Lo que anteriormente se consideraba una hipótesis improbable, hoy se ha convertido en un escenario bajo análisis: la posible retirada del ejército de los Estados Unidos de las bases militares situadas en Rota y Morón. Pese a que desde una perspectiva logística y financiera la salida parece carecer de fundamento sólido —dado que Washington ha destinado inversiones millonarias para el desarrollo y mantenimiento de estos recintos—, diversas fuentes cercanas al entorno de Donald Trump han comenzado a valorar seriamente esta posibilidad.
En el panorama político español, la presencia militar estadounidense genera fricciones constantes. Mientras que la formación Podemos reclama directamente el desmantelamiento de las bases y el abandono de la OTAN, el actual Gobierno mantiene una postura ambivalente. A finales de febrero, en el marco de las tensiones con Irán, el Ejecutivo prohibió que las fuerzas armadas norteamericanas utilizaran el territorio español para lanzar bombardeos en Oriente Medio, aunque insistió en ratificar su “compromiso” como aliado estratégico.
Por su parte, el grupo Sumar ha introducido una propuesta alternativa mediante una Proposición no de ley (PNL). Esta coalición sugiere transformar la naturaleza de la cooperación en estos puntos estratégicos, abogando por un uso estrictamente no militar. La formación ha propuesto formalmente que se “evalúe el uso de las bases militares de Rota y Morón por fuerzas extranjeras” y ha planteado la posibilidad de que dichas instalaciones se empleen para “ayuda humanitaria”. Asimismo, advierte que, al ser “clave en la estrategia militar estadounidense”, estas zonas corren el riesgo de convertirse en “objetivos en escenarios de conflicto”, por lo que apuestan por enfocarlas hacia el desarrollo tecnológico o la asistencia internacional.
Reubicación de tropas hacia el este de Europa
Según informes publicados por The Wall Street Journal, que cita a altos funcionarios de la administración, Donald Trump está evaluando la retirada de las tropas estacionadas en Rota y Morón para trasladarlas a países que se perciban como más “colaborativos”. Esta medida respondería al rechazo de España a involucrarse en hostilidades con Irán y a la falta de incremento en el gasto de Defensa. Los destinos probables para recibir a estos efectivos incluyen naciones con mayor alineamiento estratégico y presupuesto militar elevado como:
- Polonia
- Rumanía
- Lituania
- Grecia
El equipo de Trump interpreta este movimiento como una forma de “castigo” hacia aquellos socios de la OTAN que no se ajustan totalmente a sus intereses. Además de la posible clausura de bases en territorio español o Alemania, ha cobrado fuerza la alternativa de desplazar parte de la presencia militar hacia Marruecos, país que sostiene un vínculo diplomático estable y positivo con la potencia norteamericana.
El desafío logístico y los acuerdos vigentes
A pesar de los planes de reubicación, sustituir la operatividad de estas bases no es una tarea sencilla. Estados Unidos ha invertido capital ingente en la modernización de Rota, un complejo que cuenta con décadas de preparación para albergar buques de guerra de gran escala. Aunque Marruecos ha manifestado su disposición para acoger naves estadounidenses, particularmente en la base de Tánger-Alcazarseguir, las infraestructuras actuales en España ofrecen una superioridad logística innegable gracias a su posición privilegiada en el Estrecho de Gibraltar.
Finalmente, el marco legal añade otra capa de complejidad al conflicto. El acuerdo bilateral de 1988, que sirvió para actualizar los Pactos de Madrid de 1953, estipula que cualquier operación de relevancia en Rota requiere el consentimiento explícito del Gobierno español. Es precisamente esta cláusula la que ha originado los roces diplomáticos recientes. Asimismo, el personal militar estadounidense opera bajo un régimen especial que entrelaza las jurisdicciones de España, Estados Unidos y la OTAN, lo cual dificultaría burocráticamente cualquier cambio repentino de ubicación.
Fuente: Fuente