A lo largo de las últimas décadas, la comunidad científica ha logrado identificar múltiples efectos perjudiciales del consumo de tabaco que trascienden el daño pulmonar. Entre estos hallazgos, destaca la estrecha correlación entre el hábito de fumar y un incremento notable en el riesgo de padecer demencia. No obstante, ha sido recientemente cuando una investigación exhaustiva ha revelado los mecanismos biológicos específicos que explican esta peligrosa conexión.
Un equipo de especialistas pertenecientes a la Universidad de Chicago ha detectado un proceso que esclarecería por qué el tabaquismo se vincula directamente con la demencia y otras patologías neurodegenerativas. Según los pormenores publicados en la prestigiosa revista Science Advances, la exposición constante a la nicotina provoca la liberación de exosomas desde ciertas células del pulmón. Este fenómeno termina por desestabilizar el equilibrio de hierro en las neuronas, lo que deriva en síntomas característicos del deterioro cognitivo.
El análisis determina que el contacto directo de la nicotina con las células neuroendocrinas pulmonares —las cuales representan menos del uno por ciento del total celular en los pulmones humanos— induce la expulsión de exosomas cargados de serotransferrina. Esta proteína, cuya función habitual es el transporte de hierro en el torrente sanguíneo, es liberada de forma masiva, lo que provoca una alteración en la regulación del hierro neuronal. Este proceso se transmite mediante el nervio vago, originando estrés oxidativo, disfunción mitocondrial y un incremento en la α-sinucleína, elementos críticos en el desarrollo de la neurodegeneración.
Evidencia acumulada y el impacto del tabaquismo
Diversos estudios han documentado durante años la relación entre fumar y la aparición de trastornos neurodegenerativos. Ya en el año 2011, una investigación previa determinó que aquellas personas con un consumo intenso de tabaco durante su mediana edad enfrentaban un incremento superior al 100% en las probabilidades de sufrir demencia, incluyendo el Alzheimer y la demencia vascular, tras un lapso de dos décadas. A pesar de estos datos, la menor esperanza de vida que suelen tener los fumadores ha provocado que la demencia no sea siempre el efecto más analizado del consumo de cigarrillos.
En el contexto de España, las cifras de la Sociedad Española de Neurología (SEN) indican que el Alzheimer afecta a cerca de 800.000 personas. Esta patología se posiciona como la variante de demencia más recurrente, abarcando entre el 60% y el 70% de la totalidad de los diagnósticos de esta condición en el territorio español.
Un eje de comunicación entre pulmones y cerebro
Los investigadores Kui Zhang y Abhimanyu Thakur, líderes del estudio, han propuesto la existencia de un circuito inédito que conecta directamente el pulmón con el cerebro, donde las células neuroendocrinas pulmonares (PNEC) juegan un rol central. Al interactuar con la nicotina, estas células emiten una cantidad inusual de exosomas, que son partículas vesiculadas diminutas encargadas de transportar material biológico. La alta carga de serotransferrina en estos exosomas confunde la regulación del hierro en el organismo, enviando señales erróneas hacia el sistema nervioso central por medio del nervio vago.
La profesora de la Universidad de Chicago, Joyce Chen, ha explicado las consecuencias de este hallazgo:
“la disrupción de la homeostasis del hierro provocada por este mecanismo desencadena estrés oxidativo, disfunción mitocondrial y un aumento de la expresión de α-sinucleína, todos ellos sellos característicos de las enfermedades neurodegenerativas”
Adicionalmente, los expertos han indicado que este desajuste férrico podría inducir la ferroptosis, un tipo de muerte celular programada que ha sido vinculada anteriormente con enfermedades como el Parkinson o el Alzheimer. Sin embargo, los autores de la investigación subrayan que todavía se requiere de más trabajo científico para ratificar una correlación definitiva en este aspecto particular.
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