Tras cumplirse nueve meses del fallecimiento de Alan Hassenfeld, ocurrido el pasado 8 de julio de 2025 en la ciudad de Londres, las crónicas empresariales han centrado su atención en su exitosa trayectoria corporativa. Hassenfeld se desempeñó como director ejecutivo de Hasbro entre los años 1989 y 2003, siendo nieto del fundador de la compañía y una figura determinante para que marcas icónicas como Monopoly, Transformers y G.I. Joe alcanzaran una escala global sin precedentes.

No obstante, con el paso del tiempo, dicha descripción se percibe como insuficiente. La verdadera huella de Hassenfeld no se halla exclusivamente en los balances financieros de Hasbro, sino en una labor paralela que, aunque menos mediática, desafió las convenciones tradicionales de la gestión empresarial y las finanzas.
Hassenfeld asumió el liderazgo de la firma juguetera en 1989, luego del deceso de su hermano, Stephen. Aquella no era su meta personal; en reiteradas ocasiones manifestó que sus intereses estaban más ligados a los viajes, la lectura y el apoyo a causas sociales complejas. A pesar de esto, lideró durante catorce años a la segunda empresa de juguetes más importante de los Estados Unidos. En ese lapso, implementó una estrategia disruptiva para su época: utilizó el peso de la corporación para transformar la ética de toda la industria.
En este contexto, se convirtió en cofundador de lo que hoy se conoce como el Ethical Supply Chain Program. Esta iniciativa obligó a las plantas proveedoras en el continente asiático a someterse a auditorías laborales rigurosas, buscando erradicar prácticas de explotación que el sector había tolerado por décadas.

Resulta una paradoja notable que el hombre detrás de G.I. Joe, la figura de acción militar más famosa del mundo, consagrara gran parte de su existencia a erradicar la explotación infantil. Mientras Play-Doh llegaba a manos de millones de infantes en naciones desarrolladas, Hassenfeld destinó USD 2,5 millones en el año 1994 para la fundación del Hasbro Children’s Hospital en Providence, convirtiéndolo en un referente pediátrico en Rhode Island.
Posteriormente, impulsó la creación de otros centros vitales como el Hassenfeld Children’s Hospital en NYU Langone de Manhattan (vinculado a la Universidad de Nueva York) y el Hassenfeld Child Health Innovation Institute en la Brown University, este último orientado a la investigación en salud pediátrica.
Tres pilares de salud infantil
- Hasbro Children’s Hospital: Referente de atención en Rhode Island desde 1994.
- Hassenfeld Children’s Hospital: Ubicado en el corazón de Manhattan para atención de alta complejidad.
- Hassenfeld Child Health Innovation Institute: Enfocado en la innovación médica desde la Brown University.
Su meta fue siempre clara: brindar atención a aquellos menores que suelen ser ignorados por las dinámicas comerciales.
Acción social fuera de la estructura corporativa
En el año 2008, tres años después de su retiro oficial de Hasbro, fundó las Hassenfeld Family Initiatives. Esta organización nació con una misión política y social: promover la seguridad y los derechos de la niñez a nivel mundial, fomentar el empoderamiento femenino en regiones en desarrollo y optimizar los sistemas de salud y educación.
«bring sunshine where there’s darkness»
Además, lideró por más de veinticinco años la Jerusalem Foundation, una entidad enfocada en el progreso cultural y social de dicha ciudad a través de diversos proyectos en Israel. Durante toda esta etapa, mantuvo como bandera su lema personal: «traer luz allí donde hay oscuridad».

Esta filosofía de vida lo vinculó estrechamente con figuras del ámbito humanitario. Entre ellas resalta Natalia Denegri, reconocida productora y presentadora argentina radicada en Miami, quien ejerce como vocera de la Hassenfeld Family Foundation para Estados Unidos y América Latina. Ambos mantuvieron una colaboración de más de una década mediante el programa Corazones Guerreros, un espacio humanitario premiado que se estrenó en 2013 y se transmite por MegaTV.
Esta unión generó resultados tangibles. En 2017, ante la devastación causada por el huracán María, Denegri y la familia Hassenfeld organizaron una compleja operación logística aérea para transportar suministros médicos a Puerto Rico. En el vuelo de retorno, lograron evacuar a aproximadamente 300 ciudadanos estadounidenses que requerían atención médica urgente. Por esta labor, el Congreso de los Estados Unidos otorgó una distinción a Denegri, quien en 2015 ya había recibido la Llave de la Ciudad de Miami de manos del entonces alcalde Tomás Regalado.
Un vacío en la responsabilidad social empresarial
Tras nueve meses de su partida, Hasbro ya no cuenta con miembros de la familia Hassenfeld en sus órganos directivos, pues Alan abandonó la junta en 2024, poco antes de su muerte. Aunque la compañía continúa su marcha, surge la duda sobre quién podrá llenar el vacío de un líder que gestionaba misiones humanitarias de forma directa, realizaba donaciones discretas a refugiados y presionaba políticamente para lograr reformas sociales en Rhode Island.
La realidad es que su perfil es cada vez más escaso en el mundo actual, donde la filantropía suele medirse por el impacto en redes sociales. Hassenfeld prefería el involucramiento personal y el uso de su capital social en causas que no siempre eran populares, priorizando el anonimato frente a la exposición mediática.
Si bien los obituarios resaltaron los 76 años de edad y su presencia en el Fortune 500, el peso real de su vida se encuentra en las camas de los hospitales que fundó, en las normas de ética laboral que persisten en Asia y en las historias que visibilizó junto a Denegri. Nueve meses después de aquel julio, se puede concluir que el CEO ha partido, pero el filántropo permanece vigente.
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