La Universidad del Estado de Colorado ha emitido su pronóstico inicial para la temporada de huracanes del Atlántico 2026, señalando que la actividad se mantendrá por debajo de los registros históricos habituales. Según el equipo de investigadores, se anticipan un total de 13 tormentas con nombre. De este grupo, se estima que seis se conviertan en huracanes y dos alcancen la categoría de huracanes mayores, es decir, niveles 3 o superior en la escala Saffir-Simpson.
El factor determinante para este descenso en la intensidad ciclónica es el desarrollo previsto de un fenómeno de El Niño con una intensidad de moderada a fuerte. Este evento climático genera condiciones atmosféricas que inhiben el crecimiento de los sistemas en la cuenca del Atlántico.
En términos comparativos, la proyección para el 2026 sitúa la actividad en un 75 % del promedio anual registrado entre 1991 y 2020. Esta cifra contrasta significativamente con el 105 % alcanzado durante el ciclo de 2025, según los datos proporcionados por la institución académica.
Resulta llamativo que, aunque el 2025 registró tres ciclones de categoría 5 —la segunda cifra más alta en los anales del Atlántico—, fue el primer año en una década en el que ningún huracán tocó tierra en los Estados Unidos. Para el próximo ciclo de 2026, la cantidad total de tormentas (13) igualaría numéricamente a la observada el año anterior.

El rol de El Niño en la atmósfera tropical
La influencia de El Niño es el eje central de este reporte. Este fenómeno, vinculado al calentamiento anómalo de las temperaturas en el Pacífico tropical oriental y central, fortalece los vientos del oeste en las capas superiores sobre el Mar Caribe y el Atlántico tropical.
Este aumento en la cortante vertical del viento resulta
“desfavorable para la formación e intensificación de huracanes en el Atlántico”
, según precisó Phil Klotzbach, especialista principal del Departamento de Ciencias Atmosféricas de la institución.
Actualmente, el entorno meteorológico atraviesa una transición donde las condiciones de La Niña —el patrón opuesto que usualmente potencia los huracanes en el Atlántico— están desapareciendo rápidamente. Se espera que para los meses de mayor riesgo, entre agosto y octubre, El Niño ya se encuentre plenamente consolidado en una etapa moderada o fuerte, lo que limitará el desarrollo de tormentas intensas.

Modelos predictivos y riesgos de impacto en tierra
Aunque la temporada oficial abarca desde el 1 de junio hasta el 30 de noviembre, el análisis actual sugiere una reducción en las posibilidades de que estos fenómenos afecten directamente a las costas. Las proyecciones de probabilidad de impacto indican lo siguiente:
- Existe una probabilidad del 32 % de que un huracán mayor afecte a Estados Unidos, cifra inferior al 43 % del promedio histórico.
- Se estima un 35 % de probabilidad de impacto en la región del Caribe, por debajo del 47 % habitual.
Para llegar a estas conclusiones, los expertos utilizaron diversos modelos estadísticos y dinámicos, incluyendo datos del Centro Europeo de Predicción a Medio Plazo (ECMWF), la Oficina Meteorológica del Reino Unido (Met Office) y el Centro Euro-Mediterráneo sobre el Cambio Climático.
Además, destaca la incorporación del Ai2 Climate Emulator (ACE2), una herramienta de inteligencia artificial basada en proyecciones del ECMWF, que refuerza la tendencia de baja actividad para el próximo año. Klotzbach advirtió que el 2026 presenta similitudes con los años 2006, 2009, 2015 y 2023, periodos que mostraron variabilidad, lo que “resalta el alto nivel de incertidumbre que suele acompañar los pronósticos tempranos de abril”.

Antecedentes: el impacto de las temporadas 2024 y 2025
El análisis toma como referencia inmediata lo ocurrido en 2025, un año que igualó el número de tormentas con nombre pronosticadas para 2026. Sin embargo, la letalidad de los sistemas del año previo fue alta; por ejemplo, el huracán Melissa golpeó Jamaica con fuerza de categoría 5, provocando daños cercanos a los USD 9.000 millones y la muerte de 95 personas en la zona del Caribe.
En contraste, durante el año 2024 se contabilizaron 18 tormentas y 11 huracanes, con cinco impactos directos en suelo estadounidense. El huracán Helene fue el fenómeno más devastador de ese periodo, dejando un saldo de más de 200 fallecidos en el sur de dicho país.

A pesar de las proyecciones a la baja para 2026, los expertos insisten en que la población costera no debe bajar la guardia. Michael Bell, docente de la universidad y miembro del equipo de pronóstico, recordó que
“solo se necesita una tormenta cerca de su zona para considerar activa la temporada”
.
La vigilancia continuará durante los próximos meses para reflejar con mayor exactitud la evolución de los factores oceánicos. La institución tiene previsto publicar actualizaciones los días 10 de junio, 8 de julio y 5 de agosto.
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