Un fenómeno impactante cruzará el cielo del Pacífico a una velocidad de 40.000 km/h: se trata de la cápsula Orión de la histórica misión Artemis II. En su interior, cuatro astronautas enfrentarán uno de los desafíos más extremos de la exploración espacial moderna.
A lo largo de seis minutos dramáticos, tanto los especialistas de la NASA en Houston como el resto de la población mundial perderán todo contacto con la tripulación. Este lapso de incomunicación absoluta representa una de las etapas de mayor riesgo en cualquier vuelo tripulado: el reingreso a la atmósfera terrestre.
Los protagonistas de esta hazaña, Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen, se encuentran listos para este momento tras haber culminado una órbita alrededor de la Luna que marcó un récord de distancia desde la Tierra. Este evento final está programado para el viernes por la noche.
Según informes de la NASA, este tramo se denomina el “período de apagón planificado de seis minutos”. El silencio radial iniciará cuando la nave Orión colisione con las capas densas de la atmósfera terrestre a una altitud de 121.920 metros (400.000 pies).
La rapidez con la que se desplaza la cápsula es tal que podría unir a Nueva York con Tokio en menos de 20 minutos. El punto de llegada establecido es el océano, frente a las costas de San Diego, California, poniendo fin a un trayecto total de 1.118.624 kilómetros (695.000 millas).
El descenso final de la misión Artemis II se ha fijado para este viernes 10 de abril de 2026 a las 20:07 horas (horario del Este de Estados Unidos). Para los espectadores en Ecuador, Colombia y Perú, la hora clave serán las 19:07, mientras que en Argentina y Brasil ocurrirá a las 21:07.
Un componente vital para la supervivencia es el escudo térmico, una estructura fabricada en titanio y protegida por 186 bloques de Avcoat con un grosor de 3,8 centímetros. La NASA ha puesto especial énfasis en esta pieza tras analizar los desprendimientos de material observados en la cápsula no tripulada de Artemis I en 2022.

Durante el reingreso, la nave soportará condiciones térmicas extremas que superan los 2.760 ℃ (5.000 ℉). Esta cifra representa más del doble del calor emitido por la lava volcánica. La fricción genera una envoltura de plasma incandescente alrededor de la cápsula, lo cual anula cualquier tipo de comunicación por radio.
Victor Glover describió esta vivencia como viajar dentro de “una bola de fuego a través de la atmósfera”, y confesó que el retorno “ha estado rondando su mente desde el día en que fue seleccionado” para la misión.
El entrenamiento para esta fase ha sido riguroso, bajo la coordinación de la NASA y la Agencia Espacial Canadiense (CSA). La tripulación ha ensayado exhaustivamente cada protocolo de seguridad y posible contingencia.

El astronauta Barry “Butch” Wilmore, quien recientemente pasó varios meses en la Estación Espacial Internacional, describió la mentalidad necesaria para este momento:
“Sabés que se acerca el apagón. Por eso, simplemente seguís adelante como en tus procesos normales, monitoreando. No hay mucho que puedas hacer”.
También recalcó la importancia del temple:
“No podés dejar que la aprensión te afecte en esos momentos. Tenés que concentrarte en tu tarea, sea cual sea, y cumplirla o las consecuencias son muy graves”.
Precisión y lucha contra el calor extremo
La secuencia técnica requiere una exactitud perfecta. Veinte minutos antes de entrar en la atmósfera, el módulo de servicio se separa de la cápsula y se destruye al contacto con el aire. Los astronautas deben orientar manualmente la Orión para que el escudo térmico reciba el impacto directo. En este punto realizan el “raise burn”, un encendido de motores final para ajustar la trayectoria.

Apenas 24 segundos después de ingresar al umbral atmosférico, las señales de radio se cortan. El centro de mando en Houston queda totalmente a ciegas, confiando plenamente en la resistencia del blindaje y los sistemas autónomos de la nave que ajustan los propulsores para mantener la estabilidad térmica.
Para esta misión, la NASA decidió aplicar un ángulo de entrada más pronunciado. El objetivo de este cambio es minimizar el tiempo de exposición a las altas temperaturas y proteger la integridad del Avcoat, basándose en las lecciones aprendidas durante la misión anterior.

Durante el descenso, la nave actúa como un proyectil incandescente. El frenado debe ser radical, pasando de 40.000 km/h a una velocidad apta para el amerizaje. A una altura de 8.077 metros, la velocidad se reduce a 523 km/h, activando la secuencia de paracaídas:
- Tres paracaídas de 2,1 metros de diámetro para la cubierta delantera.
- Dos paracaídas de frenado de 7 metros.
- Tres paracaídas principales de 35,3 metros de diámetro que pesan 140 kg cada uno.
Este sistema permite que la cápsula toque el agua a menos de 32 km/h.
Rescate y recuperación en el mar

Una vez en el océano, el operativo de rescate entra en acción con el buque USS John P. Murtha. Equipos médicos y militares utilizan helicópteros y lanchas para asistir a los astronautas, quienes saldrán por la escotilla hacia una plataforma inflable llamada “Front Porch”.
Liliana Villarreal, responsable de la recuperación, señaló:
“esperamos recuperar a la tripulación y llevarla a la sala médica en dos horas desde el amerizaje”.
Villarreal añadió que
“tuvimos una recuperación exitosa durante la misión Artemis I y confiamos en que Artemis II será igual de exitosa”.
Finalmente, la Orión será subida al USS John P. Murtha para ser trasladada por tierra hasta el Centro Espacial Kennedy en Florida, donde se realizarán las inspecciones técnicas pertinentes en un plazo no mayor a 24 horas.

El cierre de esta travesía representa un momento de máxima tensión y orgullo. Como indicó Victor Glover, los instantes previos a la reentrada son los más esperados por cualquier astronauta. Con el éxito de Artemis II, se consolida el camino para que el ser humano vuelva a pisar la superficie de la Luna en el futuro cercano.
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