nueva York y París. En la Gran Manzana, la trama se desarrolla en puntos clave como el edificio McGraw-Hill, que funciona como la sede de la editorial Runway/Elias-Clarke. Además, el recorrido visual incluye barrios como el Lower East Side y el Upper East Side, junto a diversas cafeterías, restaurantes y estaciones del metro de Nueva York. Por su parte, la capital francesa aporta el glamour de la Place de la Concorde y la Rue de la Bûcherie, escenarios vitales para el clímax emocional de los personajes.

La metrópoli de Nueva York actúa como el corazón de la cinta. Es en el Lower East Side donde conocemos los inicios de Andy Sachs, mostrando su realidad cotidiana previa a su inmersión en el exigente mundo de Runway.
El imponente edificio McGraw-Hill simboliza el núcleo del poder editorial y la intensidad laboral de la industria. En este entorno, la implacable Miranda Priestly establece las reglas del juego, mientras que el entorno urbano representa el desafío constante que la protagonista debe superar.

La evolución de la vida de Andy se narra también a través de establecimientos gastronómicos reales, como la cafetería Bubby’s y los exclusivos restaurantes Craft y Smith & Wollensky. Existe un contraste marcado entre su sencillo departamento en el Lower East Side y las lujosas residencias del Upper East Side, que simbolizan el estatus al que Andy comienza a pertenecer.
La evolución de los personajes a través del entorno
El desplazamiento de Andy por estos diversos escenarios es un reflejo directo de su crecimiento personal. Mientras el Lower East Side es su punto de origen, el Upper East Side —donde se ubica la residencia de Miranda Priestly— representa un destino lleno de sofisticación pero también de temores.

El hogar de Miranda proyecta una imagen de control absoluto y perfección, características intrínsecas de la editora y del sistema de la moda. Otros puntos estratégicos, como la estación de metro Spring Street, funcionan como marcadores geográficos del inicio de la metamorfosis de la protagonista.
Eventos sociales de alto nivel, como la gala celebrada en el American Museum of Natural History, demuestran que Andy ha logrado integrarse con éxito en el ecosistema de Runway. Finalmente, el edificio asignado para representar al New York Mirror adquiere un valor simbólico en el cierre de la película, marcando un nuevo capítulo profesional para ella.

Desafíos de producción y la magia del rodaje
La elección de estos escenarios no estuvo exenta de complicaciones logísticas. El proceso de filmación se extendió por un periodo de 57 días, realizados mayoritariamente en Nueva York. Durante este tiempo, la producción enfrentó obstáculos considerables, ya que varios restaurantes y edificios icónicos prohibieron el acceso para el rodaje, evitando ser vinculados con personalidades reales del mundo editorial.
Un dato curioso sobre la producción es que el estudio inicialmente no autorizó el rodaje en París. Solo permitieron viajar a Francia tras revisar un montaje preliminar de las escenas grabadas. Debido a esto, gran parte de las secuencias ambientadas en hoteles parisinos se grabaron realmente en interiores neoyorquinos. Las tomas exteriores en la capital de Francia se completaron en apenas dos días, recurriendo al uso de dobles de cuerpo para algunas apariciones de Miranda Priestly.

El desenlace en la Ciudad de la Luz
Para la resolución de la historia, París se convierte en el escenario de mayor sofisticación, a pesar de los trucos de producción mencionados. La Place de la Concorde es el sitio donde ocurre el acto más representativo de la independencia de Andy, cuando decide desvincularse de la influencia de Runway.
La travesía concluye en la Rue de la Bûcherie, aportando una atmósfera de reflexión y romanticismo que cierra el ciclo narrativo. Estos lugares acentúan la carga emocional y el lujo que definen el final de este clásico del cine.
Expectativas ante la nueva entrega

Tras el anuncio de la secuela, la curiosidad sobre las nuevas locaciones que albergarán las historias de Andy y Miranda ha crecido exponencialmente. Existe una gran incertidumbre sobre qué nuevas ciudades o ambientes urbanos servirán para definir esta siguiente etapa de la franquicia.
Independientemente del rumbo que tome la segunda parte, los escenarios originales se mantienen como piezas fundamentales de la obra. Su impacto visual continuará alimentando el imaginario colectivo de las generaciones que sueñan con el universo de la moda.
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