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Robert Aramayo y la película sobre Tourette que apunta al Oscar

El reciente lanzamiento de la cinta Incontrolable (I Swear) ha generado un profundo diálogo social sobre el síndrome de Tourette. Este trastorno del desarrollo neurológico, que impacta aproximadamente al 1% de la población mundial, suele manifestarse inicialmente en niños de entre 5 y 10 años de edad.

La obra, encabezada por el actor Robert Aramayo, retrata la trayectoria del reconocido activista escocés John Davidson, quien además se desempeñó como coproductor del proyecto. Bajo la dirección de Kirk Jones, el filme explora la incansable lucha de Davidson por generar conciencia y erradicar la discriminación sistémica vinculada a esta condición. La producción ya ha cosechado importantes éxitos, incluyendo galardones en los premios BAFTA (Academia Británica de Cine) y los British Independent Film Awards, posicionando la actuación de Aramayo como un referente en historias basadas en hechos reales.

Mediante la interpretación de Aramayo, el largometraje visibiliza la coprolalia, un síntoma caracterizado por el impulso involuntario de emitir palabras obscenas o insultos, el cual afecta a cerca del 20% de quienes padecen el síndrome. Este rasgo particular, que se distingue de otros tics vocales y motores por su fuerte estigma social, suele derivar en situaciones de aislamiento y episodios recurrentes de exclusión en los ámbitos laboral y educativo.

Equilibrio entre la comedia y el drama

La naturaleza disruptiva de la película se establece desde su escena de apertura, donde el protagonista, debido a un tic, exclama “Fuck the Queen” justo antes de ser condecorado con la Orden del Imperio Británico. Este momento captura con precisión el carácter involuntario de los síntomas y cómo estos pueden colocar a los pacientes en situaciones sociales de alta complejidad.

La visión de Kirk Jones se enfoca en mostrar el agotamiento constante de los afectados, la presión psicológica sobre el núcleo familiar y las carencias en la investigación clínica de enfermedades neurológicas. El director buscó plasmar fielmente la vida de Davidson, combinando un enfoque humorístico con pasajes dramáticos de gran carga emocional.

La narrativa sigue el crecimiento de Davidson, desde que fue diagnosticado a los quince años hasta consolidarse como un referente del activismo en su etapa adulta. Su camino está plagado de retos, como el acoso escolar, la incomprensión de su entorno y los fallidos intentos de inserción profesional.

El guion recorre décadas de lucha por la visibilidad, un esfuerzo que la BBC ha documentado desde finales de la década de los ochenta. En el año 2019, Davidson fue distinguido con el título de MBE, un reconocimiento oficial a su labor social en el Reino Unido, resaltando su capacidad para integrarse y educar a la sociedad a pesar de las barreras impuestas por su trastorno neurológico.

Un biopic con enfoque social

Al transformar una biografía tan extensa en cine, Jones entrelaza elementos de superación y redención con una actuación de Robert Aramayo que fluctúa entre la ternura y el humor involuntario, sin ignorar el sufrimiento que conllevan los síntomas. El elenco también cuenta con Scott Ellis Watson en el papel de Davidson durante su adolescencia, etapa marcada por la aparición crítica de los tics y la falta de empatía escolar. En el plano familiar, Shirley Henderson interpreta a una madre superada por las circunstancias, mientras que el padre se refugia en su trabajo en un bar.

Imagen de 'I Swear', buen cine británico

La trama introduce a figuras clave para el desarrollo del protagonista, como Dottie Achenbach, una enfermera de salud mental interpretada por Maxine Peake, y Tommy, un trabajador social personificado por Peter Mullan. Dottie no solo brinda soporte emocional a Davidson, sino que enfrenta su propia batalla contra un cáncer terminal, añadiendo una capa de profundidad a la historia.

Estos personajes secundarios representan la importancia del apoyo comunitario. A lo largo del filme, se observa un ciclo constante de éxitos y retrocesos: cada avance de Davidson en su autonomía, como conseguir empleo o vivienda, se ve amenazado por los prejuicios sociales y las barreras estructurales que enfrentan los pacientes con Tourette.

El largometraje denuncia la falta de preparación de la sociedad para convivir con la diversidad funcional y la tendencia generalizada a criminalizar conductas involuntarias. Se muestran crudas realidades de violencia, agresiones verbales e incluso el acercamiento del protagonista a actividades al margen de la ley, las cuales se ven truncadas por la imposibilidad de reprimir sus tics verbales.

Peter Mulan, auténtico veterano del cine británico y Robert Aramayo en 'I Swear'

Un momento crucial en la narrativa ocurre cuando el joven John empieza a asistir a grupos de apoyo. Una escena emblemática muestra a dos integrantes del grupo compartiendo un viaje en automóvil; a pesar de los constantes tics verbales, logran encontrar un estado de calma mutua, resaltando el poder terapéutico de la colectividad.

En su tramo final, la película muestra a un Davidson convertido en líder social, fundando organizaciones de ayuda y ganando relevancia en los medios. El cierre integra metraje real de la ceremonia donde recibe el MBE, aunque el guion prefiere no profundizar en los detalles de su vida sentimental o privada.

Lejos del sentimentalismo tradicional

La propuesta cinematográfica evita caer en el sentimentalismo fácil, prefiriendo analizar la tensión entre el rechazo social y la autoafirmación personal. El guion plantea si la enfermedad funciona como un acceso a una honestidad brutal que desafía la hipocresía social o si simplemente deja al individuo en una posición de extrema vulnerabilidad.

Con una duración precisa, esta obra se suma a la tradición del cine británico de retratar problemas sociales desde una perspectiva humana y accesible, otorgando dignidad a grupos tradicionalmente marginados.

Robert Aramayo y Maxine Peake en 'Incontrolable (I Swear)', distribuida por Selectavision Films

Durante la promoción del filme en Madrid, Robert Aramayo confesó que la preparación del papel fue un reto mayúsculo que incluyó el trabajo con expertos en movimiento y acento, así como charlas directas con John Davidson, ya que el guion no especificaba cuándo debían ocurrir los tics.

“Ha sido lo más difícil que he hecho nunca y lo más desafiante, pero tuve mucha ayuda”

, declaró el actor.

En la reciente gala de los premios BAFTA, Aramayo se alzó con la victoria superando a estrellas como Michael B. Jordan, Leonardo DiCaprio y Timothée Chalamet. Debido a que Incontrolable (I Swear) aún no se había proyectado en salas de Estados Unidos, no participó en la pasada temporada de premios de ese país, lo que lo convierte automáticamente en uno de los grandes favoritos para la próxima edición de los Oscar.

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