Durante su fase final de retorno a la Tierra, la nave Orión, perteneciente a la emblemática misión Artemis II, se verá obligada a interrumpir todo contacto con el centro de control de la NASA durante un lapso de seis minutos. Este intervalo representa el punto de mayor peligro de toda la travesía espacial y concluirá con un amerizaje programado frente a las costas de San Diego el próximo viernes 10 de abril. El horario previsto para este suceso es a las 20:07 hora del Este (lo que equivale a las 20:07 en Ecuador, Colombia, Perú y Bolivia; 19:07 en México, Nicaragua, Costa Rica y El Salvador; 21:07 en Argentina, Brasil y Chile; y las 2:00 del sábado 11 en España).
El fenómeno del “blackout period”: el bloqueo por la burbuja de plasma
La NASA ha denominado formalmente a esta pérdida de señal como “blackout period”. Este fenómeno ocurre debido a que la intensa fricción y la compresión del aire al entrar en la atmósfera producen una “burbuja de plasma” que actúa como un escudo contra las señales de radio. Según informó el Centro de Control en su transmisión oficial:
“Segundos después de la entrada, comenzaremos un periodo de interrupción de las comunicaciones de seis minutos debido a la ionización que generará una capa de plasma alrededor de la nave espacial, lo cual impedirá que recibamos comunicaciones y datos”.
A pesar de que no es la primera vez que ocurre en la historia aeroespacial, el riesgo técnico sigue siendo elevado. Cabe recordar que el pasado lunes, la tripulación de Artemis II ya experimentó un silencio prolongado de cuarenta minutos cuando la nave voló sobre la cara oculta de la Luna; sin embargo, en ese caso, la interrupción fue causada por el bloqueo físico del satélite y no por condiciones atmosféricas.
El experimentado astronauta en retiro Barry “Butch” Wilmore, quien ha vivido tres reingresos espaciales, comentó sobre la carga psicológica de este momento: “Sabes que viene el apagón. Por eso sigues adelante con los procedimientos normales, monitoreando. No puedes dejar que la aprensión te atrape; tienes que concentrarte en tu tarea y actuar, porque si no lo haces, las consecuencias pueden ser bastante graves”.
Protocolos de seguridad y respuesta ante el silencio total
Mientras la cápsula se desplaza a velocidades que superan los 40.200 kilómetros por hora a través del plasma, el escudo térmico de la NASA será sometido a su prueba de resistencia más severa. Los tripulantes están capacitados para centrar su atención exclusivamente en los sistemas internos, preparados para intervenir ante cualquier anomalía que surja durante el descenso.
Simultáneamente, el equipo en tierra mantendrá un monitoreo pasivo a la espera de retomar la señal. Una vez que el contacto se restablezca tras los seis minutos de silencio, se procederá a confirmar el bienestar de los astronautas. En paralelo, diversas unidades de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos se encuentran ya desplegadas en el océano Pacífico para ejecutar un rescate veloz apenas ocurra el amerizaje.
Altas temperaturas y el proceso de frenado de la nave Orión
Antes de ingresar en la zona de silencio, la Orión deberá separarse de su módulo de servicio y ajustar su trayectoria para que el escudo térmico reciba de forma directa el impacto calórico. Se estima que la temperatura en el exterior del módulo de tripulación alcanzará los 2.700 grados centígrados (5.000 °F), mientras la nave viaja a más de 40.200 kilómetros por hora (24.000 mph). Estas cifras son alarmantes, pues superan por más del doble el calor del magma volcánico.
A lo largo de un descenso de 400.000 pies (unos 121 kilómetros), la aeronave reducirá su velocidad inicialmente solo por la fricción del aire. Al llegar a una altura aproximada de 6.700 metros (22.000 pies), se activará el complejo sistema de paracaídas. Este paso es vital para desacelerar la Orión hasta los 32 kilómetros por hora (20 mph) finales, garantizando un impacto suave en el agua. En total, la maniobra completa desde que toca la atmósfera hasta el mar durará cerca de trece minutos.
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