El lapso legal de 90 días que facultaba a Delcy Rodríguez para actuar como presidenta interina de Venezuela llegó a su término el pasado viernes. No obstante, la Asamblea Nacional, bajo el control del oficialismo, no ha comunicado la realización de una votación para autorizar la extensión de su mandato, necesaria tras la captura y extradición del señalado como narcodictador Nicolás Maduro.
Esta carencia de una ratificación oficial genera un clima de profunda incertidumbre respecto a la legitimidad de su permanencia en la jefatura del Estado.
El marco legal frente a la prórroga
De acuerdo con la resolución emitida por el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) en enero, dictada tras la extradición de Maduro a los Estados Unidos, se estableció un periodo de tres meses para gestionar la ausencia del gobernante. La normativa prevé la opción de una prórroga por otros 90 días adicionales, siempre que cuente con el respaldo del parlamento. Sin embargo, no existe registro de que la Asamblea Nacional haya cumplido con este requisito legal antes de que se venciera el tiempo estipulado.
A pesar de esta situación, Delcy Rodríguez se mantiene ejerciendo la autoridad ejecutiva y encabezando las estructuras del chavismo. Debido a la falta de información pública sobre un sustento legal para su continuidad, se anticipa que el sector oficialista apele nuevamente a una interpretación jurídica favorable por parte del Tribunal Supremo, tal como ha sucedido en anteriores vacíos institucionales y crisis de sucesión.

Ausencia temporal y vacancia absoluta
La Constitución de Venezuela plantea una distinción técnica entre la ausencia de carácter temporal y la falta absoluta del presidente. En el supuesto de que se declarara una vacante definitiva, el marco constitucional obliga a la Asamblea Nacional a realizar una convocatoria para elecciones anticipadas. Hasta el momento, dicha vía no ha sido explorada por el oficialismo, que prefiere sostener el esquema actual sin modificar la conducción del país.
Desde la salida de Maduro, Rodríguez ha logrado consolidar su influencia en las altas esferas del poder. Ha impulsado una renovación de cuadros en puestos clave, ha relegado a figuras tradicionales del movimiento y ha avanzado en diálogos para la apertura del sector petrolero a la inversión privada. Este fortalecimiento ha transcurrido en paralelo con un alivio parcial de las sanciones de Estados Unidos y un reconocimiento implícito de su figura por parte de las autoridades en Washington.
El contexto de esta crisis sucesoria está definido por la captura de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, quienes permanecen detenidos en Estados Unidos bajo cargos de narcotráfico. El discurso del régimen insiste en que el arresto constituyó un
“secuestro”
, argumento que ha servido de base para que el sistema judicial venezolano justifique la instauración de una sustitución provisional en la presidencia.

Incertidumbre y dinámicas internas
La inexistencia de un paso legislativo formal para garantizar la estabilidad del cargo de Rodríguez abre interrogantes sobre la naturaleza de su mandato. Dado que el chavismo posee un historial de resoluciones judiciales emitidas para validar hechos consumados durante crisis políticas, se prevé que el Tribunal Supremo publique próximamente una sentencia que convalide la prórroga de la presidencia interina.
Al evitar una votación pública o un llamado a las urnas, el chavismo busca minimizar los conflictos entre sus diversas facciones internas. Sin embargo, este camino prolonga un estado de excepcionalidad que depende de la voluntad judicial más que de los procedimientos constitucionales ordinarios.
Con el plazo legal ya vencido y sin explicaciones claras por parte del gobierno, la administración de Rodríguez enfrenta un desafío de legitimidad. Mientras ella continúa al frente de la gestión pública, el vacío normativo expone la fragilidad de los equilibrios internos dentro del régimen venezolano.

Por ahora, el oficialismo defiende la permanencia de Rodríguez en la conducción del Ejecutivo, mientras la opinión pública y los actores políticos aguardan una decisión de la justicia o un posible anuncio sobre una eventual convocatoria electoral.
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