Para la cúpula teocrática que gobierna Irán, el simple hecho de haber resistido la ofensiva conjunta entre Estados Unidos e Israel representa un éxito rotundo. No obstante, en el horizonte ya se vislumbran las señales de una crisis inminente.
Aunque sus principales comandantes y el líder supremo fueron objetivos de ataques, y a pesar de que sus infraestructuras críticas —incluyendo puentes, fábricas y bases militares— terminaron en ruinas, los líderes de la nación persa sostienen que su influencia es hoy mayor que al inicio de las hostilidades. El impacto económico ha sido severo, pero la visión oficial es de fortalecimiento.
Una postura rígida en el tablero internacional
Luego de seis semanas de una agresiva operación militar liderada por Washington y Tel Aviv, y con la vigencia de una tregua temporal, el gobierno de Teherán ha optado por una postura de confrontación en lugar de la diplomacia tradicional. Sus nuevas condiciones para negociar con el gobierno estadounidense han sido calificadas como maximalistas.
«¡Buenos días a la victoria! Hoy, la historia ha pasado una nueva página. La era de Irán ha comenzado»
Esas fueron las palabras compartidas en redes sociales por Mohammad Reza Aref, primer vicepresidente de Irán, tras el anuncio del cese al fuego. Para el régimen, la supervivencia es la prueba definitiva de su capacidad para enfrentar a dos de las potencias militares más grandes del planeta, validando así la ideología de resistencia establecida desde la revolución de 1979. Todo esto ocurre mientras mantienen un control férreo sobre una población que muestra signos evidentes de descontento.
Danny Citrinowicz, quien lideró la unidad iraní de inteligencia militar en Israel, señaló que los líderes teocráticos interpretan lo ocurrido como una “victoria divina” al considerar que superaron a dos superpotencias.
El control estratégico y económico
En el ámbito diplomático, Irán se percibe con mayores herramientas de presión. Su dominio sobre el estrecho de Ormuz sigue siendo una carta fundamental para desestabilizar la economía global, dado que por esta zona transita cerca del 20% del petróleo mundial. Los reportes de inteligencia de Estados Unidos sugieren que gran parte de la armada y fuerza aérea iraní fue neutralizada, pero Teherán insiste en mantener el control de esta ruta marítima.
Sobre este punto, Hamidreza Azizi, especialista en seguridad del Instituto Alemán de Asuntos Internacionales y de Seguridad, afirmó:
«En realidad, es una ventaja mayor de lo que nunca fue el programa nuclear. Ahora están en mejor posición para negociar».
Sin embargo, la situación a inicios de enero era crítica. El gobierno enfrentaba una fuerte presión social y económica, recurriendo a una represión violenta para silenciar las protestas internas. Al mismo tiempo, sus milicias aliadas en la región estaban debilitadas por los golpes israelíes.
El costo social y el aislamiento regional
Pese a las bajas, los aliados de Irán lograron golpear a naciones del Golfo Pérsico que albergan instalaciones estadounidenses, utilizando misiles y drones. Según Karim Sadjadpour, analista de la Fundación Carnegie para la Paz Internacional, el relato ha cambiado:
«Hace dos meses, la noticia mundial era que Teherán estaba masacrando a su propio pueblo. Hoy, la noticia mundial es que Teherán resiste con éxito a Estados Unidos e Israel».
No obstante, la población civil enfrenta un panorama desolador. Ciudadanos que antes esperaban que la intervención forzara un cambio de gobierno ahora temen quedar atrapados en un país devastado y bajo un mando aún más represivo. Ali Alfoneh, del Instituto de los Estados Árabes del Golfo, prevé un aumento masivo en la migración y un aislamiento similar al de Corea del Norte.
Desafíos económicos y fragmentación interna
La reconstrucción se perfila como un reto casi inalcanzable. Industrias clave, como la producción de acero, están detenidas por los bombardeos, y el sector comercial sufre por la caída de las ventas. La pérdida de empleos amenaza con reducir drásticamente la recaudación de impuestos, complicando las finanzas públicas.
Además, las relaciones con sus vecinos árabes están prácticamente rotas. En el plano político interno, Azizi advierte que si las negociaciones fallan, los sectores más radicales podrían causar una fragmentación del sistema, ya que ellos buscaban escalar la guerra en lugar de aceptar la tregua.
Finalmente, Behnam Ben Taleblu, directivo en la Fundación para la Defensa de las Democracias, advierte que la resolución del conflicto está lejos:
«Todas las cuestiones que separaban a Estados Unidos e Irán solo se han vuelto más difíciles de resolver mediante el diálogo. Por tanto, es probable que, tarde o temprano, se produzca otra ronda de enfrentamientos».
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